Entradas correspondientes a la etiqueta 'Fotografía'

Notas al dorso del espejo (II)

Notas al dorso del espejo (II)
La vejez como tema u objeto (inconciliable) de la representación

Por Grethel Morell

Retomando las anulaciones, en el escenario visual de estos tiempos irrumpen imágenes abundantes de ancianos(as) carentes. No caeré yo en el fugaz análisis sociológico que implica asomarse a la presencia, creciente, de lo menesteroso. Lo cedo a otros analistas. Cierto es que existe un aumento de sus interpretaciones. Los llamados buzos, homeless, los infortunados, los desmemoriados, las personas con discapacidades propias de la edad avanzada, la falta de cuidado y la extrema precariedad de las condiciones de vida, han vuelto a la recurrencia iconográfica que sobre el testimonio humano hoy se erige. No es algo limitado al contexto fotográfico local, solo es una muestra que se filtra silenciosa a los dominios de los estereotipos y el lugar común.

Desde cierto ángulo es comprensible. Vivimos en una sociedad envejecida y en balance progresivo, según los reportes estadísticos y la confrontación con la realidad. Hay cada vez más ancianos(as) en Cuba, en las calles, en los núcleos familiares y en soledad. “El envejecimiento demográfico es un fenómeno en sí mismo, pero a la vez es la resultante de otros procesos sociales; viene a ser la respuesta que la población da, desde el punto de vista demográfico, a sus condiciones objetivas y subjetivas de vida, y a sus expectativas futuras.”[1]

Para este país cuenta como una situación preocupante, de atención inmediata. En la actualidad, el envejecimiento poblacional de Cuba está entre los más elevados, ¨acelerados¨, de su historia.  Según datos oficiales, en 1953 los adultos mayores  representaban el 6,9 % de la población total. Se presume que para el 2025 uno de cada cuatro cubanos tendrá más de 60 años.[2] Con el porcentaje de esperanza de vida femenina superior a la masculina, pero con menor calidad de vida. Al parecer, es un asunto que se desliza también al terreno de los estudios de género, pues son (somos) ellas (nosotras) las que sostenemos el mayor peso del paso de los años.

El sometimiento a los estándares de belleza no es la única presión tácita que enfrentamos en la visualización femenina. Patrones altamente calculados por la cultura del empaque. Cargamos con otros, también enraizados, que se incorporan e incrementan con la vejez. Las responsabilidades excesivas, el ser cuidadoras eternas (primero de hijos, luego de padres, en ocasiones de esposos), los padecimientos psíquico- físicos comunes (y de mayor incidencia) al género (desgaste óseo, demencia senil, por ejemplo) son algunas de estas “naturales” imposiciones. Una pieza como Glorias de un futuro olvidado (videoinstalación, 12.40 minutos, 2016) de Adrian Melis logra de excelente modo exponer las condicionantes concretas de las ancianas solas y en quebranto de la memoria, en una sociedad que proclama  asistirlas.

Desde otro punto apreciativo, la mirada sobre el cuerpo desnudo o semidesnudo forma parte del asunto. Aparece de dos maneras básicas: la exaltación de lo asumido como habitual, bajo flexibles (alentadores) parámetros estéticos y la apología a lo decadente, con la pretensión de establecer discursos de lo absoluto. En el primero se busca destacar lo hermoso posible, ya sea por el cuidado en la composición, el apoyo formal en las capacidades técnicas de la manifestación (luces y sombras, juegos de color, principalmente) o por el enunciado conseguido/ enaltecido en el conjunto factura/concepto. En la segunda, se dinamita todo aquello que lleve al pensamiento inmediato de lo asumido como hermoso, cómodamente aceptable en la concepción social del objeto/ sujeto a fotografiar. Como si subrayara la idea del cuerpo de la vejez como territorio de conflictos más que íntimos o personales, cual campo de deliberaciones culturales, históricas, sociales. Con el cuerpo anciano de mujer en vertical desventaja.

Consuelo Castañeda, Una historia en 70 páginas, 1988. Imagen cortesía de Grethel Morell

En cualquier de los caminos escogidos para discursar, es válido creer en la intención de homenaje, con cierta promesa de reivindicación. La obra de Consuelo Castañeda Una historia en 70 páginas (1988) retrata a su mamá fragmentada en su desnudes a los 70 años y la expone en 70 impresiones. Es este un acto de ofrecimiento, de respeto al argumento, un giro a la visualidad ortodoxa manejada con exceso en la tradición artística occidental. Con un poco de mayor énfasis en la escena de la fotografía cubana hasta entonces.

Hay artistas que no lo han trabajo como serie o ensayo fotográfico, cual arista de un obrar monotemático sostenido. La presencia de la vejez ha estado implícita, asomada más bien como nota de ocasión o en obras puntuales abrigadas por otros proyectos. La fotógrafa Leysis Quesada en su ensayo Devoción (2009-2011) acoge imágenes de ancianas(os) en diferentes asilos de la ciudad, que son atendidos por monjas, algunas de las cuales también son personas de edad avanzada. Igual en su trabajo sobre el pueblo natal y en las escenas de vida urbana posee amplia retratística de la ancianidad.

Lidzie Alvisa, Juego, 2004-2006. Impresión digital, alfileres, cartón y acrílico.

Entre las piezas memorables de tono autorreferencial de la creadora Lidzie Alviza está el díptico Juego (2004), donde aparece la mano de su mamá llena de alfileres como recipiente de un accionar simbólico que comienza desde la infancia. Una mano joven, con rezagos de estos mismos alfileres, parece ofrecerle antes todo “el peso de la vida”.

En ciertas fotografías que Yanahara Mauri dedica a su abuela, se hurga en la belleza y el respeto por la vanidad propia de las damas mayores. Por un lado expone el conflicto de la pérdida de naturalezas asociadas a la feminidad y los desajustes físicos inculpados a una medicación específica para la anciana (la caída del cabello y la salida de éste en otras zonas como la barbilla), que le imponen un pesar andrógino. Por otro, parece elevar lo bello y florido, como en las imágenes Evocaciones (2012) y Señora de espalda (2014).

En general y siguiendo la franqueza (rareza) de impulsar crecimiento, las fotógrafas(os), creadoras(es) de imaginarios actuales que detienen su lente en los cuerpos envejecidos podrían expandirse a otras apreciaciones. Perecen detenerse más en lo retrocedido que en la ventura de lo que sobrevive, matizado por una ligereza de compromiso que alerta. Sugiero saltar el cerco del dolor y la nostalgia, arriesgar más en los niveles del enunciando. Jerarquizar desde la utilidad que postula lo visual. Como en aquella imagen de Jeff Wall (The giant, 1992), donde una colosal mujer de avanzada edad desnuda parece aleccionar, ante la inmensidad del saber, a los lectores indiferentes desde el descanso principal de una escalera de biblioteca.

Jeff Wall, The giant, 1992

 

[1] Chávez Negrín, Ernesto. “El envejecimiento demográfico en Cuba. Su significación estratégica”¨. TEMAS, no.89-90, enero-junio de 2017, p.108.

[2] Datos oficiales referidos por el investigador Ernesto Chávez, extraídos de la Oficina Nacional de Estadísticas, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información y el Centro de Estudios de Población y Desarrollo. Ídem,pp.104-105, 2017.

 

Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para la sección Fotografía Líquida. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imagénes sus autorxs

 

Notas al dorso del espejo (I)

+ textos de Grethel

Notas al dorso del espejo (I)

Notas al dorso del espejo (I)
La vejez como tema u objeto (inconciliable) de la representación

Por Grethel Morell

 

Para cada individuo la vejez comporta una degradación que él teme.

Simone de Beauvoir

Leysis Quesada, Sor Sara, 2009.

Para modelar el curso de la ancianidad en la creación fotográfica cubana contemporánea es de fecundo carácter transitar a giros el imaginario. Recorrido para marcar en lo favorable de un asunto muchas veces dejado al margen, aislado detrás de la página.

Es este un acercamiento que no se limita al repaso del retrato o el testimonio del envejecimiento. La mera existencia de rostros de ancianos(as) en la esfera representacional de un(a) artista, no lo convierte necesariamente en zona temática de su trabajo. Profuso documentalismo persiste donde afloran estos modelos de retratos, lo cual no transforma de inmediato el supuesto autoral en camino autónomo de la expresión. Algo que va más allá de ser asumido como línea principal o “apunte” ocasional de una serie o discurso artístico.

Cuando el observador de la imagen, construida o espontánea, simulada o atrapada en la fidelidad a lo real, se centra en la vejez, en el deterioro análogo a la senectud, el apocamiento físico de las personas, con el basamento de un concepto clarificado en sus estrategias, entonces es que la obra forma parte de este círculo de representación temática.

Varios lenguajes emergen cuando se trata de ofrecer órdenes al tema: el retrato absoluto, bajo permisibilidad o no del sujeto, con mirada directa o gesto espontáneo ante la cámara; el desnudo (femenino y controversial); el fotodocumentalismo o la imagen capturada en la calle, entre acciones y circunstancias cotidianas. Dentro de ellos, predominan enfoques a un sector de lateralidad social, donde se encuentran ancianos(as) que viven al límite, personas de vida errante, de completa carestía; miradas agudas al declive físico, mental, moral y a la soledad, tópico reinante.

Se ausenta discreta de la escena fotográfica general, entre maniobras de lenguaje y concepto, la elegancia de lo sugerido, cierta dosis de hidalguía, briznas de lirismo, en gran parte de las propuestas. Retratos de sutil tono y fuerza enunciativa, como aquella serie Veteranos (1969, también conocida como Centenarios) de Iván Cañas sobre los últimos ancianos sobrevivientes de la gesta anticolonialista finisecular, fotografiados en sosegada pose ante el palacete que les brindaba asilo.

Raul Cañibano, de la serie Ocaso, 2012.

Arien Chang, Candelaria 100 años, de la serie Longevidad, 2009 – en progreso.

Entre las series más completas e implicadas en la fotografía contemporánea, se anotan Ocaso (comenzada en el 2012, aún en proceso) de Raúl Cañibano y Longevidad (2009 – en proceso) de Arien Chang. En la primera, este creador ya legendario registra con hondura ambientes determinados por protagonistas absortos en su condición, inmersos en sus estados: ancianidad y proximidad a la muerte. Una mirada que procura centrarse en lo positivo, según advierte el propio autor, a pesar de ingentes limitantes sociodemográficas.

Raul Cañibano, de la serie Ocaso, 2012.

Con la exquisitez acostumbrada de la composición, donde el trato consentido del objetivo con los diferentes planos de lecturas es un sello autoral, este fotógrafo atraviesa la vejez como una derivación de fundados argumentos. Un país envejecido y su falta de eficaces estructuras para sumirlo, actúa como impulso para esta serie, que articula su historia desde la experiencia personal hasta la observación implicada del visitante. Retratos a la vida cotidiana de su madre, quien sufre los desgastes propios de la pérdida de memoria y la salud, la interacción con los asilos (hogares de ancianos, aún insuficientes) e imágenes tomadas a familias y personas de paso en contextos rurales y urbanos a través de gran parte de Cuba, integran el corpus estético de Ocaso.

Raul Cañibano, de la serie Ocaso, 2012 – en progreso.

Raul Cañibano, de la serie Ocaso, 2012 – en progreso.

Por su parte, la propuesta de Chang se centra en la fotografía directa de ancianas(os) que han logrado sobrepasar los 100 años de vida. Personas que el autor ha buscado retratar en sus espacios íntimos, en ambientes de introspectiva afinidad, en lugares privados y en exteriores. Al avanzar la serie, la narrativa se ha movido hacia lo subjetivo, capturando pertenencias u objetos alegóricos a los centenarios.

Longevidad parte del premio de la Beca de Creación otorgada por la Fototeca de Cuba en su primera edición (2009), con la propuesta en película blanco y negro de 35 mm, que más tarde se ensancha con la imagen digital a color, por exigencias técnicas en primera instancia y luego por necesidades de estilo (imperiosas lecturas del color en las escenas). La idea inicial era longevos encontrados en toda la Isla, al crecer implica a personajes del mundo. Un proceso enriquecido por el trabajo de campo:

Cuando empecé a investigar no tenía idea clara de lo que encontraría, me llamó la atención la cantidad de personas mayores de 100 años en Cuba, cerca de 1500, algo paradójico en un país del tercer mundo. Con mayor cantidad en las zonas rurales y sobre todo mujeres.

Arien Chang. Conversación con el autor

Al mismo tiempo, en la mordaz serie Divas (2014 – en proceso) Chang otorga suficiente atención a mujeres de edad avanzada, que desde la divergencia de la “belleza”¨, el revertimiento de aquellos patrones estéticos esperados, dialogan con el entorno muchas veces cáustico, determinante, opresivo en la manera de solucionar vestuarios, maquillajes, proyección exterior, peregrinaje sombrío y colorido a la vez. Algo que va más allá de cómo verse a sí mismas en las calles de la ciudad o en el recogimiento de los espacios habitacionales. Mujeres desprovistas de artificios (y de clásicos atributos de divinas) surcando una realidad social que parece no incomodarse con las figuras “extrañas” que alberga.

 

Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para la sección Fotografía Líquida. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imagénes sus autorxs

 

En la segunda parte de este texto podrás conocer las fotógrafas cubanas que han trabajado el tema del envejecimiento.

Feminista… a mi manera

¿Por qué llamarse feminista es como una letra escarlata para algunas directoras de cine, guionistas; gestoras, productoras, artistas mujeres…?

¿Por qué temerle al feminismo y a declararse como tal públicamente?

Lee la  #Microhistoria de Thais.

Imagen: AmecoPress

Feminista… a mi manera

Por Thais Gaes

Cada vez que escucho a una mujer reconocida en su campo profesional negar enfáticamente que es feminista, me pregunto si tendrá noción de qué es el feminismo. Pongamos, por ejemplo una realizadora audiovisual, fotógrafa o una gestora.

Resulta grato escuchar sus historias de vida, sobre todo cuando señalan que se sienten plenas como mujeres en sus respectivas carreras. Celebro con orgullo sus éxitos en terrenos dominados exclusivamente por hombres, como lo es el cine, la fotografía y la gestión artística. Sin embargo, esa alegría pronto empieza a desvanecerse cuando acto seguido las mentadas aclaran, para que no quepa margen a dudas, que ellas no son feministas ni tienen nada en contra de los hombres.

Las feministas no somos enemigas de los hombres -aclaro que hay hombres feministas-. No nos creemos superiores ni inferiores. Tampoco somos iguales por obvias razones biológicas, además de culturales, sociales, entre otras.

El feminismo aboga por la igualdad entre los géneros, empero esto no significa que todxs tenemos que ser iguales, sino que podamos disfrutar de los mismos derechos indistintamente de nuestro sexo, género, identidad de género, orientación sexual.

Tampoco ser feminista te convierte en buena o mala persona. Los valores y principios de cada quien responden a otras causas, determinadas en primera instancia por la educación –crianza, instrucción, formación, familia, escuela, amigxs, trabajo, barrio, etc.

Me pregunto de dónde proviene tanto resquemor ¿Por qué temerle al feminismo y a declararse como tal públicamente?

El asunto se vuelve aún más candente en las propias paradojas de estas mujeres mencionadas al inicio, todavía más si son emprendedoras. He escuchado a varias narrar en detalle -incluso he sido testigo- cuánto sacrificio y esfuerzo les ha costado granjearse apoyos y gestionar recursos para sus proyectos. No obstante, son incapaces de reconocer que si están ahí es porque han tenido que luchar también contra incontables obstáculos debido al hecho de ser y asumirse como mujeres.

Algunas administran y/o lideran sus emprendimientos a cuenta y riesgo de sus bolsillos, abriéndose paso a duras penas entre trabas puestas expresamente a ellas. Todo eso sin dejar a un lado muchas la doble jornada laboral: profesional y doméstica. Otras intentan reducir inequidades en sus equipos de trabajo propiciando la paridad entre hombres y mujeres. Tratan de que exista la mayor equidad posible en cuanto al acceso de oportunidades educativas y profesionales para sus colegas.

Magineras en la Casa de las Américas. Asociación de Mujeres Comunicadoras, Magín Cuba. Imagen: IPS

Danae Diéguez, fundadora del proyecto Mirar desde la sospecha. Panel ¿Las mujeres filman diferente a los hombres?, Uneac, 2011. Imagen: IPS

La cineasta y feminista Marilyn Solaya dialoga sobre su filme Vestido de Novia. Seminario Luc Chessex en Cuba: miradas de género, organizado por C. Líquido

En público comparten su admiración hacia otras mujeres que les precedieron e inspiraron en sus vidas. Fueron sus profesoras, tutoras, sus paradigmas. En consonancia y continuidad con ese legado, ellas mismas son un ejemplo para sus sucesorxs.

Aun así llamarse feminista es como una letra escarlata* de la que rehúyen a toda costa, como si con ello cargaran con un peso de vergüenza sobre sus hombros. Ignoran que si hoy tienen derecho al voto, es porque un grupo de sufragistas mujeres lucharon en el pasado para poder elegir a quienes las representarían en el gobierno y en el parlamento. Ningún hombre tomó esa iniciativa.

Hasta donde la Historia nos recuerda: el divorcio, el aborto, la patria potestad de los hijos, la custodia, la titularidad de una propiedad, de una cuenta en el banco, ocupar cargos ejecutivos, etc… fueron batallas campales de años y siglos hasta que se convirtieron en derechos amparados y regulados jurídicamente. Nadie los regaló, tuvieron que lucharlos las mujeres.

Cada logro fue una contienda en sí mismo. Costaron vidas, humillaciones, cárcel, vejaciones, pérdidas, desalojos, juicios, violaciones.  El precio fue tan alto y el costo tan sangrante que lo menos que se puede hacer es defender esos derechos y protegerlos.

Lamentablemente se tiende a olvidar a esas mujeres que lucharon por lo que tenemos hoy. Se omite lo que hicieron en el pasado y el lugar que les corresponde como referentes en el presente. Es el legado trunco que hemos heredado y recibirán a su vez las generaciones futuras como sigamos negándonos a nosotras mismas, un relato cargado de prejuicios y rezagos misóginos.

La Historia de la Humanidad -que no la del hombre, como predomina en la bibliografía universal- es masculina porque ha sido contada mayormente por esta representación poblacional. Hay más héroes que heroínas porque a ellos les interesa legitimar a sus congéneres, ponerlos de valientes guerreros mientras que a las mujeres las colocan de sirvientas o enfermeras, de esposas o hijas, de amantes, putas o brujas, o son objetos de inspiración de las obras.

Hasta la religión los privilegia. A ellas por el contrario su sino les depara pecados y desgracias como a Lilith, Eva, Dalila, Maria Magdalena, Carmen, Juana de Arco, etc…

 

Imagen: AmecoPress

No olvidar que en este minuto en varios países de América Latina se penaliza a las mujeres por interrumpir el embarazo. Se les condena a años de cárcel incluso si el aborto es involuntario. En esos casos el código penal es implacable. Sin embargo, al momento de solicitar la licencia de cuidado postnatal las leyes son laxas para dirimir el tiempo que le correspondería a cada progenitor equitativamente, en aras de que ambos puedan disfrutar de su maternidad y paternidad por igual.

El acceso a oportunidades profesionales dista a más kilómetros de nosotras que de ellos. Nos restriegan las cifras de directivas, pero seguimos estrellándonos contra el techo de cristal. Nadie dice que buena parte de esas mujeres implantan estilos de dirección masculinizados porque temen que no se les respete. Se construyen por consiguiente un personaje basado en el arquetipo falocéntrico de macho varón.

Portada ebook. Editado por Cubaposible

Intervención de la Dra. Norma Vasallo, Presidenta Cádetra de la Mujer UH en el Panel Mujeres en el cine organizado por la Casa del Festival de Cine de La Habana como antesala al Laboratorio Escritura audiovisual para mujeres guionistas organizado por C. Líquido

 

 

 

 

 

 

 

 

Me consta en carne propia que es difícil romper con siglos de enseñanza heteronormativa. Que nos lo digan a nosotrxs que lo sufrimos a diario batiéndonos con oponentes, aunque cabría decir opositorxs, de todo laya, y a veces entre nosotrxs mismxs.

 

Anna Serner. Imagen: Marie-ThérèseKarlberg, Instituto del Cine de Suecia, El diario.es

Hace unos meses asistí al panel Mujeres en el cine en la Casa del Festival, en La Habana. La mesa estuvo conformada por mujeres de varios perfiles: dirección, dirección de arte, guion, actuación, producción. Cuando se abordó el tema de las inequidades, una de ellas ilustró la situación positiva de las cineastas en Suecia dada las facilidades que tienen para la producción de sus metrajes, concluyendo que: “las suecas tienen suerte de poder hacer sus películas”.

Como bien dice una sabia amiga: las suecas no tienen suerte, tienen políticas audiovisuales. No debemos confundir suerte con derechos ni con legislaciones.

¿Por qué tienen que sentirse privilegiadas por dedicarse a una carrera en la que a sus pares masculinos no les ponen trabas por ser hombres? Encima de todos los obstáculos con los que tienen que lidiar: financieros, jurídicos, logísticos, políticos, existenciales…también tienen que enfrentar el sexismo.

Conozco a varias realizadoras que a pesar de afirmar rotundamente no ser feministas, – una sola de las participantes en el panel lo era, por cierto- curiosamente sus historias fílmicas tratan más de mujeres subversivas que tradicionales.

Nadie les quita razón porque detesten “las etiquetas, tampoco les gusta que le pongan calificativos de género a su obra. Pero por favor, limítense a hablar de feminismo como si fuera un crimen, una palabra sacrílega, tanto más si ignoran su significado.

El feminismo ha ganado derechos que por siglos fueron restringidos. Ha ofrecido -continúa haciéndolo- alternativas, caminos, sueños y esperanzas que antaño fueron vedados para una parte importante de la población mundial. En este instante, mientras escribo, se investigan las causas de un presunto feminicidio de Leydi Laura García Lugo, de 21 años en Villa Clara. Mientras estamos a la espera de una ley que tipifique la violencia de género en el país, continuamos soportando el acoso callejero. Aprendí de feministas que no tengo que responder ningún piropo, no tengo que darle gracias a ningún acosador que se cree que me está elogiando.

Meme feminista

Defiendo el feminismo porque es mi elección de vida. Lo hago a mi manera como todos los que creen y luchan por sus convicciones. No se me ocurriría presionar a nadie para que sea algo porque entiendo que esa decisión debe partir de la propia persona.

Pero ya va siendo hora de empezar a reeducarnos, desaprender y aprender. Que es un proceso de crecimiento e interiorización no exento de turbulencias, lo es, más necesario para lograr un pensamiento pluridiverso e inclusivo que igualmente es feminista.

 

Activa tu red y comparte esta #MicrohistoriaMujeres  #CircuitoLíquido

 

Magela-Romero-Almodovar

 

Recursos Prácticos para violencias cotidianas

Con la colaboración de Magela Romero

  • No etiquetes sobre la base del desconocimiento. Estudia sobre Feminismo, de modo que puedas comprender la importancia histórica de este movimiento político e ideología en el establecimiento de sociedades más justas.
  • Consulta datos relativos a la participación de las mujeres en la industria cinematográfica y descubre a través de estos, la poca participación y protagonismo que aún tienen las mujeres en campos como el guion, la dirección, la producción o juntas directivas, a pesar de la feminización de los estudios relacionados con el audiovisual.

 

*La letra escarlata, novela del escritor estadounidense Nathaniel Hawthorne. Su protagonista, una joven madre soltera, fue condenada a vivir en la periferia de la localidad donde residía; además de ser castigada a llevar de por vida una letra A escarlata en su pecho como símbolo y recuerdo de su pecado, por el cual sufrió escarnio.
Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para la sección #MicrohistoriaMujeres. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imagénes sus autorxs

 

 

“Ser feminista no es solo cosa de mujeres”. Descarga PDF y disfruta la lectura de Todos deberíamos ser feministas, de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi; un texto con el que conectarás desde la primera línea

 

 

+ #MicrohistoriasMujeres  

 

Me planto. El cerco sobre el aborto

 

Mujer al timón

 

 

Mis años felices

 

Fotografía cubana. Nuevos cuerpos. Tutorías. Curaduría

cronicas-corporales-poster

De nuestras Tutorías Curaduría a la realización de la exposición.

La joven curadora Yenny Hernández realizará este año, con el apoyo de la Real Embajada de Noruega en Cuba, su proyecto expositivo Crónicas corporales. Yenny presentó este proyecto en la 2ª. edición de nuestras Tutorías Curaduría/2015.

Cuando la profesionalidad y la perseverancia se unen los buenos resultados son posibles.

Desde Circuito Líquido deseamos a Yenny toda la felicidad y éxito del mundo!!!!!

Felicítala tú también 🙂

Mira el proyecto de Yenny aquí.

Compártelo con un clic