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Mujer al timón. Recursos prácticos para violencias cotidianas

Con Mujer al timón, de Thais Gaes, iniciamos una nueva sección para promover las voces de las mujeres que sufren expresiones de maltrato sexista.

Cuéntame + de violencias cotidianas

Con este espacio queremos contribuir a visibilizar, tipificar y sensibilizar acerca de estas formas de violencia cotidiana que sufren las mujeres en diversos ámbitos (por ejemplo, espacios sociales, universitarios, artísticos, familiar, en su relaciones de pareja…). En otras palabras, que estés alerta frente a estas maniobras sutiles (expresiones de control) por parte de los varones, que por lo general suelen estar invisibilizadas. También te ofreceremos recursos prácticos para el cambio.

¿A qué nos referimos con violencias cotidianas?

Según D. Luis Bonino, se refiere a la “multiplicidad de prácticas que los varones realizan en lo cotidiano y que sin ser muy notables, violentan y minan, insidiosa y reiteradamente la autonomía, la dignidad y el equilibrio psíquico de las mujeres.”

Tú también puedes ayudar a denunciar estas prácticas sexistas, que son manifestaciones cotidianas de la violencia de género. Compartiendo tu microhistoria con la comunidad de Circuito (máximo 1 cuartilla), la que puedes enviar a esta dirección reglabarrios@infomed.sld.cu.

 

thais-carroMujer al timón

Por: Thais Gaes

 

 

Recuerdo cuando empecé las clases teóricas en la Escuela de Automovilismo, un día el instructor que nos asignaron nos dictaba una lista de prohibiciones para los conductores mientras manejan. Decía el profesor: “prohibido tener conversaciones que distraigan la atención del conductor de la vía”. En ese punto, él se detuvo para ilustrarnos a los alumnos con el siguiente ejemplo:

“Ustedes saben que a veces las mujeres cuando van con los maridos en el carro- él dio por sentado que siempre el marido maneja y la mujer está a su lado – empiezan a descargarles*: que si hace falta comprar tal cosa para la casa, que si necesito dinero para lo otro, que si no tengo no sé qué, y así le dan una muela**… y eso desconcentra a cualquier conductor”, concluyó.

Una estudiante enseguida le refutó, por si a él se le olvidaba o nunca lo había presenciado, que los choferes de autos particulares de alquiler -boteros, como se les conoce popularmente en la capital- y también de ómnibus, en muchísimas ocasiones eran quienes iniciaban una conversación, o más bien un interrogatorio con las pasajeras durante el trayecto de su ruta.

Un policía no haría tantas preguntas como las que le he escuchado a los boteros habaneros: ¿cómo te llamas?, ¿estudias o trabajas?, ¿qué edad tienes?, ¿estás casada? ¿tienes novio, marido, hijos? ¿vives o trabajas cerca de donde te bajas? ¿por qué no me das tu número para dar una vuelta un día? O apunta el mío ¿cómo nos podemos volver a ver? ¿eres de aquí de La Habana?, etc…

Esa clase sería la primera muestra de un largo historial de violencia vial. Lo peor comienza cuando apruebas el examen práctico y obtienes la licencia de conducción. Ya eres conductora profesional y sales a manejar sola, sin ningún profesor o chofer(a) experimentado(a) sentado(a) a tu lado para guiarte. Ahí es cuando se inicia la batalla campal: la lucha feminista sobre ruedas y motor.

Los choferes, principalmente de ómnibus, boteros y camioneros, se creen con más derecho sobre la vía que el resto de los conductores. Si eres mujer, tu derecho vial está en una escala incluso por debajo de ese resto. A la violencia verbal sufrida como peatón o peatona le sumas la violencia en el tránsito. En cuanto un conductor advierte a una mujer al timón, lo mismo te dicen “que aprendas a manejar”, a “que le devuelvas la licencia al policía que te la regaló”, o “que le digas a tu marido que no te preste más el carro”, o “a tu papá que no te deje el auto porque se lo vas a chocar”. Como si una no pudiera ser la propietaria del auto, como si fueran ellos los únicos con derecho a ser dueños de un medio de transporte.

Conversando sobre este tema con un amigo que maneja desde hace décadas, este me dijo un día que tenía amigas que llevaban años manejando y todavía se sentían inseguras con su propio carro. Les daba miedo ir por 5ta Avenida, por ejemplo, una vía rápida del municipio Playa, porque tenían que mantener una velocidad sostenida mayor de 60km/h. Eso para ellas implicaba mucha tensión y era difícil, por eso preferían manejar por avenidas alternativas.

Realmente no entiendo cuál es la tensión. Para mí es más fácil ir rápido a una velocidad sostenida, que conducir por entre calles en las que tengo que estar frenando y sorteando baches todo el tiempo, pero en fin.., cada quien con sus cosas. También me decía mi amigo, siguiendo con la línea de sus argumentos machistas, que las mujeres conductoras eran más inseguras a la hora de tomar decisiones, y los hombres, por el contrario, actuaban más rápido en esos instantes cruciales.

Hasta este minuto desconozco si algún instrumento o estadística respalda semejante aseveración. Que numéricamente haya más hombres que se tomen menos tiempo para reaccionar responde a un motivo proporcional que contabiliza más conductores que conductoras en el país. Por tal razón, los hombres con o sin licencia que conducen sufren más accidentes que sus pares femeninas. De esto último sí se registran estadísticas, que por cierto, ascienden cada año lamentablemente.

Tal vez me arriesgo a abordar el tema desde mi subjetividad. Empero estoy convencida de que si las mujeres respetan más la Ley del Tránsito y/o cometen menos infracciones tiene que ver con la misma educación que han recibido indistintamente niños y niñas, sin importar que hayan sido procreados por los mismos progenitores y educados en un hogar común. Como a las niñas se les enseña que tienen que ser obedientes y recatadas; y a los niños arrojados y valientes, de ahí que la educación familiar, escolar, social, etc… predetermine cada decisión y actitud de nuestras vidas inevitablemente.

Las mujeres tienden a ser más prudentes porque la sumisión es un requisito prácticamente sine qua non para una mujer decente y de su casa, según los tabués de una sociedad patriarcal y heteronormativa. Razón de sobra para ser más propensas al sometimiento de normas y hombres, y de paso a que las violenten.

Un día mientras una amiga esperaba a que el semáforo cambiara para luz verde, pasa un individuo y le impele desde la acera: ¿pero a las niñas las dejan manejar ahora? Si mi amiga hubiera sido una niña a la sazón, no le hubieran dado la licencia, para empezar. Ella era mayor de edad desde hace años, y había pasado los exámenes pertinentes para obtenerla como exige la ley.

Mas, suponiendo que manejara sin licencia, si hubiese sido un varón y no una muchacha, porque es una mujer joven -parece que para colmo aquel sujeto tenía problemas de visión y con todo se atrevió a cuestionarla-, estoy convencida de que ni una palabra hubiese salido de su boca, o al menos se lo hubiera pensado seriamente para dirigirse en esa forma a un hombre por muy joven o niño que pareciera.

Para ir cerrando el asunto, lo último es que varios conocidos me han dejado saber que cuando vaya a manejar les avise, para no salir a la calle y evitar ser víctimas o testigos de un accidente provocado por mí. Si por casualidad alguno de estos susodichos se queda botado, se les poncha una goma (neumático), se les apaga el carro, se les gasta la batería porque olvidaron apagar la reproductora o las luces, … cualquier fallo que a un hombre se le perdona, pero en una mujer conductora es un pecado capital, porque a ellos no les sucede casi nunca o rara vez, pero a nosotras como somos mujeres nos tiene que pasar; si por ironía de la vida, algunos de mis conocidos se ve en una situación como las anteriores y estoy cerca para socorrerlos, imagino que no les quedará más remedio que aceptar mi ayuda, el auxilio de una conductora novel, una niña al timón; entonces sí, es mejor para ellos que se guarden en sus casas.

 

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Magela-Romero-Almodovar

 

Recursos prácticos para violencias cotidianas
Con la colaboración de Magela Romero

 

  • Ninguna ley cubana prohíbe que las mujeres obtengan licencia de conducción
  • Explica a tus familiares y seres cercanos que las mujeres tienen tanta necesidad de una licencia de conducción como los hombres
  • Las hijas al igual que los hijos, merecen que entre los entrenamientos tempranos que se ofrecen en la familia esté la conducción, asimismo ellas tienen que tenerse presente a la hora de concebir testamentos y herencias relacionadas con vehículos familiares
  • Si matriculas un curso de automovilismo y eres víctima de chistes, burlas, críticas machistas que se sustenten en presupuestos como “las mujeres son muy malas choferes”, debes saber que son solo mitos, y que los índices de accidentalidad de mujeres choferes son mucho más bajos que los de los hombres; esto responde no solo a que manejan menos, sino a que son más precavidas y respetan más las leyes del tránsito

1 comentario

  1. mileyda

    gracias por el testimonio y los consejos. ¿se imaginan lo que pasa una mujer en bici en esta habana? no una muchachita de casco y montañesa, sino toda una señora que viaja de regla al palacio de las convenciones lista para cubrir un evento… !de película!

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