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Notas al dorso del espejo (II)

Notas al dorso del espejo (II)
La vejez como tema u objeto (inconciliable) de la representación

Por Grethel Morell

Retomando las anulaciones, en el escenario visual de estos tiempos irrumpen imágenes abundantes de ancianos(as) carentes. No caeré yo en el fugaz análisis sociológico que implica asomarse a la presencia, creciente, de lo menesteroso. Lo cedo a otros analistas. Cierto es que existe un aumento de sus interpretaciones. Los llamados buzos, homeless, los infortunados, los desmemoriados, las personas con discapacidades propias de la edad avanzada, la falta de cuidado y la extrema precariedad de las condiciones de vida, han vuelto a la recurrencia iconográfica que sobre el testimonio humano hoy se erige. No es algo limitado al contexto fotográfico local, solo es una muestra que se filtra silenciosa a los dominios de los estereotipos y el lugar común.

Desde cierto ángulo es comprensible. Vivimos en una sociedad envejecida y en balance progresivo, según los reportes estadísticos y la confrontación con la realidad. Hay cada vez más ancianos(as) en Cuba, en las calles, en los núcleos familiares y en soledad. “El envejecimiento demográfico es un fenómeno en sí mismo, pero a la vez es la resultante de otros procesos sociales; viene a ser la respuesta que la población da, desde el punto de vista demográfico, a sus condiciones objetivas y subjetivas de vida, y a sus expectativas futuras.”[1]

Para este país cuenta como una situación preocupante, de atención inmediata. En la actualidad, el envejecimiento poblacional de Cuba está entre los más elevados, ¨acelerados¨, de su historia.  Según datos oficiales, en 1953 los adultos mayores  representaban el 6,9 % de la población total. Se presume que para el 2025 uno de cada cuatro cubanos tendrá más de 60 años.[2] Con el porcentaje de esperanza de vida femenina superior a la masculina, pero con menor calidad de vida. Al parecer, es un asunto que se desliza también al terreno de los estudios de género, pues son (somos) ellas (nosotras) las que sostenemos el mayor peso del paso de los años.

El sometimiento a los estándares de belleza no es la única presión tácita que enfrentamos en la visualización femenina. Patrones altamente calculados por la cultura del empaque. Cargamos con otros, también enraizados, que se incorporan e incrementan con la vejez. Las responsabilidades excesivas, el ser cuidadoras eternas (primero de hijos, luego de padres, en ocasiones de esposos), los padecimientos psíquico- físicos comunes (y de mayor incidencia) al género (desgaste óseo, demencia senil, por ejemplo) son algunas de estas “naturales” imposiciones. Una pieza como Glorias de un futuro olvidado (videoinstalación, 12.40 minutos, 2016) de Adrian Melis logra de excelente modo exponer las condicionantes concretas de las ancianas solas y en quebranto de la memoria, en una sociedad que proclama  asistirlas.

Desde otro punto apreciativo, la mirada sobre el cuerpo desnudo o semidesnudo forma parte del asunto. Aparece de dos maneras básicas: la exaltación de lo asumido como habitual, bajo flexibles (alentadores) parámetros estéticos y la apología a lo decadente, con la pretensión de establecer discursos de lo absoluto. En el primero se busca destacar lo hermoso posible, ya sea por el cuidado en la composición, el apoyo formal en las capacidades técnicas de la manifestación (luces y sombras, juegos de color, principalmente) o por el enunciado conseguido/ enaltecido en el conjunto factura/concepto. En la segunda, se dinamita todo aquello que lleve al pensamiento inmediato de lo asumido como hermoso, cómodamente aceptable en la concepción social del objeto/ sujeto a fotografiar. Como si subrayara la idea del cuerpo de la vejez como territorio de conflictos más que íntimos o personales, cual campo de deliberaciones culturales, históricas, sociales. Con el cuerpo anciano de mujer en vertical desventaja.

Consuelo Castañeda, Una historia en 70 páginas, 1988. Imagen cortesía de Grethel Morell

En cualquier de los caminos escogidos para discursar, es válido creer en la intención de homenaje, con cierta promesa de reivindicación. La obra de Consuelo Castañeda Una historia en 70 páginas (1988) retrata a su mamá fragmentada en su desnudes a los 70 años y la expone en 70 impresiones. Es este un acto de ofrecimiento, de respeto al argumento, un giro a la visualidad ortodoxa manejada con exceso en la tradición artística occidental. Con un poco de mayor énfasis en la escena de la fotografía cubana hasta entonces.

Hay artistas que no lo han trabajo como serie o ensayo fotográfico, cual arista de un obrar monotemático sostenido. La presencia de la vejez ha estado implícita, asomada más bien como nota de ocasión o en obras puntuales abrigadas por otros proyectos. La fotógrafa Leysis Quesada en su ensayo Devoción (2009-2011) acoge imágenes de ancianas(os) en diferentes asilos de la ciudad, que son atendidos por monjas, algunas de las cuales también son personas de edad avanzada. Igual en su trabajo sobre el pueblo natal y en las escenas de vida urbana posee amplia retratística de la ancianidad.

Lidzie Alvisa, Juego, 2004-2006. Impresión digital, alfileres, cartón y acrílico.

Entre las piezas memorables de tono autorreferencial de la creadora Lidzie Alviza está el díptico Juego (2004), donde aparece la mano de su mamá llena de alfileres como recipiente de un accionar simbólico que comienza desde la infancia. Una mano joven, con rezagos de estos mismos alfileres, parece ofrecerle antes todo “el peso de la vida”.

En ciertas fotografías que Yanahara Mauri dedica a su abuela, se hurga en la belleza y el respeto por la vanidad propia de las damas mayores. Por un lado expone el conflicto de la pérdida de naturalezas asociadas a la feminidad y los desajustes físicos inculpados a una medicación específica para la anciana (la caída del cabello y la salida de éste en otras zonas como la barbilla), que le imponen un pesar andrógino. Por otro, parece elevar lo bello y florido, como en las imágenes Evocaciones (2012) y Señora de espalda (2014).

En general y siguiendo la franqueza (rareza) de impulsar crecimiento, las fotógrafas(os), creadoras(es) de imaginarios actuales que detienen su lente en los cuerpos envejecidos podrían expandirse a otras apreciaciones. Perecen detenerse más en lo retrocedido que en la ventura de lo que sobrevive, matizado por una ligereza de compromiso que alerta. Sugiero saltar el cerco del dolor y la nostalgia, arriesgar más en los niveles del enunciando. Jerarquizar desde la utilidad que postula lo visual. Como en aquella imagen de Jeff Wall (The giant, 1992), donde una colosal mujer de avanzada edad desnuda parece aleccionar, ante la inmensidad del saber, a los lectores indiferentes desde el descanso principal de una escalera de biblioteca.

Jeff Wall, The giant, 1992

 

[1] Chávez Negrín, Ernesto. “El envejecimiento demográfico en Cuba. Su significación estratégica”¨. TEMAS, no.89-90, enero-junio de 2017, p.108.

[2] Datos oficiales referidos por el investigador Ernesto Chávez, extraídos de la Oficina Nacional de Estadísticas, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información y el Centro de Estudios de Población y Desarrollo. Ídem,pp.104-105, 2017.

 

Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para la sección Fotografía Líquida. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
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Notas al dorso del espejo (I)

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