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Duetos en la historia y la escritura. Gertrudis y Emilia

Duetos en la historia y la escritura: Gertrudis y Emilia

Por Zaida Capote Cruz

 

Escritoras las dos, una fue romántica; la otra, realista. Suele comparárseles porque intentaron, ambas infructuosamente, entrar en la Real Academia de la Lengua Española. Gertrudis Gómez de Avellaneda en 1853, Emilia Pardo Bazán casi cuatro décadas más tarde. Una había nacido en Puerto Príncipe, Cuba. La otra en tierra gallega. Ninguna se aferró a su país natal. Fueron mujeres cosmopolitas y viajaron en la realidad y la imaginación. Hicieron de la escritura un oficio, alimentando una vocación pública no siempre entendida rectamente.

Debieron enfrentar, y lo hicieron con elegancia, juicios misóginos, incapaces de reconocer y aplaudir el alcance de sus capacidades creativas. Sin embargo, ambas gozaron de respeto y admiración, impresionaron a lectores y colegas. Lograron realizar obras expresivas, potentes, cuya contundencia nos lega un ejemplo de consagración a la escritura y a la defensa de la dignidad de la mujer que bien merece imitarse. A ambas se les reprochó emular a los hombres, desoír los mandatos de la tradición y desobedecer lo que dictaba la costumbre.

Ejercieron el periodismo, fundaron revistas, compitieron con sus contemporáneos al producir obras de una altura magnífica, y cada una a su tiempo defendió con denuedo el derecho de las mujeres a ocupar espacios hasta entonces reservados solo a sus semejantes del sexo masculino.

Gertrudis Gómez de Avellaneda, en su Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello (1860), se dedicó a forjar una “Galería de mujeres célebres”, el panteón amable de imágenes admirables donde sus coetáneas pudieran reconocerse y forjar un ideal. Una especie de linaje del genio femenino que reunía a Safo o Victoria Colonna con Santa Teresa. De igual modo, su ensayo “La mujer” expone su capacidad de sentimiento, carácter, acción política y para la creación artística y literaria.

Emilia Pardo Bazán, quien reconocía en la cubana a una de sus más insignes predecesoras, fundó en 1892 La Biblioteca de la Mujer y no paró mientes en denunciar los obstáculos a la educación de la mujer, aquellas “pobres y ciegas víctimas” que la cubana había equiparado al esclavo en Sab (1841), su novela más conocida.

A menudo, sin embargo, se las opone. Como si no bastara la similitud de su genio, su ejecutoria pública, su ambición intelectual, se niega a Avellaneda la calidad de autora feminista porque —se dice— aún no era término corriente en el español de su época, y a menudo se justifica tal aseveración trayendo a colación el feminismo indiscutible de Pardo Bazán, para negarle a aquella lo que se concede a esta.

Pero, a no dudar, ambas fueron mujeres ejemplares no solo como profesionales de la pluma, sino como interventoras lúcidas en la reflexión pública sobre el lugar de la mujer en la sociedad. Un lugar que cada una a su modo reformó y contribuyó a ampliar, incluso con su ejemplo.

Baste citar, a propósito de la Academia, la opinión de la cubana acerca de cómo era preciso tener barbas para hacerse un sitio en esa corporación. Para integrarla se reconocía a sí misma con plenos derechos, los cuales ejercitó intentándolo con su enorme capacidad de atraerse aliados y defender una posición que sabía ganada ya por su intelecto. Lo mismo Emilia, quien se reconocía defensora del derecho legal de las mujeres a ocupar uno de esos sillones “mientras haya Academias en el mundo”. Puede que fueran altaneras, pues se burlaban de la pretensiosa idea de conceder al hombre, solo por el hecho de serlo, esa mayor potencia intelectual, que “con poca modestia”, al decir de Avellaneda, se habían adjudicado ellos mismos.

Pardo Bazán dedicó un ensayo a analizar la situación de La mujer española (1890) e introdujo en España las reflexiones de John Stuart Mill acerca de la sujeción femenina.

A propósito de su fallido intento de entrar en la Academia, se acusa a Avellaneda de intrigar, cuando no hizo más que ejercer prácticas de relación más que comunes en su tiempo. Su insistencia en conseguir aliados y valedores para aquella gestión demostró un excelente conocimiento del campo cultural en el cual debió ejercer su profesión. Su imponente seguridad en sí misma y afán de independencia intelectual no la mostraba precisamente como un dechado de feminidad (de una feminidad adocenada que nunca fue la suya) y por eso la acusaron de todo, es cierto, pero también la admiraron y la declararon su igual notables autores con los que compartía tertulias y honores, casi siempre franca e impetuosa.

En 1889, habiendo sido propuesta Pardo Bazán para ocupar una vacante, se publicaron a manera de advertencia y recordatorio ejemplarizante las cartas relativas a la solicitud de Avellaneda. Un comentario titulado “Las mujeres en la Academia” equiparaba a las autoras, rememoraba el fracaso de Tula y preveía el de Emilia; entonces reaccionó esta con entereza. No contaban sus detractores con que eligiera, para defenderse, honrar a quien había corrido antes su misma suerte, estableciendo un curso histórico que las hace a ambas parte de una tradición si no del todo oculta, sí menospreciada. Le escribió una carta abierta a Tula para compartir sus impresiones sobre tan clara injusticia.

Frente a quienes las acusan de ambiciosas, otorga a Avellaneda, más bien, el título de modesta, por confiar en la opinión de los demás académicos que la apoyaron, y aprovecha para sumar a Santa Teresa, a quien, de haberse visto en semejante situación, le hubieran también cerrado el acceso. Al declararse “aspirante perpetuo”, Pardo Bazán da fe de su convicción de cuánto tiempo habría de pasar antes de que una mujer fuera aceptada como académica, identificando así la crítica misógina como simple prejuicio, sin asidero real en la calidad de la obra de las autoras desairadas.

Detalle del retrato que Joaquín Sorolla hizo a la escritora en 1913 para la Hispanic Society. Imagen El Cultural.

Insistió en refrendar un derecho que les era usurpado, y ella misma fue propuesta en varias ocasiones. También propuso a su admirada coterránea Concepción Arenal —postulante de la figura deseada en La mujer del porvenir (1868)— aunque sin éxito, claro está. Activa en la vida pública, devota de Émile Zola, Pardo Bazán dedicó un ensayo a analizar la situación de La mujer española (1890) e introdujo en España las reflexiones de John Stuart Mill acerca de la sujeción femenina.

Avellaneda nació en 1814 y murió en 1873, y Pardo Bazán vivió entre 1851 y 1921. Las dos se refugiaron en la religión al final de su vida, no muy larga pero sumamente provechosa. La dedicación de ambas a la literatura resulta ejemplar, sobre todo porque nunca cejaron frente sus detractores; se impusieron, a pesar de todo, a fuerza de talento. Hubo quien las llamó hombres, pero no lo eran; fueron mujeres geniales, dedicadas, ambiciosas, insistentes, invencibles, aun en sus derrotas. La prueba es la supervivencia de sus escritos y el reconocimiento del lugar que ocupan en nuestro propio panteón de mujeres ilustres, ejemplares.

 

Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para Textos del Circuito. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
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+ de Zaida: Duetos en la historia y la escritura. María Teresa y Ofelia

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Duetos en la historia y la escritura. María Teresa y Ofelia

Duetos en la historia y la escritura: María Teresa y Ofelia

Por Zaida Capote Cruz

 

Dos novelistas levantaron su voz contra la guerra, pelearon incansables y relataron luego sus experiencias en la batalla. María Teresa León y Ofelia Rodríguez Acosta coinciden en atender, cada una a su modo, las urgencias de su tiempo.

En La Habana, a fines de la década del 20, los estudiantes asumieron la defensa de la dignidad popular. En sus protestas contra el gobierno de Gerardo Machado, tomaron las calles y pusieron sus mártires. El asesinato de Rafael Trejo en 1930 detonó amplias protestas y encauzó la resistencia. Ofelia Rodríguez Acosta, detenida en alguna ocasión por conspirar contra el gobierno, relató los avatares de la lucha antimachadista en Sonata interrumpida, una novela publicada en México en 1943. Las movilizaciones, las reuniones clandestinas, los desmanes de la porra machadista que intentaba aterrorizar a los revolucionarios, todo se cuenta en esa novela. Allí aparecen algunas mujeres violentadas por los partidarios de la dictadura: un policía deja ciega a Olga de un mazazo que le rompe los espejuelos; una porrista le rasga la cara a Luisa dejándole una cicatriz que a partir de entonces la joven revolucionaria llamará “mi condecoración”.

Otra obra de Rodríguez Acosta desnuda la insensatez de la guerra, y entiende el vínculo sanguíneo entre los oprimidos de cualquier parte. En la noche del mundo, publicada por Manuel Altolaguirre y Concha Méndez en La Verónica en 1940, es un texto expresionista casi, centrado en la denuncia de la guerra como razón del capital. Era el símbolo de los tiempos, cuando se disputaba el destino de la humanidad en cada corazón comprometido. Escrita en los duros años del ascenso del fascismo y la derrota de la España republicana, la prosa descoyuntada de esta novela trasmite la desazón frente al revés sufrido por los mejores ideales humanos.

Pero volvamos a la lucha antimachadista. Una crónica de Pablo de la Torriente Brau no muy conocida (yo debo su lectura a Ricardo Hernández Otero), relata los preámbulos organizativos, primero, y luego la peregrinación de un grupo de mujeres al cuartel militar más importante de La Habana para pedir el cese de la represión. Pablo había estado en la manifestación que resultó en la muerte de Rafael Trejo;también llegó herido al hospital donde los médicos intentaron salvarle la vida al estudiante mártir. Las primeras en ofrecer una guardia de honor al cadáver de Trejo fueron las mujeres, ellas entraron al cementerio llevando en andas el ataúd. El cronista identifica a Ofelia Domínguez Navarro, Flora Díaz Parrado y Ofelia Rodríguez Acosta. La muerte de Trejo quedó grabada en la piel de cada combatiente, y varias mujeres, reunidas luego en casa de Loló de la Torriente, decidieron, en público de desagravio, organizar un homenaje.

Cuando María Teresa León llegó a La Habana con su esposo, Rafael Alberti, era abril de 1935 y aun duraba la resaca de la revolución antimachadista; el golpe contra el Gobierno de los Cien Días había extremado el enfrentamiento revolucionario y en mayo de ese año caerían Antonio Guiteras y Carlos Aponte en el Morrillo. Quizás no intuyera ella cuánto de aquella situación podría marcar su experiencia posterior, durante los años de la Guerra Civil española.

Organizadora del Congreso de Valencia en 1937, fundadora de las Guerrillas del Teatro para difundir las ideas antifascistas a través de un arte de agitación urgente, salvadora de los tesoros del Museo del Prado, María Teresa León llevó a la letra de su novela Contra viento y marea, de 1941, las vivencias arrasadoras de aquellos años al servicio de la causa republicana.

También en 1937 Ofelia había ofrecido en París el testimonio de su paso por la España de preguerra en la que mencionó el profundo vínculo entre luchadores de ambos países, cuando “muchos de los nuestros vierten la siembra de sus vidas sobre el terreno del combate, grano a grano, gota a gota, con los hijos del suelo español”. Pablo, comisario político del Quinto Regimiento caído en Majadahonda, fue uno de ellos. También fue el modelo del “hombre oscuro”, proveniente de una “pequeña patria rodeada de azul”, cuyo destino Contra viento y marea sigue por un buen tramo.

Su escritura da fe de cuánto se emplearon en la defensa de sus convicciones y en el trabajo de un arte militante, comprometido, que las llevó a coincidir en la distancia.

Durante toda la primera parte, sin embargo, la acción transcurre de este lado del Atlántico. La novela relata la experiencia cubana, también rememorada en sus Memorias de la melancolía (1970). Guajiros empobrecidos, negros discriminados, intelectuales presos —Juan Marinello y Regino Pedroso, entre los redactores de la revista Masas, condenados por “propaganda sediciosa”— y una voluntad de lucha que encuentra en cada esquina el oído atento de esa cronista solidaria venida de ultramar. Y la Cárcel de Guanabacoa, donde iban a dar las presas políticas, y su labor allí, en aquel sitio al que llegaron a visitarlas María Teresa y Rafael en 1935.

Aunque pretende evitar hablar de política, dice, Contra viento y marea es una novela política de cabo a rabo. Hasta al hablar de las relaciones íntimas entre hombres y mujeres asume la visión de unos tiempos nuevos, cuando también en lo privado deben cambiar las cosas, como bien saben Ana María, enfundada en su mono azul, o las cubanas presas en Guanabacoa. De Cuba lo pone todo: la situación política, los abusos cotidianos, la dependencia económica de los Estados Unidos, el entierro de Mella, la marcha de las maestras, y el colofón de siempre, la prisión. Su esfuerzo literario gana el lenguaje y hay tánganas y ñeque para celebrar el contagio de ese otro mundo. Por ahí se emparienta con la novela de Rodríguez Acosta.

Ellas lucharon sus propias batallas y sintieron como propias las batallas ajenas, las relataron o reseñaron. La defensa de su idea de justicia nunca fue una cuestión individual, se sintieron ciudadanas del mundo y parte de una humanidad comprometida con alcanzar el promisorio futuro donde el fascismo y las dictaduras no fueran más que un mal recuerdo. Militaron del lado de los más, por la paz y la vida. Su escritura da fe de cuánto se emplearon en la defensa de sus convicciones y en el trabajo de un arte militante, comprometido, que las llevó a coincidir en la distancia.

 

Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para Textos del Circuito. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
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Feminista… a mi manera

¿Por qué llamarse feminista es como una letra escarlata para algunas directoras de cine, guionistas; gestoras, productoras, artistas mujeres…?

¿Por qué temerle al feminismo y a declararse como tal públicamente?

Lee la  #Microhistoria de Thais.

Imagen: AmecoPress

Feminista… a mi manera

Por Thais Gaes

Cada vez que escucho a una mujer reconocida en su campo profesional negar enfáticamente que es feminista, me pregunto si tendrá noción de qué es el feminismo. Pongamos, por ejemplo una realizadora audiovisual, fotógrafa o una gestora.

Resulta grato escuchar sus historias de vida, sobre todo cuando señalan que se sienten plenas como mujeres en sus respectivas carreras. Celebro con orgullo sus éxitos en terrenos dominados exclusivamente por hombres, como lo es el cine, la fotografía y la gestión artística. Sin embargo, esa alegría pronto empieza a desvanecerse cuando acto seguido las mentadas aclaran, para que no quepa margen a dudas, que ellas no son feministas ni tienen nada en contra de los hombres.

Las feministas no somos enemigas de los hombres -aclaro que hay hombres feministas-. No nos creemos superiores ni inferiores. Tampoco somos iguales por obvias razones biológicas, además de culturales, sociales, entre otras.

El feminismo aboga por la igualdad entre los géneros, empero esto no significa que todxs tenemos que ser iguales, sino que podamos disfrutar de los mismos derechos indistintamente de nuestro sexo, género, identidad de género, orientación sexual.

Tampoco ser feminista te convierte en buena o mala persona. Los valores y principios de cada quien responden a otras causas, determinadas en primera instancia por la educación –crianza, instrucción, formación, familia, escuela, amigxs, trabajo, barrio, etc.

Me pregunto de dónde proviene tanto resquemor ¿Por qué temerle al feminismo y a declararse como tal públicamente?

El asunto se vuelve aún más candente en las propias paradojas de estas mujeres mencionadas al inicio, todavía más si son emprendedoras. He escuchado a varias narrar en detalle -incluso he sido testigo- cuánto sacrificio y esfuerzo les ha costado granjearse apoyos y gestionar recursos para sus proyectos. No obstante, son incapaces de reconocer que si están ahí es porque han tenido que luchar también contra incontables obstáculos debido al hecho de ser y asumirse como mujeres.

Algunas administran y/o lideran sus emprendimientos a cuenta y riesgo de sus bolsillos, abriéndose paso a duras penas entre trabas puestas expresamente a ellas. Todo eso sin dejar a un lado muchas la doble jornada laboral: profesional y doméstica. Otras intentan reducir inequidades en sus equipos de trabajo propiciando la paridad entre hombres y mujeres. Tratan de que exista la mayor equidad posible en cuanto al acceso de oportunidades educativas y profesionales para sus colegas.

Magineras en la Casa de las Américas. Asociación de Mujeres Comunicadoras, Magín Cuba. Imagen: IPS

Danae Diéguez, fundadora del proyecto Mirar desde la sospecha. Panel ¿Las mujeres filman diferente a los hombres?, Uneac, 2011. Imagen: IPS

La cineasta y feminista Marilyn Solaya dialoga sobre su filme Vestido de Novia. Seminario Luc Chessex en Cuba: miradas de género, organizado por C. Líquido

En público comparten su admiración hacia otras mujeres que les precedieron e inspiraron en sus vidas. Fueron sus profesoras, tutoras, sus paradigmas. En consonancia y continuidad con ese legado, ellas mismas son un ejemplo para sus sucesorxs.

Aun así llamarse feminista es como una letra escarlata* de la que rehúyen a toda costa, como si con ello cargaran con un peso de vergüenza sobre sus hombros. Ignoran que si hoy tienen derecho al voto, es porque un grupo de sufragistas mujeres lucharon en el pasado para poder elegir a quienes las representarían en el gobierno y en el parlamento. Ningún hombre tomó esa iniciativa.

Hasta donde la Historia nos recuerda: el divorcio, el aborto, la patria potestad de los hijos, la custodia, la titularidad de una propiedad, de una cuenta en el banco, ocupar cargos ejecutivos, etc… fueron batallas campales de años y siglos hasta que se convirtieron en derechos amparados y regulados jurídicamente. Nadie los regaló, tuvieron que lucharlos las mujeres.

Cada logro fue una contienda en sí mismo. Costaron vidas, humillaciones, cárcel, vejaciones, pérdidas, desalojos, juicios, violaciones.  El precio fue tan alto y el costo tan sangrante que lo menos que se puede hacer es defender esos derechos y protegerlos.

Lamentablemente se tiende a olvidar a esas mujeres que lucharon por lo que tenemos hoy. Se omite lo que hicieron en el pasado y el lugar que les corresponde como referentes en el presente. Es el legado trunco que hemos heredado y recibirán a su vez las generaciones futuras como sigamos negándonos a nosotras mismas, un relato cargado de prejuicios y rezagos misóginos.

La Historia de la Humanidad -que no la del hombre, como predomina en la bibliografía universal- es masculina porque ha sido contada mayormente por esta representación poblacional. Hay más héroes que heroínas porque a ellos les interesa legitimar a sus congéneres, ponerlos de valientes guerreros mientras que a las mujeres las colocan de sirvientas o enfermeras, de esposas o hijas, de amantes, putas o brujas, o son objetos de inspiración de las obras.

Hasta la religión los privilegia. A ellas por el contrario su sino les depara pecados y desgracias como a Lilith, Eva, Dalila, Maria Magdalena, Carmen, Juana de Arco, etc…

 

Imagen: AmecoPress

No olvidar que en este minuto en varios países de América Latina se penaliza a las mujeres por interrumpir el embarazo. Se les condena a años de cárcel incluso si el aborto es involuntario. En esos casos el código penal es implacable. Sin embargo, al momento de solicitar la licencia de cuidado postnatal las leyes son laxas para dirimir el tiempo que le correspondería a cada progenitor equitativamente, en aras de que ambos puedan disfrutar de su maternidad y paternidad por igual.

El acceso a oportunidades profesionales dista a más kilómetros de nosotras que de ellos. Nos restriegan las cifras de directivas, pero seguimos estrellándonos contra el techo de cristal. Nadie dice que buena parte de esas mujeres implantan estilos de dirección masculinizados porque temen que no se les respete. Se construyen por consiguiente un personaje basado en el arquetipo falocéntrico de macho varón.

Portada ebook. Editado por Cubaposible

Intervención de la Dra. Norma Vasallo, Presidenta Cádetra de la Mujer UH en el Panel Mujeres en el cine organizado por la Casa del Festival de Cine de La Habana como antesala al Laboratorio Escritura audiovisual para mujeres guionistas organizado por C. Líquido

 

 

 

 

 

 

 

 

Me consta en carne propia que es difícil romper con siglos de enseñanza heteronormativa. Que nos lo digan a nosotrxs que lo sufrimos a diario batiéndonos con oponentes, aunque cabría decir opositorxs, de todo laya, y a veces entre nosotrxs mismxs.

 

Anna Serner. Imagen: Marie-ThérèseKarlberg, Instituto del Cine de Suecia, El diario.es

Hace unos meses asistí al panel Mujeres en el cine en la Casa del Festival, en La Habana. La mesa estuvo conformada por mujeres de varios perfiles: dirección, dirección de arte, guion, actuación, producción. Cuando se abordó el tema de las inequidades, una de ellas ilustró la situación positiva de las cineastas en Suecia dada las facilidades que tienen para la producción de sus metrajes, concluyendo que: “las suecas tienen suerte de poder hacer sus películas”.

Como bien dice una sabia amiga: las suecas no tienen suerte, tienen políticas audiovisuales. No debemos confundir suerte con derechos ni con legislaciones.

¿Por qué tienen que sentirse privilegiadas por dedicarse a una carrera en la que a sus pares masculinos no les ponen trabas por ser hombres? Encima de todos los obstáculos con los que tienen que lidiar: financieros, jurídicos, logísticos, políticos, existenciales…también tienen que enfrentar el sexismo.

Conozco a varias realizadoras que a pesar de afirmar rotundamente no ser feministas, – una sola de las participantes en el panel lo era, por cierto- curiosamente sus historias fílmicas tratan más de mujeres subversivas que tradicionales.

Nadie les quita razón porque detesten “las etiquetas, tampoco les gusta que le pongan calificativos de género a su obra. Pero por favor, limítense a hablar de feminismo como si fuera un crimen, una palabra sacrílega, tanto más si ignoran su significado.

El feminismo ha ganado derechos que por siglos fueron restringidos. Ha ofrecido -continúa haciéndolo- alternativas, caminos, sueños y esperanzas que antaño fueron vedados para una parte importante de la población mundial. En este instante, mientras escribo, se investigan las causas de un presunto feminicidio de Leydi Laura García Lugo, de 21 años en Villa Clara. Mientras estamos a la espera de una ley que tipifique la violencia de género en el país, continuamos soportando el acoso callejero. Aprendí de feministas que no tengo que responder ningún piropo, no tengo que darle gracias a ningún acosador que se cree que me está elogiando.

Meme feminista

Defiendo el feminismo porque es mi elección de vida. Lo hago a mi manera como todos los que creen y luchan por sus convicciones. No se me ocurriría presionar a nadie para que sea algo porque entiendo que esa decisión debe partir de la propia persona.

Pero ya va siendo hora de empezar a reeducarnos, desaprender y aprender. Que es un proceso de crecimiento e interiorización no exento de turbulencias, lo es, más necesario para lograr un pensamiento pluridiverso e inclusivo que igualmente es feminista.

 

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Magela-Romero-Almodovar

 

Recursos Prácticos para violencias cotidianas

Con la colaboración de Magela Romero

  • No etiquetes sobre la base del desconocimiento. Estudia sobre Feminismo, de modo que puedas comprender la importancia histórica de este movimiento político e ideología en el establecimiento de sociedades más justas.
  • Consulta datos relativos a la participación de las mujeres en la industria cinematográfica y descubre a través de estos, la poca participación y protagonismo que aún tienen las mujeres en campos como el guion, la dirección, la producción o juntas directivas, a pesar de la feminización de los estudios relacionados con el audiovisual.

 

*La letra escarlata, novela del escritor estadounidense Nathaniel Hawthorne. Su protagonista, una joven madre soltera, fue condenada a vivir en la periferia de la localidad donde residía; además de ser castigada a llevar de por vida una letra A escarlata en su pecho como símbolo y recuerdo de su pecado, por el cual sufrió escarnio.
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“Ser feminista no es solo cosa de mujeres”. Descarga PDF y disfruta la lectura de Todos deberíamos ser feministas, de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi; un texto con el que conectarás desde la primera línea

 

 

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Me planto. El cerco sobre el aborto

 

Mujer al timón

 

 

Mis años felices

 

Charlamos en FCOM: Gestión cultural relatos posibles

El 14 de noviembre estuvimos en la FCOM. La invitación fue de la profe Marta Triana para impartir una charla a estudiantes de primer año de Periodismo: Gestión artística y cultural relato(s) posible(s) en la que abordamos la evolución de la promoción y la gestión artística-cultural; hablamos de gestión artística feminista y el perfil de las y los periodistas-gestores.

Sin dudas, este tipo de encuentros nos da la posibilidad de dialogar sobre temas que nos apasionan y contribuyen a construir comunidades artísticas.

Si te gusta lo que hacemos, invítanos a charlar sobre gestión artística-cultural, gestión artística feminista

 

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Me planto. El cerco sobre el aborto

Me planto. El cerco sobre el aborto

Por Thais Gaes

El aborto, practicado en Cuba desde antes de 1959 y establecido como derecho legal y asistido dentro de los servicios médicos gratuitos a partir de 1965, podría empezar a verse cercado por el insólito auge de grupos religiosos fundamentalistas en un estado laico.

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Marta de la C Pérez, Planificación Familiar, foto concursante 2ª. edición Premio Fotografía Feminista

“Si en los albores del siglo XXI, la Revista de la Modern Language Association of America (MLA) invitaba a reflexionar sobre el estado de la teoría feminista, debe ser porque hay un problema” [1]. Corría el año 2006, apenas comenzaba el tercer milenio, cuando la publicación norteamericana convocó a este llamado. Doce años han transcurridos y las noticias no son nada halagüeñas para los movimientos feministas en el mundo. El asunto, desde entonces, se ha duplicado, como mínimo, no digamos ya para las feministas, sino para las mujeres todas. Por otro lado, “el problema” ha estado transformándose en “los problemas”.

Recientemente el senado argentino rechazó la aprobación de la Ley de aborto en ese país. Por estrecho margen, aunque suficiente para dejar a la nación más poblada del continente con una ley que data de 1921 referente a la interrupción del embarazo.

La concepción no deseada es ahora mismo un tema candente  tanto en las calles como en las agendas políticas de varios países de América Latina. En Brasil y Chile grupos conservadores están presionando para que retorne la penalización del aborto sin importar motivos. No fue hasta el pasado año, luego de campales y prolongadas batallas, que se aprobó en Chile por tres causales.

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Una mujer que lleva un pañuelo con un útero bordado participa en una marcha a favor de un proyecto de ley respaldado por la presidenta Michelle Bachelet, para legalizar abortos solamente en tres situaciones específicas. Crédito Esteban Felix/Associated Press

Me llama fastidiosamente la atención los grupos denominados Pro vida. No es por la vida de las mujeres gestantes que elevan sus clamores. Se indignan porque una mujer desee interrumpir un embarazo no deseado, sin embargo, sus conciencias permanecen tranquilas a sabiendas de que muchas mujeres tienen que someterse a abortos inseguros, clandestinos, lo mismo en pésimas condiciones de sanidad que practicados por personas no facultadas para ello.

A tal punto soslayan la existencia de derechos sexuales y reproductivos: decisión libre, consciente y voluntaria de las parejas y/o mujeres para determinar número de hijos y espaciamiento entre ellos; planificación familiar que no se circunscribe solo a las mujeres. El derecho a informarse, el acceso a servicios médicos gratuitos, a usar anticonceptivos. El compromiso global de gobiernos y sus respectivas carteras gubernamentales de garantizar la disponibilidad de métodos anticonceptivos. De igual modo, proveer una educación sexual responsable mediante programas, campañas, planes de enseñanza, etc… a nivel nacional.

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Protestas a favor y en contra de la despenalización del aborto en Argentina. Credito Damián Dopacio/Agence France-Presse — Getty Images

Las argentinas exigen el derecho al aborto legal y seguro. Empero los Pro vidas obvian el hecho de que estos embarazos puedan ser producto de una violación, de engaños; los riesgos que pueden entrañar para la vida de la madre o el feto, malformaciones congénitas, daños biológicos, psicológicos, afectivos.

El 8% de las muertes maternas a nivel mundial se deben a abortos inseguros.

Al menos 22 800 mujeres mueren cada año debido a complicaciones durante estos procederes.

Mucha gente dirá que, qué me importa a mí esto, si en Cuba es legal y asistido desde el siglo pasado por el Ministerio de Salud Pública. Resulta que en las últimas semanas el matrimonio igualitario, y ahora el aborto, levantan ronchas. El conflicto sale a relucir en medio de una coyuntura única que vive la nación en estos meses: la discusión del proyecto de Constitución de la República de Cuba, que entrará en vigor en 2019.

Lo del matrimonio igualitario molesta sobremanera, y ni siquiera está en la carta magna vigente. Espero, como muchos cubanos y cubanas, lo incorporen al proyecto de constitución que empezó a discutirse por estos días. Continuar ignorándolo sería aferrarse a la era de piedra.

La unión conyugal de parejas no heterosexuales es una conquista aún por alcanzar, en cambio, el aborto en Cuba no es ninguna novedad. Desde 1936 se despenalizó bajo determinadas circunstancias, y a partir de 1965  se realiza en centros hospitalarios por personal facultado para ello, con las debidas condiciones higiénicas sanitarias.

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Cartel difundido por grupos religiosos

Si semanas atrás emergió un conflicto en las redes sociales debido a la propalación de una carta infausta y un cartel aparecido en varios lugares públicos que apelaba a la “familia original”, opuestos a familias no heteronormativas y con ello al reconocimiento de los deberes y derechos que les correspondería como núcleos reconocidos constitucionalmente; si hubo que hacerle frente al fundamentalismo de algunos grupos religiosos, compartiendo y pegando a su vez un cartel con el diseño de distintos tipos de familias, es porque lo que dábamos por sentado no es infalible ni de lejos. Erramos al minimizar a estos grupos, pasándolos por alto e ignorando la influencia que creíamos no tenían. Nada más lejos de la realidad.

El aborto, y en su momento el matrimonio igualitario, no es y no serán logros exclusivos de un colectivo, no son para la Revolución, son para las generaciones presentes y futuras, son nuestros y sus derechos individuales, familiares, civiles, sociales. Nos competen a todxs los ciudadanxs por igual.

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Tomado del perfil de Facebook del diseñador cubano Roberto Ramos Mori

Ante ciertos hechos y temas que para mí son intocables, y el aborto es uno de ellos, no puedo ni quiero permanecer inerte. La concepción tiene lugar entre dos, pero la crianza de la descendencia muchas veces involucra a otros miembros de la familia, los que cuentan con ella, claro. El costo espiritual y material está muy lejos de ser barato, peor si eres madre o padre solterx.

La historia ha demostrado que las conquistas no siempre son perdurables, y sí muy vulnerables. Si la Constitución afirma que el socialismo es irrevocable, el aborto como derecho también. Mi cuerpo es mío y las decisiones concernientes a él las tomo yo. Si hablo del aborto lo hago sin ambages porque conozco y estoy consciente de los derechos que en esa materia me asisten, que no son ni más ni menos que mis derechos sexuales y reproductivos.

Planto bandera por ellos.

[1] “I am not a Feminist, But…”: How Feminism became the F-word, PMLA, 121, 5, octubre 2006, pp. 1735-1741. En “Yo no soy feminista, pero…Cómo feminismo se convirtió en la palabra impronunciable”. Denken Pensée Thought Mysl… E-zine de Pensamiento Cultural Europeo. Selección: Desiderio Navarro. Vol. 1, Nros. 1-25, febrero 2011-abril 2012, pp. 135-146.

 

+ de Thais Gaes

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