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Abierta inscripciones: Tutorías Curaduria 5ta. edición con Ibis Hernández

Tutorías Curaduría inmersiva 5ª. edición. Seguimos mejorando la fórmula ;-)

Beatriz Junco, Ibis Hernández Abascal y Claudia Taboada

Beatriz Junco, Claudia Taboada e Ibis, 1ª. edición

Seguro que ahora mismo estás en el proceso de creación de una exposición, la apertura de nuevo espacio expositivo, buscando financiación, o preparando alguna itinerancia…

Aunque tienes claro tu meta, sientes que necesitas orientación profesional. Por ejemplo, coachs que clarifiquen dudas o valoren la viabilidad de tu proyecto y te ayuden a alcanzar tu máximo potencial.

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Jenny Hernández e Ibis, 2da. edición

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Jenny Hernández, Ibis 2da. edición

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Te gustaría recibir una tutoría personalizada que te ayude a potenciar tu práctica curatorial?

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Envía ahora tu proyecto a esta 5ª.  edición de las Tutorías Curaduría, con Ibis Hernández, co-curadora de la Bienal de La Habana y con + de 20 años de experiencia en el comisariado, la gestión y la producción de proyectos, bienales y espacios expositivos.

 

Cerramos inscripciones el 30 de septiembre. ¡Plazas limitadas!

En cada edición mejoramos la fórmula. Elije ahora el nivel de tu interés ;-)

Nivel 1: Tutoría para proyectos curatoriales

Proyectos en fase de desarrollo, en búsqueda de financiación…individuales, colectivos, de pintura, gráfica, fotografía, audiovisual, de archivo, en el espacio público, online…

  • Tutoría inmersiva y personalizada enfocada en los aspectos curatoriales (presencial, 1 hora y media)

Podrás elegir: del 1 al 5 de octubre, o del 1 al 30 de noviembre, y la hora que + te convenga.

Sede: seleccionaremos un espacio cultural acogedor y tranquilo en la Habana Vieja para que puedas concentrarte y disfrutes de esta experiencia inmersiva

  • Microtutoría (media hora) para ayudarte a resolver alguna problemática y/o fortalecer aspectos de tu proyecto relacionados con la gestión, producción, comunicacióno la presentación a eventos competitivos (fondos nacionales e internacionales), a cargo de Ada Azor, gestora Circuito Líquido
  • Una sesión extra (por email)

Descarga aquí y ahora planilla de inscripción + brief para proyectos curatoriales

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Modesto Díaz, Clauida Péres e Ibis 3ª edición

 

Nivel 2: Tutoría gestión de espacios de exhibición para el arte contemporáneo (creados o en vía de creación)

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Ibis y Esther Barroso, gestora del espacio S/T 4ª. edición

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Cari Correa, directora del espacio Ona Art, 4ta. edición

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Tutoría inmersiva y personalizada (presencial dos horas)
Ibis Hernández Abascal y Yanet Martínez. Tutoría Proyecto curatorial Otra vez primavera

Ibis y Yanet Martínez 1 edición

Ibis y Ada te ofrecerán herramientas prácticas para la gestión, dirección y posicionamiento del espacio + consejos que te ayudarán en la búsqueda/selección de artistas, la línea/programación, o networking con agentes (curadorxs, asesorxs de colección, gestorxs…)  u otro aspecto que resulte de tu interés

Podrás elegir entre el 22 al 30 de noviembre y la hora + adecuada para ti

Sede: seleccionaremos un espacio cultural del casco histórico de La Habana Vieja, tranquilo y acogedor

  • Microasesoría de un proyecto expositivo a realizarse en tu espacio

Aquí mismo y ahora descarga la planilla de inscripciónbrief para espacios de exhibición

Este es la única tutoría inmersiva para proyectos curatoriales. ¡No dejes pasar la oportunidad!

Tienes hasta el 30 de agosto para enviar tu proyecto a esta 5ta. Edición de las Tutorías Curaduría.

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Maeva Peraza e Ibis, 3ª edición.

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Ibis, Gretel Castillo y Carolina Sánchez, 2ª. edición

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si quieres conocer en detalle los proyectos/espacios que han participado en las 4 ediciones de las Tutorías curaduría con Ibis Hernández y Ada Azor puedes clicar aquí: , , , 4ta.

Premio de Fotografía Feminista: gestión y artes visuales

Desde las artes visuales y la gestión cultural, Ibis Hernández (investigadora curadora/co-curadora de la Bienal de La Habana) analiza la 2ª. edición del Premio de Fotografía Feminista.

Te mostramos un avance del texto a través de estas preguntas detonadoras.

¿Existen diferencias notables entre la 2da. y la 1ª. edición?

¿Por qué resulta para el jurado harto difícil conceder Premio a una fotografía única?

¿Para qué integrar al formato del Premio espacios de sensibilización?

¿Qué figura, como ninguna otra, inspira el Premio de Fotografía Feminista?

Premio de Fotografía Feminista: gestión y artes visuales

Por Ibis Hernández Abascal

 

Paola Fiterre, S/T

Las dos últimas décadas han sido testigos del incremento de espacios y proyectos gestionados por artistas u otros agentes ligados de manera autónoma a la producción cultural. Bajo disímiles configuraciones, lógicas operativas y propósitos, estos espacios han contribuido a dinamizar la escena del arte en no pocas ciudades de América Latina y otras regiones, activando lugares temporales de posibilidad en múltiples direcciones. Con formato flexible y móvil, la plataforma  Circuito Líquido ha implementado a lo largo de poco más de cinco años diversas acciones, dirigidas a ofrecer las herramientas necesarias para potenciar procesos de emprendimiento, gestión y mediación cultural. Al mismo tiempo, se ha trazado una ruta estratégica para complementar y fortalecer procesos formativos en el campo de las artes visuales (con énfasis en el quehacer fotográfico), e implementar nuevos espacios de diálogo y debate al respecto. Pero si algo singulariza la labor desplegada por Circuito en su etapa más reciente, es la voluntad de proyectar los diferentes aspectos de su accionar en concordancia con los aportes del pensamiento feminista en su devenir; de ahí que en su página web se autodefina precisamente como “un espacio de gestión artística feminista”. Tal influjo alcanza también al Premio que Circuito convoca. En su más reciente edición, este certamen volvió a incentivar la reflexión en torno a disímiles problemáticas abordadas en el extenso y polémico corpus de las teorías feministas, incitó a indagar acerca de sus reflejos y ecos en nuestro contexto, y estimuló  la construcción de sus posibles correlatos en el campo de producción fotográfica local.

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Diseño y eslogan (Premiamos la visión feminista) Fabian García

La segunda entrega del Premio de Fotografía Feminista denota una efectiva capacidad de gestión, y en consecuencia, inspira mayor confianza respecto a la garantía de su sostenibilidad en el tiempo, algo indispensable para sedimentar el conocimiento que el propio certamen genera.  De acuerdo con lo anterior, vale añadir que el Premio funciona además como una suerte de diagnóstico (aunque de carácter parcial), capaz de revelar un conjunto de datos que podrían tributar al desarrollo de futuras investigaciones sobre la fotografía en Cuba, enfocadas desde otros posibles paradigmas interpretativos tendientes a favorecer la construcción de nuevas narrativas acerca su historia. Un modelo hermenéutico anclado en el espacio donde confluyen los aportes de las teorías feministas, la práctica artística y la historia del arte, cobraría bajo esa intención su propia pertinencia.

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Lídice González, Estado mental antes del aborto (fragmento díptico), del ensayo Vida

No voy a detenerme en defender la importancia de la instauración de un premio institucional dedicado en exclusivo al obrar fotográfico en Cuba, como tampoco a demandar el otorgamiento de un galardón especial para las mujeres fotógrafas. Recomiendo en su lugar la (re)lectura del texto Premio de Fotografía en Cuba, a la sombra de las casuarinas, redactado por la investigadora y crítica Grethel Morell a tenor de la primera edición del concurso. Además de emprender un recorrido por los certámenes que han tenido a bien distinguir con algún tipo de reconocimiento la labor de fotógrafa/os cubana/os, el texto ofrece, con el rigor que caracteriza el trabajo de su autora, otras consideraciones que comparto y suscribo. Creo imprescindible celebrar, sin embargo, la salida a la luz de la convocatoria al Premio Mujeres e Integración Social lanzada por la Fototeca de Cuba en marzo pasado, y a propósito de ello, llamar la atención acerca de cómo la comedida pero sistemática labor que Circuito despliega a través de su programa educativo, viene incidiendo en el tejido artístico local. Por otro lado, si bien el Premio de Fotografía Feminista mantiene una estructura competitiva y confiere un estímulo material a quienes distingue, este concurso resulta apenas un pretexto bajo el cual Circuito potencia un conjunto de acciones, orientadas a propiciar el examen y la valoración crítica de la obra de arte a la luz de tópicos de discusión que han regido las relaciones entre el pensamiento feminista, la historia del arte y la práctica artística de los últimos decenios en no pocos territorios.

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Yuri Obregón, S/T

Aspectos que continúan siendo objeto de interés y polémica reaparecen directa o indirectamente en esos encuentros de corte  pedagógico y orientador. Desde enfoques renovados, en ellos se debate acerca de la existencia de una imaginería femenina propugnada deliberadamente como ademán político por algunas creadoras; de los estereotipos de género dominantes en el ámbito de la representación; del rol del arte en la producción de la subjetividad de género -con todo lo que ello implica- y del peso que adquieren determinados prejuicios en la recepción crítica de la obra; de la interrelación entre las distintas categorías de identificación social en los análisis relativos a la cuestión de la diferencia -género, raza, clase, orientación sexual, filiación religiosa, grupo etario, etc.; de los diversos tipos de violencia y en fin, de la conexión de estos y otros temas con el contexto artístico y el medio cotidiano donde se desenvuelve el día a día de lo/as creadore/as visuales en la Isla. La iniciativa de integrar al formato del Premio espacios de sensibilización, tales como el encuentro con expertas en la primera edición y el mentoring en esta segunda, responde al objetivo de efectuar ejercicios de análisis y desmontaje con vista a identificar los convencionalismos ideológicos y culturales dentro de los cuales se ha venido configurando la noción de género a través de la imagen, sin desestimar el valor de la experiencia individual de los participantes como base material-corporal que sustenta un conocimiento vivenciado desde la naturaleza (cuerpo) o desde la biografía (vida)[1].

 

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Mentoring con Magela Romero, Palacio del Segundo Cabo

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Para el jurado resulta harto difícil conceder premio a una fotografía única -premisa contemplada en los fundamentos del concurso- sin manejar  documentación alguna sobre la/os autora/es, sus respectivas trayectorias y sus poéticas. A esta información solo se accede al culminar el proceso de análisis, conciliación y arribo a conclusiones, lo cual eleva los niveles de complejidad que entraña de por sí poner en juego juicios de valor para una finalidad competitiva. Tal procedimiento, que entorpece la posibilidad de realizar una lectura de la imagen en articulación con el proceso de trabajo del artista y como parte de un entorno discursivo más amplio, se justifica, no obstante, si se comprende la intención de ponderar el género como una categoría que atraviesa transversalmente todas las fases del certamen, incluida la premiación. Se juzga, en efecto, bajo cierto grado de opacidad, en virtud de eludir el sesgo de género y alcanzar mayor equidad en cuanto a oportunidades profesionales entre creadores y creadoras.

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Yanahara Mauri, El joven del turbante (II)

Caracterizar de forma general este segundo certamen, conlleva reconocer un discreto incremento en cuanto al número de autores y obras enviadas. La cifra de mujeres fotógrafas creció en alguna medida y nuevamente resultó mayoritaria con relación a la de sus homólogos masculinos. De igual modo, preponderó la  presencia de creadora/es emergentes cuyo proceso de formación describe en muchos casos un recorrido asistemático, marcado por su inserción en talleres liderados por artistas, academias de fotografía y cursos impartidos eventualmente en instituciones y otros espacios culturales. Algunos cuentan en su haber con premios y distinciones obtenidos en certámenes de mayor y menor relevancia, y ostentan niveles desiguales de visibilidad en diferentes zonas de nuestra fragmentada escena artística. Trabajos suyos alcanzan también distintos grados de circulación en las redes sociales.

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Antonio Hernández, S/T, del ensayo Piel adentro

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Rachel Gutiérrez, Hotel Modelo

Dado que se trata de un concurso acotado dentro del ideario feminista, es comprensible la reiteración de un grupo de temas ya presentes en la pasada edición, algunos de ellos enfocados ahora desde nuevas aristas. Otros, de similar interés y actualidad, se mantienen ausentes. Figuran entre las preocupaciones censadas en las obras la violencia (física, psicológica y sexual) contra las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos (con énfasis en el matrimonio igualitario y el autoplacer femenino), los roles tradicionales de género (destacando sobre todo la maternidad y el trabajo doméstico no remunerado), los estereotipos de belleza, y problemáticas que atañen a las mujeres adultas mayores y a la maternidad en la adolescencia.[2] Es oportuno añadir que en su abordaje discursivo, la voluntad de cuestionar, denunciar, deconstruir, provocar, subvertir o formular contramodelos latente en la tradición artística feminista, tiende al declive en muchas de estas propuestas, aunque no ha sido la merma del potencial crítico el único factor que resta interés a buena parte de los trabajos, sino, las fallas constatables en la construcción de la imagen como discurso visual. De forma general podría argüir que no en todos los casos han sido eficazmente manejados los recursos expresivos convencionales del código fotográfico de representación, como tampoco exploradas, en apreciable medida, las posibilidades abiertas por el incremento de esos recursos en la era de los medios electrónicos y digitales. Para indagar en posibles causas y evitar falsas generalizaciones, sería imprescindible trascender los estrechos límites del concurso, expandir el marco de análisis más allá de los predios de la creatividad o del ingenio creador, e implicar en la pesquisa aspectos concernientes a la formación artística, al funcionamiento de los espacios legitimadores y a la capacidad de autogestionar información, entre otros tópicos que ameritarían un examen puntual.

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Lisandra López, Nupcias

Al comparar ambas ediciones, no se detectan diferencias notables entre una y otra. Los trabajos recibidos en esta ocasión aún no dan cuenta de esa fotografía feminista consistente, cuestionadora y propositiva que Circuito Líquido pretende promover y socializar. Pero no es la premura lo que predomina en este espacio de gestión; a fin de cuentas, ha sido corto el lapsus de tiempo entre un certamen y otro para alcanzar tal objetivo. Por otra parte, como advertía días atrás en el comentario introductorio a la mención otorgada por el jurado, no contamos en nuestro contexto con una amplia y arraigada tradición de proposiciones artísticas que hayan sido formuladas desde un compromiso expresamente feminista, susceptible de ser revisitada y actualizada en correspondencia con los aportes teóricos del Movimiento en el siglo XXI y del pensamiento generado en el ámbito nacional por estudiosos del tema en varias disciplinas.

No quisiera cerrar este comentario sin llamar la atención sobre el código QR que aparece en los carteles diseñados para ambas entregas del Premio: detalle no siempre percibido, que refiere la propensión de Circuito hacia el uso creativo de las tecnologías móviles. Intentando sortear las limitaciones tecnológicas que obstaculizan el desenvolvimiento de una gestión cultural 3.0 en nuestro contexto, Circuito explora, dentro de los dominios del paradigma digital, otras formas de posicionar contenidos y de mantener activa la comunicación con su audiencia. Así, la cita oculta tras el código inscrito en esos carteles apunta  hacia la figura que inspira, quizá como ninguna otra, una de las vertientes más significativas de la labor desempeñada por este espacio de gestión artística feminista.

QR-02Scanea ahora el código QR

[1] Nelly Richard, “Feminismo, experiencia y representación”, en Campos cruzados. Crítica cultural, latinoamericanismo y saberes al borde, La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, Cuadernos Casa No. 44, p. 157.

[2] Algunos de esos temas fueron abordados indistintamente por fotógrafas y fotógrafos, tales como el ejercicio de la violencia en sus distintas formas y los estereotipos de belleza. De modo general pareciera que al enfocar este último, lo que para las mujeres significa una exigencia vana o un requerimiento pesado, aparece exaltado por algunos hombres como importante “cualidad femenina”. Acerca del trabajo doméstico no remunerado y los derechos sexuales y reproductivos mostraron mayor interés las fotógrafas, mientras que los fotógrafos se inclinaron más hacia asuntos emparentados con el proceso de envejecimiento en la mujer, la maternidad y el desnudo.

 

Haz clic aquí para enterarte que dice Magela Romero experta en temáticas de género sobre la 2ª. edición del Premio de Fotografía Feminista

Mira aquí las #3fotosvisiónfeminista premiadas + imágenes de autoras/or, y del mentoring con Magela en la 2ª. edición.

Ver #fotovisiónfeminista premiada + finalistas 1 edición

 

Lee los textos de Grethel Morel en Fotografía Líquida ;-)

Premios y creación fotográfica en Cuba
Fotografía y mercado en Cuba
Apuntes para la enseñanza de la Fotografía en Cuba

© Imágenes: Cortesía de sus autoras y autores, Circuito Líquido

Fotografía feminista en Cuba: el curso de un concurso

Desde una mirada feminista la experta Magela Romero mapea la 2ª.edición del Premio de Fotografía Feminista.

Aquí tienes un avance de los principales ejes del texto.

¿La presencia de mujeres al otro lado del lente garantiza que la propuesta sea de naturaleza feminista?

¿Las fotografías concursantes provocan el repensar de prácticas sexistas a nivel social e individual?

¿Qué debates se produjeron en el espacio de mentoring?

¿Cuáles son los desafíos identificados por el equipo gestor para la 3ª. edición?

¿Qué ha significado para  Magela Romero en lo personal y profesional participar en el certamen?

Fotografía feminista en Cuba: el curso de un concurso

Por Magela Romero

 

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Felko Calderín, Estampida

Develando el poder simbólico de la fotografía

El quehacer fotográfico ha estado históricamente marcado por la prevalencia de la cultura hegemónica patriarcal. Este ha sido una práctica que, a través del lenguaje artístico, ha reflejado la fuerza de un sistema de dominación machista que ubica a las mujeres y a lo femenino, en sentido general, en una posición de vulnerabilidad total, en tanto les invisibiliza, excluye, ridiculiza y oprime haciendo alusión a lo tradicionalmente “bello”.

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Jorge Luis Rodríguez, La mejor arma

La foto no es sólo una imagen, sino el resultado de un acto social que no puede entenderse de manera descontextualizada o desconociendo cuáles son las razones que le originan. Detrás de cada cámara hay una persona y en la imagen que capta y/o construye cobran sentido aspectos discursivos que suponen no sólo una ideología, sino un posicionamiento respecto a los más diversos ejes de poder que atraviesan la realidad.

Cuando el sociólogo francés Pierre Bourdieu aludía al poder simbólico, llamaba la atención sobre estos elementos jerarquizantes que, de tan naturalizados, pasan inadvertidos para la mayoría. Según este autor, este poder «invisible» “logra imponer significados e imponerlos como legítimos disimulando las relaciones de fuerza en que se fundan” (Bourdieu y Passeron, 2001).

La fotografía, como expresión cultural, constituye parte del andamiaje que usa este poder simbólico para desplegarse rutinariamente en la vida social. Como lenguaje codificado y decodificable, resulta una manera de representar la realidad y de entenderla de forma acertada o no respecto a los patrones de justicia y equidad. Por ello, pensar una obra fotográfica desde una perspectiva crítica remite necesariamente a la reflexión sobre la naturaleza de los símbolos discursivos que utiliza, las características del diálogo con la realidad que propone y en última, o mejor en primera instancia, su intención.

Debe entenderse que el artista o la artista no siempre pretenden legitimar el sistema social y cultural al que hacen referencia; puede que el propósito que persiguen sea totalmente diferente y se trate de una propuesta que denuncie, rompa cánones y subvierta el orden imperante.

El curso de un concurso

El Concurso de Fotografía Feminista, una experiencia que arribó a su segunda edición (marzo-abril), se va instalando como una buena práctica en el quehacer feminista cubano.[1] Esta iniciativa, gestionada desde el espacio Circuito Líquido [2] que dirige Ada Azor (gestora artística), se construye con la intención de: estimular la creación fotográfica con perspectiva de género en el país, ofrecer herramientas teóricas y prácticas que permitan develar el poder simbólico de la fotografía, intercambiar sobre la obra feminista de artistas que han denunciado al patriarcado desde obras que hoy pueden valorarse como icónicas, reconocer el quehacer fotográfico de algunas que, como Ana Mendieta, han marcado el camino y potenciar una práctica fotográfica que cuestione la violencia simbólica en relación al género a partir de propuestas que no sólo intencionen la contemplación del mundo, sino su transformación analítica y renovadora.

Vale señalar que la dimensión de estas convocatorias rebasa los marcos temporales que se fijan en cada llamado, así como los límites espaciales donde se producen los encuentros con los participantes de cada edición para sensibilizar, formar, intercambiar o premiar. Téngase en cuenta que el sentido educativo y constructivo que se teje desde este espacio va más allá; pues su meta, en última instancia, constituye el impulso educativo-creativo para repensar quehaceres artísticos y abrir las puertas a nuevas obras que dialoguen y sean expresión de la ideología feminista.

Por ello, cuando se alude a los logros de este concurso, resulta limitado referirse a los números o a la existencia o no de un/una artista galardonado/galardonada con el añorado premio; ya que el verdadero mérito se ubica en el plano de lo cualitativo y en los avances que en términos de sensibilidad y conciencia feminista se han logrado, aunque los números también demuestran el impacto favorable de esta iniciativa en el gremio de fotógrafas y fotógrafos de Cuba.

En relación al pasado año, esta 2ª. edición contó con un número superior de obras procedentes de los más diversos rincones del país. Los trabajos presentados develan la relación cultura patriarcal-cotidianidad no sólo en contextos citadinos, sino también en los rurales. De igual modo se debe señalar que llegaron propuestas foráneas, las cuales fueron descartadas por no cumplir con el requisito de ser cubanas.

La mayor parte de las fotografías concursantes provocan el repensar de prácticas sexistas a nivel social e individual, a partir del uso de símbolos discursivos que ponen en tela de juicio valores y normas machistas que hasta nuestros días se presentan “inamovibles e incuestionables”; presentan una estética que no siempre complace a los patrones seculares androcéntricos. En una parte importante de las obras presentadas dejan de tener centralidad sujetos artificiales, maquillados y “perfectos”, para cobrar protagonismo mujeres y hombres terrenales, que viven sus feminidades y masculinidades de las más diversas formas.

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Carmen A. Aranda, S/T (fragmento)

Otro aspecto a destacar es la variedad de temáticas abordadas, las cuales constituyen una expresión de la multiplicidad de inequidades sociales existentes en el país, asociadas al género. Entre las problemáticas abordadas destacan: la violencia de género (en especial: la física, la psicológica, la sexual (el acoso, la violación), las consecuencias psicológicas y sociales del aborto, las diferencias entre ideal y práctica de la maternidad, la maternidad adolescente, la falta de legitimidad social y jurídica del matrimonio gay, los tabúes en torno a la masturbación femenina, la sobrecarga de las mujeres en relación al cuidado y las labores domésticas, las nefastas consecuencias sobre la salud y autoestima de las mujeres de los modelos tradicionales de belleza, la vejez, la división sexual del trabajo y las trabas visibles e invisibles que encuentran quienes se insertan en oficios no tradicionales, aspectos diversos relacionados con la identidad sexual y de género, los obstáculos de las mujeres para vivir a plenitud su sexualidad, la cosificación de la mujer, entre otros.

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Yamel Santana, Violencia física (fragmento, tríptico), del ensayo El silencio del miedo

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Sadiel Mederos, Niña fugaz

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Jennifer Montesinos, El grito

Resultó interesante también la creatividad de los autores y autoras en torno a los títulos de las obras y síntesis acompañantes en cada propuesta, en tanto facilitan la comprensión de los motivos que provocaron el quehacer y el/los objetivo(s) que persigue(n) la(s) foto(s).

El grupo de artistas participantes se caracterizó por su diversidad, no sólo respecto a sus trayectorias profesionales, quehaceres artísticos, edades y/o territorios de procedencia. Fue revelador la participación de un número considerable de fotógrafas jóvenes; pues aunque se sabe que la presencia de mujeres al otro lado del lente no garantiza per sé que la propuesta sea de naturaleza feminista, la incursión de ellas supone un cambio en el modo de acercarse al mundo a través de la fotografía y la paulatina transformación de un gremio que hasta nuestros días ha permanecido masculinizado.

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Amanda Martínez, S/T

En relación a la tenencia o no de herramientas para aproximarse a la sociedad desde la perspectiva de género, se debe señalar que no todos/todas los/las participantes demostraron igual dominio. Algunas fotografías fueron ejemplo de la ausencia de recursos para romper con patrones sexistas que conllevan a la presentación de una imagen en la que, quizás con la mejor de las intenciones, se siga presentando a la mujer como objeto de contemplación o belleza, se utilice el desnudo para agradar la mirada de quien busca placer en una obra que debe denunciar las complejidades y problemas asociados a ofrecerlo o a sentirlo por parte de ellas o se recurra a la domesticidad como única alternativa para cuestionar el modo y la magnitud en que el sistema de dominación masculino les afecta. Por otra parte, algunas propuestas denotan la repetición de recursos en relación al modo de hacer de artistas que le preceden, un hecho que limita la expresión de la originalidad y creatividad buscada.

Sin embargo, se pudo observar el impacto de la formación en temas de género en la obra de fotógrafas y fotógrafos que ya contaban con un recorrido en este sentido, incluso de algunas/algunos que participaron en el encuentro con expertas Claves para pensar una fotografía con perspectiva de género, desarrollado durante la primera edición de este concurso. De ahí que este año se decidiera repetir la experiencia. El encuentro tuvo lugar los días 5 y 6 de abril en la sede del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa de la Oficina del Historiador de La Ciudad (OHC) y contó con la presencia de gestoras, promotores culturales, activistas sociales, directivos/as de centros culturales de la OHC, comunicadores, fotógrafas y artistas.

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Mentoring

Una peculiaridad del presente año fue la extensión de la convocatoria para este encuentro a gestores culturales, artistas y fotográfas/os procedentes de comunidades habaneras periféricas, las cuales han estadohistóricamente desfavorecidas en este sentido y cuyos habitantes no hubieran acudido a este llamado si no hubiera sido por la estratégica intencionalidad. Personas interesadas procedentes de barrios capitalinos como El Canal, Buena Vista, Párraga, Alamar y Diez de Octubre acudieron a la cita y nutrieron el espacio con sus experiencias (laborales y de vida) y proyectos artísticos-culturales. La participación de estas condujo a que la riqueza de este II Encuentro no se limitara al alcance de los objetivos de sensibilizar en temas de género e impulsar un nuevo modo de hacer fotografía feminista; pues los debates que se produjeron sobre machismo, equidad social y justicia de género, ayudaron a la comprensión de la connotación política e ideológica del arte feminista y al cambio de mentalidad de talleristas que anteriormente no reconocían las brechas existentes entre determinados grupos sociales para participar en el quehacer artístico y/o disfrutar de él.

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Magela Romero. Sesiones mentoring

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Sesiones mentoring

Para el próximo año el equipo gestor de este certamen ha identificado algunos desafíos, entre los mismos destacan: la necesidad de hacer más extensiva la convocatoria para que llegue a todos los rincones del país, la importancia de realizar el espacio del mentoring en temas de género y fotografía antes de que cierre el plazo de admisión de las obras y la pertinencia de organizar exposiciones itinerantes en el interior del país que facilite la exhibición de las obras, que con mayor nitidez expresan la esencia de este Concurso de Fotografía Feminista.

Por último me gustaría comentar que participar en este certamen ha sido una experiencia muy gratificante y enriquecedora en lo profesional y personal, no sólo por la posibilidad de intercambiar con artistas y expertas en esta área del saber; sino por la oportunidad de observar y apoyar la gestión artística y cultural con enfoque de género de este espacio que, por su impronta, quedará plasmado en la Historia del Arte Feminista en Cuba.

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Foto grupo Mentoring con Mage

[1] Debe señalarse que un referente cercano e imprescindible a esta propuesta lo constituyó el espacio “Mirar desde la sospecha” liderado por la MsC. Danae Dieguez. A partir de esta experiencia no sólo se logró una mayor sensibilidad respecto a los temas de género de especialistas que laboran en el mundo de la cultura cubana; sino que brindó herramientas para que iniciativas como esta cobraran forma y constituyeran hoy su continuidad.

[2] Circuito Líquido es un espacio de gestión artística y cultural feminista, sin ánimo de lucro, que trabaja desde la perspectiva de los derechos de las mujeres, en especial de las mujeres diversas integradas al sistema del arte. Mantiene un modelo de gestión flexible y móvil con un carácter abierto, en formato red de trabajo colaborativa que le permite adaptarse a los desafíos del contexto.

 

Haz clic aquí para enterarte que dice Ibis Hernández (co-curadora Bienal de La Habana) sobre la 2ª. edición del Premio de Fotografía Feminista

Mira aquí las #3fotosvisiónfeminista premiadas + imágenes de autoras/or, y del mentoring con Magela en la 2ª. edición.

Ver #fotovisiónfeminista premiada + finalistas 1 edición

 

Lee los textos de Grethel Morel en Fotografía Líquida ;-)

Premios y creación fotográfica en Cuba
Fotografía y mercado en Cuba
Apuntes para la enseñanza de la Fotografía en Cuba

© Imágenes: Cortesía de sus autoras y autores, Circuito Líquido

Emprendimientos artísticos liderados por mujeres

Desde Circuito apoyamos a las mujeres que quieren emprender en arte, y lo hacemos desde una visión feminista, visualizando sus necesidades específicas, creando espacios, como este coaching para emprendimientos artísticos liderados por mujeres para impulsar sus iniciativas.

En esta ocasión, promovemos las voces de Misladis González (Creando espacios), Leila Montero (S/T Studio), Gabriela Román (Espacio Abierto) y Dayana Hernández (Encantos), quienes participaron en la 1ª. edición (nov./2017).

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Creando espacios, es un proyecto artístico liderado por Misladis González que busca, a través de las artes, generar un espacio de diálogo, interacción y ocio para las mujeres adultas mayores de la comunidad de La Lisa.

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Leila Montero y Daniela Muñoz se han propuesto, bajo el formato de productora audiovisual, impulsar proyectos de creadoras/es audiovisuales jóvenes, con énfasis en los liderados por mujeres, así como la renta de equipos.

¿Sabías que Misladis y Leila, desde el 2017 forman parte de la comunidad de Circuito? Misladis se mantiene muy activa (participando en el Premio Fotografía Feminista 1 ed., Seminario Luc con mirada de género…, y Leila desde su accionar en la Muestra Joven teje redes con Circuito. También desde S/T Studio, junto a Daniela Barroso, han presentado su brief a la 5ta. Tutorías Curaduría con Ibis Hernández.

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Gabriela Román, apuesta por los contenidos culturales. Desde Espacio Abierto (titulo provisional de su blog personal), quiere dialogar y problematizar sobre expresiones culturales como el diseño, la arquitectura, la danza…

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Dayana Hernández, desde Encantos, ofrece servicios de fotografía. Con una política de precios reducida busca favorecer principalmente grupos de mujeres entre 15 y 28 años.

Gabriela colabora con Circuito (2016) identificando fuentes de financiamiento, tejiendo afectos y participando en cursos online de Procuración de Fondos y Marketing, Tutorías Curaduría… y Dayana (2014), apoyándonos en el diseño de microencuestas, apuntándose a seminarios, coaching: género y sociedad, cómo armar una carpeta de producción

Seguimos fomentando los emprendizajes liderados por mujeres, y trabajando desde la perspectiva de sus derechos. Defendemos, de manera especial, los derechos de las mujeres artistas, a crear y emprender en arte de manera sostenible, a ejercer liderazgos transformadores. Somos conscientes que muchas creadoras interrumpen su carrera porque no pueden lograr una real conciliación entre la vida artística y familiar, tampoco disponen de tiempo personal para disfrutar del ocio (una de las artistas que mejor ha expresado en nuestro contexto esta problemática es Lidzie Alviza). Desde Circuito les ofrecemos recursos prácticos que les ayuden a reforzar sus habilidades y autonomía personal.

Tú también tienes el derecho a emprender en arte.

Participa activamente en nuestra próxima edición (segundo semestre, 2018). Mantente informada a través de Noticias del Circuito ;)

Nuevo. Coaching para emprendimientos artísticos liderados por mujeres

#CoachingParaGestoras

Como gestoras culturales feministas desarrollamos políticas artísticas especiales que promuevan las voces y garanticen los derechos de las mujeres en el sistema del arte, por eso, ponemos en marcha un nuevo coaching para emprendimientos artísticos liderados por estudiantes, artistas, gestoras, comunicadoras, productoras, trabajadoras domésticas…

 

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Emprendedoras artísticas. De izquierda a derecha: Gabriela Román, Thais Gárciga, Darsi Fernández, Yoana Grass, Annia Lis de Armas y Annie Aguiar

Si estás decidida a emprender en arte (sea estudio-taller, productora, espacio editorial, diseño, con perfil educativo, o cualquier otra iniciativa que tengas en mente) entonces, estás en el lugar y el momento indicado, porque en Circuito queremos que participes activamente y fortalezcas tu capacidad de liderazgo como profesional del arte.

¿Por qué participar activamente en este coaching?

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Entrevista con Luc Chessex. “He regresado fielmente”. III parte

¿Cómo se siente Luc después de tantos años, de tanta obra, de tanta experiencia, de varias idas y venidas, de amor y odio, de abrazos y despidos?

Descubre las respuestas del fotógrafo suizo Luc Chessex  en esta III (y última parte)  de la entrevista.

Comparte la entrevista con el hashtag #entrevistaLuCLíquido

 

Entrevista con Luc Chessex. “He regresado fielmente”. (III)

Por Grethel Morell

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Grethel Morell y Luc Chessex en un intercambio de sus libros: Damas, esfinges y mambisas… de Grethel, y los ensayos fotográficos de Luc Cherchez la femme y Chessex

“He regresado fielmente”

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GM: En una ocasión expresó en una entrevista que se “sentía más cubano que los propios cubanos”, a pesar que de vez en cuando nosotros los cubanos, le cito, “te sacaban el tema de tu extranjería y que eso a veces era molesto” ¿cómo se siente Luc después de tantos años, de tanta obra, de tanta experiencia, de varias idas y venidas, de amor y odio, de abrazos y despidos?

LCH: Es un poco un chiste… Pero claro, después de vivir 14 años aquí trabajando, sin cobrar nunca ni un dólar, así con el sueldo básico de un cubano, te vienen a sacar tu extranjería, por supuesto, no te hace mucha gracia. Pero me siento bien. He regresado fielmente.

Hubo esa época, que vamos a llamarle otra vez “el quinquenio gris”, donde hubo esa incomprensión, que como ya he dicho, no entendí por qué me habían dejado plantado, fuera de salario, que es como decir la muerte, porque en el año 75 sin salario aquí no se podía vivir. Entonces no lo entendí. Por eso escribí a Carlos Rafael Rodríguez, y recibí esa respuesta, un poco como decimos en francés, en “lengua de madera”, donde no se dice nada.

Pero como ocho o diez años después vino la invitación del actual Ministro de Cultura, Abel Prieto.

GM: ¿Quién es el primero que abre otra vez ese puente de Luc hacia La Habana?

LCH: Quizás es Enrique de la Uz hablando con la gente de la Fototeca. La cosa es que cuando llego estaba el Ministro aquí, la Embajada de Suiza había hecho un coctel, entonces oficialmente me abren la puerta.

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GM: Luego todo fue fluyendo, hasta el día de hoy que está otra vez en La Habana… Permítame una pregunta que ya le hice en una ocasión, pero me gustaría cerrar con ella la entrevista. Se ha hablado durante todos estos años qué ha significado Luc y su obra para la fotografía cubana, ya es algo indudable, “incosumible” una idea opuesta, como el cartel que vimos hace un rato. Ya se consume fotografía cubana con la influencia de Luc, multiplicada con los años. Pero a la inversa, confiéseme, ¿qué ha significado Cuba para Luc, además de sinsabores y amores?

LCH: Es un periodo de formación para mí, mas, cuando uno tiene 25 años. La realización de cosas que yo había estudiado, hablado en Suiza, sobre los movimientos de liberación, de la independencia, del Tercer Mundo. Aquí fue donde viví en carne propia la transformación que sufrió el mundo en esa época: la Revolución cubana, las independencias africanas, la liberación de Viet Nam, otro equilibro en el mundo, la importancia de la Tricontinental y el Tercer Mundo para la historia.

GM: Y en lo personal, no la Cuba de los grandes cambios y su poder simbólico, la Cuba del día a día, la de comer en la mesa de los cubanos y cubanas?

Sí, la de comer en plato de aluminio… pero fue consecuencia de los grandes cambios, esos países que hicieron su revolución. Yo tuve el privilegio de vivirlo, mientras la mayoría de mis amigos lo vivieron a través de lecturas, películas o de pantallas de televisión, sin haberse movido de su país. Es otra cosa vivirlo desde adentro, que observarla de afuera. Una cosa es mirarlo y otra vivirlo.

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GM: ¿Algún consejo para las nuevas generaciones y la fotografía actual? ¿Alguna fórmula?

LCH: No, no… no hay fórmulas ni recetas. El único consejo es que la gente sea feliz, que la vida pasa muy aprisa, así que hay que hacer lo que uno quiere hacer lo más afondo y lo más rápido posible. No dejar para luego. Uno no sabe, uno está vivo hoy y mañana no sabes lo que pueda pasar.

Sí, sí puedo dar un consejo: comer la vida completamente, con entusiasmo, sin reparos. Hacer lo que uno piensa hacer con su vida, de modo justo.

GM: ¿Se siente realizado?  

LCH: Nunca, hasta el último soplo. Espero hacer cosas todavía, tengo aún planes, pero el último soplo no sé cuándo llegará, puede ser esta tarde, dentro de uno o tres años, no sabes. Claro, mi vida está largamente detrás y no delante, porque veo cada vez que tengo más amigos que desaparecen o se enferman, así que estoy más consciente de lo frágil que resulta la vida de uno cuando pasas de los 80. Aconsejo no perder tiempo en hacer cosas que uno no quiere hacer.

GM: La fotografía lo ha hecho feliz… ¿No hubiera concebido su vida sin fotografiar?

LCH: Cuando empecé no tenía una vocación. Leo a veces sobre personas que dicen desde que nacen o desde que tienen cinco años ya tienen una vocación, que quieren ser aviadores o capitán de barco, por ejemplo. Mi oficio vino trabajando, sobre la marcha.

Ahora, si tuviera que empezar otra vez, no pudiera hacer la misma vida, no podría duplicar la vida que viví, pero como no se me va a dar otra oportunidad, no tengo que pensarlo demasiado. Estoy contento con lo que he hecho.

GM: Muchas gracias Luc.

 

Disfrutarás leyendo también la I y II parte de la entrevista a Luc Chessex. Léelas y compártela con el hasthag #entrevistaLuCLíquido

 

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Entrevista con Luc Chessex. “La crítica no significa menosprecio”. II parte

Aquí tienes la II parte de la entrevista con Luc Chessex realizada por Grehtel Morell en el transcurso del Seminario Inmersivo que hicimos sobre la obra de este fotógrafo suizo.

Luc nos cuenta sobre amigos cercanos y lugares claves que marcaron sus relaciones personales y profesionales en la Isla: Mayito, Edmundo Desnoes, Raúl Martínez, Enrique de la Uz; La revista Cuba, Prensa Latina, Casa de las Américas; del eco en el medio artístico local de Los cubanos, ensayo fotográfico que apuesta por una mirada diferente a la estética heroica que imperaba en los 60..

Comparte la entrevista con el hashtag #entrevistaLuCLíquido

 

Entrevista con Luc Chessex. “La crítica no significa menosprecio”. (II)

Por Grethel Morell

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Grethel Morell y Luc Chessex durante el networking, seminario Luc Chessex en Cuba… CL

GM: Vamos a hablar no de cómo llegó, o qué hizo, aspectos sobre los que ya se ha expresado y escrito en buena medida. Le diré algunos nombres y lugares que pudieron ser claves para usted acá en Cuba, y me gustaría que me confesara lo que le representa o recuerda, en su trabajo o en su vida personal. Lo primero que venga a su memoria.

El Hotel Presidente

LCH: Viví allí del 61 hasta el final del 68. Cada vez que regreso por La Habana me doy una vuelta para ver el Presidente. No ha cambiado tanto, en aspecto, porque adentro sí ha cambiado bastante. El barrio, Calzada, El Carmelo, el teatro Amadeo Roldán… Realmente la primera visión que tengo de La Habana fue una semana o diez días viviendo en el Hotel Vedado, en la calle O, y después fue el Hotel Presidente con su barrio. Yo paseaba por su alrededor. Descubrí Casa de las Américas, que queda a unos tres minutos caminando, y ahí conocí a Retamar, al guatemalteco Manuel Galich, a Humberto Peña que era el diseñador de la revista Casa, que era una excelente revista desde el punto de vista gráfico y de los artículos que publicaba.

GM: El Consejo Nacional de Cultura

LCH: Fue mi primer lugar de trabajo. Quedaba no muy lejos del Presidente, en la calle 2, cerca de la avenida Paseo y la Casa Potín que era un salón de té, de propietarios originales franceses. Como Alejo Carpentier fue quien me hizo entrar al Consejo, y a él le encantaba hablar francés, íbamos a merendar juntos a la terraza del Potín. Eso nunca lo voy a olvidar.

GM: El ICAIC

LCH: También fue mi primer encuentro con la cultura cubana y después la cinemateca y todo el  mundo intelectual que giraba alrededor del ICAIC: Mayito, Titón, Jorge Fraga. A Alfredo lo conocí más tarde y más de lejos. No fui íntimo con él. Muchos de mis amigos sí trabajaban allí. Recuerdo a Nicolasito Guillén, que era el sobrino de Nicolás Guillén, cineasta y documentalista.

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GM: Algunos nombres que le fueron más cercanos, Mayito

LCH: Él fue quien me presentó a Carpentier. Siempre tuvimos realmente muy buenas relaciones. Nunca hubo el más mínimo celo. Fíjate que entre fotógrafos, como entre médicos, arquitectos, puede haber sus peleas por intereses, pero con Mayito siempre fue una relación sin nubes ninguna.

GM: Raúl Martínez

LCH: Aprendí bastante con Raúl, que además de pintor era diseñador. Él trabajaba en el Instituto del Libro y me enseñó bastante de diseño, tal como Humberto Peña. Agudicé mi mirada viendo tanto el trabajo de Raúl como el de Humberto.

GM: Pueblo y Cultura

LCH: Era la revista del Consejo que creó Alejo. Cuando me contrató, él tenía en mente crear esa revista. Después se llamó Revolución y Cultura. Fue donde conocí a Reynaldo González y a Héctor Villaverde. En el primer equipo de Pueblo y Cultura en la calle 2, estaba Manolo Vidal como diseñador, hermano del pintor Antonio. Era un colectivo de trabajo pequeño, tres o cuatro personas. Reynaldo González entra un poco más tarde, después nos mudamos para la sede de Marianao, en el edificio del ayuntamiento; y luego para el Palacio del Segundo Cabo. Entra también Villaverde. Se cambia la edición que era sobre papel gaceta, así como la Gaceta de la UNEAC, y con el cambio de nombre viene la modificación de formato y una impresión mucho mejor.

GM: Edmundo Desnoes

LCH: Fue muy importante para mí. Era realmente el que más teorizaba acerca de las artes plásticas y que se interesó temprano por la fotografía. Cuando lo conocí estaba metido en el mundo de la pintura. Él me presentó a Wifredo Lam, era su amigo. Luego empezó a interesarse más por la fotografía, a escribir sobre ella, pasaba horas y horas hablando con Edmundo. Con La mirada fotográfica del subdesarrollo fue un precursor. Él escribió bastante antes que los norteamericanos, que Susan Sontang, por ejemplo.

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GM: La revista Cuba

LCH: Fue otra época, en el 70. Tenía la responsabilidad de un equipo. Yo era el responsable del Departamento Fotográfico. Antes había trabajado con diseñadores y redactores, aunque no con un equipo de fotógrafos. En la revista había un grupo importante de fotógrafos y de escritores. Fue una experiencia que me formó bastante.

GM: ¿Cómo era dirigir a otros fotógrafos, siendo fotógrafo?                

LCH: Bueno, espero haber sido un dirigente no muy dirigente, vamos a decir. Era hablar e intercambiar con los fotógrafos, no venía con una pauta así de hay que hacer esto o lo otro. Cada fotógrafo tenía su estilo, era más o menos escoger quién podía ser mejor para un tipo de reportaje. No era lo mismo hacer un reportaje en un asilo de ancianos que en un gimnasio de jóvenes boxeadores, o pasar dos semanas en la Sierra Maestra para hacer fotos de los médicos que estaban allí. Había que tener ese ojo para repartir el trabajo de la mejor manera, para que el resultado del fotorreportaje fuera con la mejor calidad.

GM: ¿Fue entonces un jefe justo?

LCH: ¡Espero!… No sé, habría que preguntarle a Ernesto Fernández, a Figueroa…

GM: Su amigo Enrique de la Uz

LCH: Es un amigo muy cercano. No pertenecía a staff de la revista, lo conocí antes cuando trabajaba en Cultura, y Enrique había llegado de la Unión Soviética donde se había formado como ingeniero. Al parecer no le interesaba la ingeniería, más bien la fotografía, y nos vimos por primera vez creo en casa de Raúl.

GM: Prensa Latina

LCH: Cogió el mando de la revista Cuba y fue una etapa bastante difícil para la revista. Antes había sido dirigida por Ernesto González Bermejo y el Comité Central. Pero Bermejo estaba más cerca, tenía allí su oficina. Era un intelectual uruguayo con una visión amplia y cuando Prensa Latina toma el mando, me mandan a mí con Bermejo a viajar por América Latina y ponen a otro director, quizás un cuadro más cuadrado, y creo que la revista sufrió por ese cambio. Yo no, porque a mí me mandan para el extranjero y era un trabajo muy interesante poder viajar como fotoperiodista a Uruguay, a Chile después de la toma de poder de Salvador Allende, a Bolivia… fue como ampliar mi horizonte. Al final fue una suerte, podría decir.

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GM: Hablemos de algunos de sus ensayos. Los cubanos, por ejemplo, del año 65, que no llevó a libro, pero expuso en Casa de las Américas, donde aún se conservan. ¿Ese ensayo fue bien apreciado en su momento?

LCH: Bueno, para algunos fue una visión un poco en tono bajo. Claro, no era la estética heroica que imperaba en ese momento. Decían que era una visión un poco triste, otoñal, un poco suiza… En verdad lo que me interesaba no era ver los macheteros, los cortadores de caña cortando, sino más bien los instantes de ocio, lo que sucedía entre los momentos heroicos.

GM: Cuando miró a los suizos, y años más tarde hizo el ensayo “swiss life” ¿también le dijeron lo mismo?

LCH: Sí, me dijeron que era también crítico. Bueno, siempre hay gente que entiende que la crítica no tiene que ser menosprecio y que sin crítica no se adelanta. 

GM: El libro Cherchez la femme 

LCH: Su título parte de una película francesa que estaba de moda por esos días, no era ni buena película, ni su director era famoso. La idea viene de conversaciones con Edmundo, con Mayito, con Enrique… Llevarlo a libro es más reciente, se debe a que el Musee de L´Elysee decidió exponer ese trabajo. Cuando ellos organizan una exposición buscan financiamiento para hacer un libro.

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GM: ¿Tuvo usted alguna relación con los movimientos feministas de los años 60-70 que le influenciaran en la idea de hacer este ensayo, este libro?

LCH: No. Veía eso desde lejos. Vi el embullo que provocó la venida de Ángela Davis, pero nunca tuve relación cercana ni con la Federación de Mujeres Cubanas, ni con ningún grupo de feministas.

 

Cuéntanos… ¿qué te parece esta II parte?

Descubre más sobre luc en la I y III parte de la entrevista

 

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Entrevista con Luc Chessex. Cuba a todo formato. I parte

Hoy te ofrecemos la I parte de la entrevista inmersiva con Luc Chessex, que te anunciamos en el post Chessex revisitado en 6 fotografías inmersivas con mirada de género.

Entre el 61 y el 69 el fotógrafo suizo revelaba en un baño de hotel. Sobre su proceso de trabajo, modos de imprimir las fotos; fotógrafos que siguieron su estilo; las polémicas en torno a fotografía y arte; el trabajo en la emblemática revista Cuba, son  temas que conocerás leyendo esta entrevista que le hizo Grethel.

No olvides compartirla con el hashtag #entrevistaLuCLíquido

 

Entrevista con Luc Chessex. Cuba a todo formato (I)

Por Grethel Morell

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Grethel Morell y Luc Chessex visitando la Fototeca de Cuba

Después de cuatro intensas jornadas en el Seminario Inmersivo sobre la obra de Luc Chessex en Cuba, sus libros y sus miradas fotográficas a las cubanas de épocas precedentes (1961-75), nos fuimos a las calles de la vieja Habana rumbo a los archivos de la Fototeca de Cuba. Junto a ese suizo incansable arribé a sus bien conservadas colecciones. En un espacio aderezado por el calor y el pertinaz ruido de visitantes y sones de la Plaza, nos pusimos a revisar imágenes, a provocar la historia, a incitar la memoria.

Tras varias pasadas, con guantes blancos en mano, de aquellas pequeñas fotografías vintage e intercambio de preguntas, buscamos “refugio” finalmente en un recodo tranquilo de la edificación donde dejar fluir y grabar el diálogo. Más que una entrevista detallada en los cómo o los qué (de las que ya existen), me impulsaba conocer por voz de su protagonista el latir de un país, de una cultura, de sus procederes y sus actuantes. Me atraía la parte humana e intelectual, convergidas, en la manera de conformar, erigir la fotografía y su historia en aquellos complejos tiempos.

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Grethel Morell (GM): Verificando imágenes que fueron de su autoría y ante el extenso y preciso trabajo sobre las representaciones del líder político Fidel Castro en la gráfica y el contexto popular y cotidiano de los años 60 en Cuba (aunado en el libro Le visage de la Révolution), le pregunto: ¿Le tomó fotos a Fidel directamente? Sabe con exactitud cuáles eran?

Luc Chessex (LCH): Sí. Las fotos, porque sé bien en qué momento exacto las hice. Cuando estaba tomando vino, en situación más cercana. Después viajé con él a la Sierra Maestra.

El cuño que tienen por detrás significa que fueron ampliadas en Suiza y luego traídas a La Habana.

GM: ¿Y las fotos que no lo tienen así?

LCH: Era que las imprimía aquí, en mi cuarto de hotel. Por eso llegué en barco. Traía mi equipo fotográfico, no solo la cámara, también la ampliadora, las cubetas. Trabajaba de noche. Montaba el cuarto oscuro en el baño.

GM: Cuando empezó en el Consejo Nacional de Cultura, ¿ya tenía laboratorio?

LCH: No, yo seguía trabajando en el cuarto, en el baño del hotel. Empecé a trabajar en un laboratorio cuando me uno al equipo de la revista Cuba, en el año 70.

GM: Es decir, estuvo desde el 61 hasta el 69 revelando en un baño de hotel

LCH: Sí. Realmente lo importante era tener una buena ampliadora y podía trabajar de noche. Como no había prisa, no era fotografía para prensa diaria, era mensual, podía probar con calma, revelar, imprimir sin ningún problema. En el 70 cuando llego de responsable de fotografía a la revista Cuba trabajo en el cuarto oscuro. Estaba bien equipado. En la revista había como siete u ocho fotógrafos, con dos técnicos de laboratorio. Allí yo armé mi ampliadora, y también en el Hotel Habana Libre.

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GM: ¿Quién suministraba la… química y los rollos?

LCH: Era difícil. Siempre había dificultad, más bien con los rollos. Cuando venían fotógrafos extranjeros, como Ribuod, Burri o Cartier Bresson, me dejaban los rollos que le sobraban cuando se iban. Ellos venían con una reserva bastante grande, a veces les quedaban 20 o 30 rollos, y siempre me los regalaban. Si no, el gobierno compraba películas, polacas un tiempo, también checas, alemanas, después había que adaptarse al cambio de película, lo que no era muy agradable.

GM: Se trabajaba con lo que había, con lo que llegara…

LCH: Sí, había que adaptar.

GM: ¿La revista Cuba no les daba un stock de trabajo a los fotógrafos de su staff?

LCH: Sí, pero como yo luché porque los fotógrafos fueran dueños de sus fotografías, del derecho de autor, ellos generalmente preferían “meter” la película para así quedarse con los negativos, como los más jóvenes, Iván Cañas, Figueroa. Y otros fotógrafos más de la vieja escuela, con un género más tradicional, haciendo 4×5, como Nicolás Delgado, trabajaban con material suministrado por la revista, y quedaba en la revista.

GM: ¿Cómo prefería imprimir usted, a todo formato?

LCH: Sí, generalmente lo hacía a todo formato, a veces con el borde negro, otras no.

GM: ¿Era común que los fotógrafos y fotógrafas del momento lo hicieran?

LCH: Así se pensaba más o menos. Era conveniente no empezar a recortar el negativo, perdiendo calidad, pero de vez en cuando había que hacerlo. En la revista yo aconsejaba a todos no recortar, sin embargo, a veces los diseñadores lo recortaban antes de publicar cuando hacían las verticales de una foto horizontal.

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GM: Le preguntaba por si era un espíritu de época. Se dice que los fotógrafos cubanos aprendieron a ver las fotos hasta su límite, imprimir hasta el extremo, cuando comenzaron a ver los libros que traían Raúl Martínez y usted sobre los clásicos de la fotografía documental, a raíz de esa influencia.

LCH: Sí. Vino también con el pequeño formato. Antes con el formato grande se podía recortar sin problemas. Pero claro, con el negativo chiquito y de mala calidad, de rollos polacos o soviéticos, si empezabas a cortar perdías mucho. Así que lo aconsejable era realmente encuadrar bien, hacer la foto en el momento que uno estaba detrás de la cámara y no en el cuarto oscuro.

Y hoy día igual. Con esas cámaras digitales que cada año tienen más millones de píxeles, puedes después recortar algo, pero siempre pierdes calidad cuando se disminuye la superficie de la imagen.

GM: ¿Qué cubanos entonces siguieron ese estilo?

LCH: Mayito (Mario García Joya) era considerado un poco “loquito”, yo el tipo extraño que venía de afuera, Raúl Martínez no era fotógrafo y había sido expulsado de la universidad, no éramos los más recomendables…

GM: ….para hablar de estilo, documento, realidad, ficción, arte y fotografía, ¿todo eso junto?

LCH: Es que había poca crítica. Yo creo que el más agudo era Edmundo Desnoes y los otros eran… la mujer de Retamar, Adelaida [de Juan]. Era más bien una crítica descriptiva, una descripción de la obra.

GM: ¿No había en general crítica de arte aguda en ese momento?

LCH: Desnoes. Él publicó en la colección Cocuyo, del Instituto del Libro, un texto sobre la visión fotográfica del subdesarrollo, otro sobre ¿Foto-mentira! Era el único.

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GM: ¿No había talleres de crítica o debate entre los fotógrafos y fotógrafas?

LCH: No, en la época no era tanto el debate, más bien era la cosa de la unanimidad. Todo era por la misma cuerda.

GM: Pero después del 65 hay cambios. Empieza a bajar el tiempo de multitudes y plazas, y la fotografía ya no es desde una sola mirada. Está ¿Foto-mentira! en 1966, Graziella Pogolotti habla de fotografía como arte en el 64. Aparecen como pequeñas maneras diferentes de apreciar, islas en el contexto. Ella escribió sobre la primera exposición de Mayito, Dos momentos, que se hizo en Galería de La Habana en diciembre del 63. Creo que ahí se habla por primera vez de fotografía como arte. También en el 68 se hace el Congreso Cultural de La Habana…

LCH: Sí, pero la fotografía no era considerada realmente como que formaba parte de la cultura, era subcultura. La cultura era más bien la pintura; no solo en Cuba, en general en el mundo la aceptación de la fotografía como hecho cultural se hace en Estado Unidos, quizás entre los años 40-50, en Europa más tarde.

GM: ¿En Cuba no era considera aún como parte de la cultura artística entonces?

LCH: En la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) no había sección de fotografía, eso vino en los siguientes años. Enrique de la Uz estuvo en su presidencia.

GM: Será por ello que en el libro Polémicas culturales de los 60 de Graziella Pogolotti, que he leído buscando respuestas a la época…

LCH: ¿La película del hermano de Cabrera Infante? Porque la primera polémica cultural que hubo fue en el 61 con esa película, que era de cine “de verdad”, tomada en la Rampa, en el malecón, donde se veía la vida nocturna, para nada escandaloso. Algo menos lógico que las fotos que ahora mismo están montadas aquí abajo [una exposición homoerótica masculina en el hall de la Fototeca.

Los afiliados al Partido Comunista salieron en contra de esa película y ahí se formó realmente un gran conflicto.

GM: Sí, PM, que cámara en mano recorría un fragmento de la vida nocturna habanera. Pero le hablo del libro publicado hace pocos años donde se muestra parte de la polémica cultural, los cuestionamientos de la compleja década del 60. Una de las últimas veces que lo leí fui buscando la mirada a lo fotográfico, el lugar de la fotografía, y no se menciona, ni como arte, ni como recurso, ni como parte de ninguna polémica.  Sin embargo debates sobre el cine sí.

LCH: Porque realmente la fotografía no había entrado en el mundo del arte. El cine sí. Alfredo Guevara era defensor de un cine más experimental, incluso de una sexualidad diferente, y claro, la gente más “cuadrada” tenía al ICAIC (Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficas) y a Alfredo en su visor. Había una polémica clásica sobre el realismo socialista, sobre la libertad de creación, el nivel de abstracción. Un grupo en el cual Raúl y otros pintores eran los integrantes, con líneas del arte abstracto, eran vistos por los defensores de la línea soviética como una desviación pequeñoburguesa.

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Y a ti ¿qué te ha parecido esta I parte de la entrevista?

Aquí puedes leer la II y III parte de la entrevista con Luc

 

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Cubanas por un suizo. La representación femenina en la obra de Luc Chessex
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© Imágenes: Luc Chessex, Grethel Morell y Circuito Líquido

Cubanas por un suizo

En una ocasión Luc Chessex expresó que no era su intención erigir estereotipos, más bien deshacerlos. En su ensayo fotográfico Cherchez la femme (Busquen a la mujer), ¿los desmonta?, ¿crea otros?

¿Qué caminos propone sobre el retrato femenino que tuvo sus bases en la expo ¿Foto-mentira?

¿De qué manera coexiste en la obra de Chessex la  imagen de la mujer cubana en carteles y fotomontajes al estilo de los años 50 con los anuncios revolucionarios del 60-70?

¿Desde la fotografía, qué diálogos establece con la mujer cubana en los espacios urbanos, rurales; los maniquíes; la visualización de nuevos roles profesionales: mujeres policías, directivas, maestras; ¿qué lo diferencia de sus colegas?

Lee ahora el post inmersivo que ha preparado Grethel con + 18 imágenes, y no olvides dejarle tu comentario ;-)

 

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Proletarias y maniquíes en la obra de Luc Chessex

Por Grethel Morell

 

Es este un acercamiento a la representación femenina en la obra del fotógrafo suizo Luc Chessex (Lausanne, 1936), durante su estancia en la Cuba de los años 60 y primera mitad del 70. Mujeres como centro de atención y objetivo fotográfico colmado de simbolismos y cultura; trabajo que culmina en uno de sus más recientes libros y exhibición: Cherchez la femme (Busquen a la mujer), editado por Musée de l´Elysée, 2014). Titulación tomada de la cinematografía (obra homónima de Raoul André, película sin grandes pretensiones artísticas aunque popular en su momento) y en irónica alusión al incontrovertible machismo insular.

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La premisa de este libro parte de aunar la más amplia visión sobre la mujer cubana prevaleciente, contemplada con el asombro y la conjetura del visitante. La mujer convertida en predilección temática desde el mismo arribo del fotógrafo a la Isla (1961), asumida desde casi todos sus escenarios: en el contexto rural, en la ciudad o como parte del paisaje urbano, en la militancia socialista, en las profesiones y los oficios, en el jolgorio y el carnaval, en la vida nocturna, en la publicidad o en sus vestigios, en la imagen televisiva; en la moda, la calle y las vitrinas de los comercios, en el grafiti, en la gráfica –heredada o de nuevo tipo–, en las advocaciones religiosas, en eventos sociales y políticos. Desde la bracera en las labores agrícolas hasta la chica en la intimidad de una habitación, todo un registro de mundos paralelos y en ocasiones contrastantes.

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El contexto

La mirada hacia la mujer como objetivo fotográfico y ente a retratar en la fotografía cubana de los años 60 era mayormente unísona en sus proyecciones. No obstante, relativa aún era la visualidad deudora de la publicidad de los 50, con énfasis en el estilo agencia publicitaria norteamericana muy al uso en la gráfica cubana de finales de los años republicanos. Tras el cambio político y social avenido en 1959 por el triunfo del Ejército Rebelde, y la consecuente conversión de paradigmas, se subvierten las imágenes imperantes. La mujer, uno de los patrones de belleza (sobre todo blanca) asociada al consumo (consumismo, venta, mercadería) en tiempos precedentes, asumirá nuevos conexos y narraciones.

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Al ser un eje en las estrenadas políticas y transformaciones sociales (fundación de la Federación de Mujeres Cubanas, la apertura de posibilidades para las olvidadas, como las iletradas, las marginales, las más pobres, las rurales), la mujer ocupará otro lugar en la edificación de imaginarios. Ese célebre crecimiento de oportunidades, basado en un concepto de nueva sociedad igualitaria, debió encontrar reflejo, acentuado eco, en la iniciada gráfica, la documentalística y la fotografía.

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Una de las transiciones más conservadas por la memoria histórica es la transfiguración de la mujer elegante, aburguesada y bien vestida, en la miliciana también bella y maquillada, que afloraba con todos sus atuendos en marchas y concentraciones populares, como las capturadas por el lente de Alberto Díaz (Korda). Movido por una estética de la contemplación y del patrón de belleza típico, que lo caracterizó durante toda su carrera, este fotógrafo no solo retrataba, más bien captaba a las mujeres en eventos multitudinarios. Sus milicianas devinieron clásicas en nuestra historia, convirtiéndose en el nuevo rostro del sistema social naciente.

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Otro salto en la iconografía oficial de la época fue que comenzaron a aparecer mujeres mestizas y negras en primeros planos y con el respaldo de un discurso emancipador. Ellas dejaron de mostrarse como las relegadas, las subalternas, en labores menores o de bajo perfil. Ya no eran secundadas en imagen por la precariedad o la omisión, ahora figuraban en gráficas y portadas de revistas (según la Dra. Isabel Moya, la revista Mujeres fue la primera publicación en 1961 en incluir una mujer negra en su portada).

Aunque en general, en la producción fotográfica hegemónica, la preminencia continuaba en manos de alegorías a lo blanco (las blancas) y los ideales de belleza estaban pautados por ciertas redundancias. Fenómeno complejo a examinar con pausa porque, como he valorado en otros textos sobre la etapa, el arte y la fotografía en los 60 tuvieron varios momentos, de esplendores y también de ascetismos. Y no toda la creación fotográfica se comportó y se manejó por igual durante esa década. El fotodocumentalismo de los primeros años fue de un modo, el reportaje para la prensa fue de un matiz particular, el ensayo de autor y la fotografía como arte –que ya asomaba entonces con perfil de avanzada– coexistió de otro.

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Mujeres y feminidades en la obra de Luc

En una ocasión el fotógrafo expresó que no era su intención erigir estereotipos, más bien deshacerlos. Pero en Cherchezcreo rompió algunos, más que para anularlos, para proponer sobre ellos otros. Una construcción retórica, pero efectiva. Una maniobra con los mismos códigos de articulación de la imagen donde la mujer es centro/objetivo, sustituyendo el significante original y puesto a dialogar sobre sí mismo. Donde el metatexto viene a cobrar mayor peso (como en las fotos/ referencias a la publicidad) y el significado portable de la figuración femenina formula nuevos patrones. Axiomáticos o no, con ciertos matices sarcásticos, se diferenciaron de la circunstancia, de la narración visual dominante.

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Sin ingenuidades y tras la voluntad de desmontar el carácter categórico, concluyente, de la fotografía documental, este ensayo propuso en su momento dos caminos. Por un lado, la relectura modélica sobre la aprehensión de la realidad. Una asimilación crítica del valor unitario de la imagen apresada por el lente. Por otro, el doble juego con el concepto y el significado. Una contrarréplica de la fotografía con la fotografía misma, en este caso, con el retrato y el testimonio sobre el retrato femenino. Algo que tuvo sus bases en el suceso ¿Foto-mentira? (Galería de La Habana, 1966), exhibición vanguardista realizada junto al pintor y diseñador Raúl Martínez, y al fotógrafo Mario García Joya (Mayito).

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Las fotografías coloreadas a mano, también llamadas iluminadas, fueron muy populares en la fotografía consumida por cubanas y cubanos durante más de tres décadas. Durante los años 80 todavía los álbumes familiares, los archivos personales, los estudios fotográficos y fotógrafos comerciales presumían de estas imágenes. En parte deudoras de la historia del género, aquella iconografía clásica burguesa del retrato de estudio con precedente en el siglo XIX (ambrotios retocados, cartes de visite coloreadas), democratizada a inicios del XX (tarjetas pintadas). En parte propagadas en estos años ante la ausencia o la imposibilidad de acceso a la fotografía a color (El uso de los rollos a color en la Cuba de entonces era una rareza, luego las fotos resultantes se empalidecían o se les alteraban con prontitud las tonalidades).

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Las imágenes de Luc en los 60 sobre estos retratos pintados, algunos expuestos en ¿Foto-mentira?, se convirtieron no solo en el reflejo de un gusto y un modo en una época, sino también en elementos de reflexión sobre esquemas, fotográficos y sociales: la prevalencia de un gusto habitual, lo kicth, lo cheo, pasando por la caracterización de una cualidad, una forma de asumir, de construir imagen e imitar normas (al estilo revista Vanidades). Como esa imagen de la niña en primer plano casi de espaldas, en blanco y negro, parada frente a una vidriera, con sus manitas juntas, que vuelve su mirada a cámara; mientras en el segundo plano levitan fotos de torsos de mujeres coloreadas, resaltadas en su tintura y concepto de elegancia. O aquellas otras donde los rostros aparecen hipermaquillados (mucho rosa en el rubor, azul en los párpados), con peinados sofisticados y cierto “blanqueamiento”.

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Mujeres en la publicidad fue otra de las maneras atrevidas que encontró Luc de interactuar con los modelos absolutos. También proyectada (y proscrita) en la memorable exposición del 66, la relación entre el diseño de la propaganda, el texto, la figura femenina y el subtexto, se reinvertirá en sospecha cultural. Detuvo su lente en el lugar que de modo habitual, casi automático, le era dado a esa figuración asociada a ¨producto de consumo¨, como las fotos en vidrieras de escultóricas damas en trusas, anunciando… ¿artistas?, ¿estudios fotográficos para artistas?, ¿estrellas debutantes de la escena santiaguera? (la imagen fue tomada en una tienda de Santiago de Cuba); colocadas junto a fotos adyacentes de hombres en paisajes y  vestidos de etiqueta.

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Inquietante relación con la publicidad esbozó Luc a partir de la toma directa y privilegiada (a todo encuadre) de carteles reales y la creación de fotomontajes. Fotografió carteles de temporadas anteriores (años 50), que convivían en sereno estadío con los nuevos anuncios revolucionarios. Deteriorados o no, los textos y las figuras anunciantes advinieron cuales motivos y resortes: la Juice Fruit (barras de chicle), la Coca-Cola, la Pepsi-Cola, el lumínico del Savoy Bar Club; cercanos al anuncio de la mujer sonriente en la producción agrícola, el “trapiche de Olga Fernández” (venta de guarapo, jugo de caña), y la proclama de estilo socialrealista soviético del Sindicato de la Alimentación convocando a las compañeras a la prueba de escolaridad. Todos ellos portando en común una modelo blanca.

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El fotógrafo subvierte el anuncio al insertarle a través del fotomontaje otra modelo: también sonriente, delgada, hermosa y negra. Como actriz de los shows televisivos, con los brazos extendidos hacia arriba en forma de v, la nueva figurante posa frente a la Juice Fruit, a la vez que asoma de la ventilla de un auto que “flota” en plano superior, entre la pared y el cartel americano. O el objetivo fotográfico reinventado en la imagen de los cigarrillos: la misma chica negra en primer plano con espejuelos oscuros, cigarro en boca y hombro inclinado en actitud coqueta; detrás, igual imagen de portada en una revista para hombres (Esquvre, The magazine for men), sobre el cartel originario y desecho de una mujer blanca que fuma. En los trazos de la gráfica, conservado nítido y en línea con las posiciones de la modelo incorporada, se lee la frase “de verdad”. Explícito eufemismo sobre chica que aspira a estrella de revista… masculina.

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El tema racial ocupa un volumen estimable de la obra, y de modo desenfadado, sin contradicciones, se le reconoce la legendaria mirada del europeo ante la negritud y el mestizaje del “nuevo continente”. Creo no hay patrón más sostenido por los siglos y la realidad que este. Aunque a la Academia y los estudios culturales les parezca un triste cliché.

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La problemática racial se extiende hacia otros arquetipos: los maniquíes y el objeto de deseo. Los primeros, históricamente vistos como estándares de moda, representación idealizada del cuerpo femenino, son urdidos por Luc desde otro ángulo. Son puestos a dialogar desde una postura antropológica e historicista: maniquíes, todos blancos, siendo observados por mujeres negras y mestizas, en una etapa de consolidación de principios, entre el pasado capitalista y el quimérico futuro. Con fotografías alejadas de la pose, se registran y contrastan expresiones. Como las señoras que miran la modelo vestida de novia, en una noche habanera del 67, situadas entre un carro americano y una vitrina resplandeciente, con iluminación simbólica desde arriba. O aquella sorprendida en el caminar, de espaldas y advirtiendo al elegante maniquí, en un ademán fluido entre reto y asombro.

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Con los años fueron apareciendo maniquíes de colores (como los rojos en las tiendas deportivas, o la estandarización de los dorados), incluso los negros, aunque con facciones estilizadas. Al parecer en los 60 los dictámenes eran medidos por los blancos.

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Otras apreciaciones de la realidad encuentran cauce en los roles profesionales y los oficios, tanto en la mujer citadina como en la rural. Afloran las dirigentes, la mujer policía, las maestras, las cabareteras, las jovencísimas trabajadoras de la agricultura. Sin embargo, a diferencia de otros fotógrafos, el trato con las proletarias será múltiple. En esa franja de la obra de Luc no abunda el retrato de una entre muchas, o de una isla en un mar de concurrencias. Es la mujer cotidiana, que permanece en el espacio laboral como “ajena” al emplazamiento del lente. O aquella que desanda los espacios urbanos con una niña de la mano, muchas veces cabizbaja, pasando frente a vallas y carteles; tomada siempre en diálogo con el segundo plano y los signos escriturales contenidos en él. Una propuesta de lectura cruzada entre los planos, las figuraciones femeninas y los significantes muy propia de la fotografía documental legada por el suizo.

 

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© Imágenes: Luc Chessex, Grethel Morell

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