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Fotorreporteras cubanas. Aves en el puerto + recorrido fotográfico

¿Qué posición ocupaban las fotorreporteras en la prensa cubana del siglo XIX e inicios del XX?

Testimonios como el de la editora cubana Minerva Salado y Joana Biarnés, primera fotoperiodista española, evidencian el sexismo en un nicho históricamente masculinizado.

¿Te gustaría conocer todos los detalles y disfrutar de un recorrido fotográfico?

Lee ahora el texto de Grethel

Fotorreporteras cubanas. Aves en el puerto

Por Grethel Morell

 

 

No gusto de afirmar posturas solo a partir de categorizaciones con principios absolutos, como lo son las estadísticas, más cuando se habla de mujeres, su lugar social y trabajo. Suele esto convertirse en dulce trampa o recurso socorrido para afianzar discursos oportunos. Prefiero los análisis transversales, contrastados, respaldados más que por frías (y a veces, duras) cifras, por historias de vida y el hondo examen de las causas. Aunque en este caso, el valor cuantitativo se impone: las mujeres que ejercen o han ejercido la profesión de fotorreporteras, reporteras gráficas, fotoperiodistas o fotógrafas para agencias de noticias, son minoría. Legendaria minoría.

 

Jessie Tarbox Beals con su cámara. Tomada del sitio www.clasesdeperiodismo.com

Múltiples emergen las razones para tal desventaja. No me detendré en revisionismos, solo en mencionar las más extendidas: la falta de oportunidades, la ausencia de visión de quien contrata el trabajo profesional en agencias o editoriales, movidas ambas por la histórica razón del predominio masculino en un oficio señoreado por ellos desde su invención. En los inicios -y bien avanzado el siglo XIX- también contaba la desigualdad social de las mujeres, sobre todo al emprender labores no domésticas. Las particularidades de los primeros cuartos oscuros y técnicas ambulantes, que obligaban al fotógrafo de exteriores a marchar con sus placas para ser reveladas al momento (hasta la feliz aparición de las placas secas), inclinaron también la práctica hacia manos masculinas.

 

 

 

La inglesa Christina Broom entre las primeras fotógrafas de prensa. Documentó el sufragio femenino en Londres entre 1908-1914. Tomada del sitio www.mujeresviajeras.com

Los prejuicios, la maternidad, el conservadurismo (incluso de muchas mujeres), han sido motivos de retraso para el desempeño pleno del oficio. Durante las primeras etapas del siglo XX, hasta los sucesos de la Segunda Guerra Mundial, las fotorreporteras no sobrepasaban de contados ejemplos. La fotografía ya punteaba en su función documental, las escenas de calle y el registro de eventos se convertían en ejercicio cotidiano impulsado por la prensa y la clase dominante. Los aparatos se perfilaron, aligeraron (Kodak, Pentax y Leica, fueron determinantes) y la mujer avanzaba en la instauración de sus derechos civiles. Sin embargo, las escaladas femeninas con las cámaras y la captura de la realidad inmediata, priorizando al sujeto en su constructo colectivo y cultural, fueron más lentas.

Margaret Bourke-White. Tomada del sitio www.nevillescu.wordpress.com

Faldas a la prensa

El fotorreportaje o la imagen con perfil noticioso, viene de las postrimerías del XIX cuando el fotograbado desplaza el privilegio de la ilustración en las publicaciones seriadas. Aunque no es hasta bien entrado el XX que las mujeres, de modo paulatino, conquistan el terreno. Del Viejo Continente se reconoce a la inglesa Christina Broom entre las primeras fotógrafas de prensa. Documentó el sufragio femenino entre 1908-1914. También a la alemana Ilse Bing, fotoperiodista que declina ser parte del staff de la revista Life en los años 30.

Joana Biarnés entre colegas. Tomada del sitio www.rtve.es

Por España se estima a Joana Biarnés como la primera fotoperiodista, durante los años 50-60, quien comenzó con el reportaje de deportes y a enfrentar reparos por la condición de género:

“(…) el público me echó una bronca tremenda la primera vez que me vio en un campo de fútbol haciendo fotos. (…) Iba muy femenina. Con mi falda. Fue sentarme con mi cámara tras una portería con los fotógrafos y la gente empezó a gritarme: «¡Vete a casa a fregar platos!». «¡Guarra! ¡Puta!». «¡Te vamos a arreglar el cuerpo a la salida!». Cosas así… Atronadoramente. Era muy fuerte. 40.000 personas al unísono insultándome. Yo ya estaba por levantarme y marcharme. Pero aguanté. El árbitro se me acercó: «¿Qué hace usted aquí?». Le enseñé mi acreditación. Me dijo que allí no podía estar, que eso era para hombres. Le dije que se tenían que ir acostumbrando porque detrás de mí vendrían otras muchas. Al final, tuvo que salir el delegado del campo, quien me dio la razón. Me quedé. Hice mis fotos.”[1]

Margaret Bourke-White. Tomada del sitio www.geamapipa.blogspot.com

Despunta en América del Norte la canadiense, radicada en Nueva York, Jessie Tarbox Beals, nombrada la primera fotógrafa de prensa, entre 1902-1904; la “maestra del reportaje gráfico” Margaret Bourke-White, neoyorkina que trabaja para Life desde 1935; la fotoperiodista y activista también neoyorkina MarjoryCollins durante los años 60-80, fundadora de la publicación feminista independiente Prime Time.

Por Latinoamérica, aunque desde 1871 se incorporan de modo oficial las mujeres fotógrafas en México, es a partir de 1910 que se aprecia un aumento del oficio con preferencia a la imagen testimonial: las tomas de los hechos revolucionarios y las escenas de vida urbana. Por el sur se asienta Claudia Andujar, fotoperiodista proveniente de Suiza, radicada en Sao Pablo, Brasil, desde 1955. Además de realizar fotografía etnográfica, colabora como free lance en 1964 para revistas de alta demanda como Time, Life, Look y Esquire.

…como el puerto de La Habana

En Cuba, las primeras mujeres distinguidas por llevar imágenes a la prensa y ser publicadas con sus créditos, fueron la Sra. de Castro, viuda del también fotógrafo Gregorio Casañas y la Viuda de Rom. Ambas desarrollaron su labor en Sagua la Grande, provincia de Villa Clara, y colaboraron con el afamado semanario El Fígaro (fundado en 1885, con sede en La Habana). Entre 1904-1909 es posible encontrar fotografías suyas referidas en dichas páginas, básicamente retratos, paisajes, reportajes de edificaciones, de sucesos naturales y crónicas sociales. Desde 1900 la Viuda de Rom se anunciaba en el directorio comercial de la Isla de Cuba y la Sra. de Castro firmaba hacia 1908 como Viuda de Casañas.

Rafael Santa Coloma, ilustre reportero, “haciendo la información gráfica de un ras de mar para El Fígaro”

 

Aunque llevan créditos las imágenes que las fotógrafas realizaban para El Fígaro, no se publican fotos de ellas ejerciendo el oficio. En 1909, en un artículo dedicado a “Los soldados de la instantánea” en la prensa cubana, ni se mencionan las reporteras gráficas, ni se muestran con sus cámaras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante los años de la República -periodo aún por investigar a profundidad y no solo desde la fotografía entendida como expresión estética del control de los encuadres, las luces y las sombras- ejemplos pudiéramos hallar en el sinnúmero de publicaciones periódicas que circulaban. Pero también se adolece del asunto. La revista Bohemia (fundada en 1908), que recorre todo el siglo, no concedió espacio de preferencia a las mujeres en su nómina de fotógrafos oficiales o colaboradores en su etapa neocolonial. Deuda saldada desde finales del XX e inicios del XXI (amén de los cambios de estructura, diseño y legitimación), incluso con imágenes de portada, como las de Martha Vecino y el trabajo sostenido de Anaray Lorenzo.

Con el año 1959 se expandieron nuevos usos para la imagen, aún más orientada al valor propagandístico y de información inmediata. No obstante, no se suman fotógrafas a la consabida lista y expresión de la “épica revolucionaria”. ¿No había mujeres en las calles documentando la explosión popular, las marchas conmemorativas, los líderes, los actos políticos? ¿No había fotógrafas en Playa Girón?

Tampoco estuvieron visibles en la insigne revista Cuba (INRA en 1959, Cuba Internacional a partir de 1971), publicación vanguardista en gráfica y periodismo… pero sin fotorreporteras en su staff. Al parecer, para los decisores las chicas no estaban tras el visor. Simplemente no se pensaba en ellas para encargarles cierto testimonio de la realidad. La editora Minerva Salado (presente en la revista entre 1971-1982) explica en entrevista sobre la presencia de las mujeres en el rotativo:

“(…) en mi época, la década del setenta, la única reportera [redactora] fue Olga Fernández (…) Después de 1975 llegó María Elena Llana, escritora, traída por Jacques Brouté como subdirectora, ya como parte de la intervención solapada de Prensa Latina, pero una mujer inteligente y creativa. Fotógrafas, ninguna, ni como colaboradoras que yo recuerde. No creo que tampoco en la década anterior desde su fundación hasta el 70.

Puede que Rosa Ileana Boudet haya colaborado con frecuencia en esa época, era la esposa entonces de Rine Leal y al menos publicó algunos trabajos. Fuera del staff creativo sí tuvimos presencia de un par de mujeres que nos apoyaban en todo: Antonia (Tota) Sánchez y Caritina Chacón principalmente, pero también después Nora Maciá, que hasta publicó un libro de cuentos producto de la atmósfera creativa que había allí. Pero la revista Cuba fue un ámbito masculino (casi como el puerto de La Habana), de un machismo noble (si es que cabe el término)…”[2]

Anaray Lorenzo fotografiando estragos de Tornado en La Habana. Imagen cortesía de la fotógrafa

En entrevista personal, Ernesto Fernández y Luc Chessex, activos fotógrafos y con responsabilidades directivas en algunas etapas de Cuba, también corroboran la carencia de fotorreporteras en la época. Fernández, quien fuera Jefe de Información entre 1975-1981, menciona el trabajo de Sonia Pérez como laboratorista y el de Sonia Zalacaín como colaboradora. Esta última fotógrafa del momento, se considera “realizó el primer anuncio a color, para la revista Cubatabaco, a finales de los 70” [3]

Está la inmensa obra de María Eugenia Haya, Marucha, desde los 70, las fotógrafas que trabajaron para el universo editorial  cubano en los 80, como Mayra A. Martínez en la revista Revolución y Cultura, las fotorreporteras de las agencias de noticias, como Yamila Lomba en Prensa Latinaen los 90, el trabajo como free lance de Lissette Solórzano a finales de esa década y la estancia de Niurka Barroso en la corresponsalía habanera de France Press.

En la actualidad, sin dudas hay mayor representación femenina, más ejemplos de trabajos fotográficos sostenidos por mujeres, en la prensa digital (Ladyrene Pérez, en Cubadebate), en las editoriales (Maité Fernández, Artecubano Ediciones y el paso de Amaya Espinosa por la Editorial de la Mujer), en las agencias de noticias (Omara García, Agencia Cubana de Noticias ACN), en la prensa deportiva (Mónica Ramírez, Jit, del INDER) y en los diarios oficiales (Laura Borges, Juventud Rebelde). Aunque todavía insuficiente.

Maité Fernández. Imagen cortesía de la fotógrafa.

Quiero creer en la anulación de los pretextos en los días que corren. No debe existir razón para segmentaciones de género. Las fotógrafas, en general, deben imponer su condición por calidad del trabajo y talento. Constancia y resultados.Si aún están en minoría, queda una ingente labor por delante.

[1] Simón, Pedro. Joana Biarnés, la primera fotoperiodista española: “Por ser mujer fotógrafa me llamaban puta”. La entrevista final. El País. Digital, consultado el 4 de diciembre de 2017.

[2] Minerva Salado. Entrevista por correo electrónico. 20-24 de julio de 2017.

[3] Ernesto Fernández. Entrevista personal.18 de enero de 2018. La Habana.

 

Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para la sección Fotografía Líquida. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imagénes sus autorxs

 

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Oficio de confianza. La primera fotógrafa en Cuba

¿Quién fue la primera fotógrafa en Cuba y en qué zona estuvo ubicado su laboratorio y establecimiento fotográfico?

Te adelanto que fue la primera no solo en ejercer la técnica y el arte de la impresión, sino por haber sido mostrada a la opinión pública.

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Oficio de confianza. La primera fotógrafa en Cuba

Por Grethel Morell

Encarnación Irástegui retratando. Ilustración de Jorge Oller

 

 

 

La primera fotógrafa en Cuba, conocida hasta hoy, no era cubana. La mujer que por primera ocasión tomó el oficio en sus manos y fue anunciada en la prensa como retratista al daguerrotipo en La Habana, era española. Esposa y asistenta de un fotógrafo o daguerrotipista en los tempranos años 50, que proveniente de la vieja Europa asentó estudio en la entonces afamada y próspera vía comercial de O´Reilly.

 

O´Reilly no. 60 (hoy 529), lugar donde estuvo el laboratorio y establecimiento fotográfico de la familia Arias y el primer estudio de fotógrafa en Cuba: la daguerrotipista Encarnación Irástegui

En dicha calle no.60 (hoy 529), entre Villegas y Bernaza, junto a la antigua puerta de Monserrate (en ciudad amurallada), se hilvanó esta historia fotográfica. Existía allí un laboratorio, estudio y lugar de venta de “efectos de daguerrotipo”, que en 1847 pertenecía al fotógrafo Juan B. Fernández. En 1851 pasó a ser del también español Pedro Arias, quien condujo la ocupación a la familia.

Encarnación Irástegui (inscrita así en Anuarios y Directorios Comerciales de la época, aunque también referida por otros investigadores como Aróstegui), esposa de Arias, es la iniciadora de la fotografía realizada por mujeres en esta Isla. Hacedora de retratos, el género reinante del siglo XIX, que alcanzó destreza en el manejo de los materiales fotosensibles, principalmente las planchas de cobre, y la experimentación con el calotipo. Está asumida como la primera no solo en ejercer la técnica y el arte de la impresión, sino por haber sido mostrada a la opinión pública. La primera en tener un anuncio en la prensa, 12 años después de la introducción del daguerrotipo en Cuba.

Daguerrotipo montado. Colección Fototeca OHCH

Durante los meses de febrero y marzo de 1853 se publica en el Diario de la Marina:

            FOTOGRAFIA. Aviso al público.

(…) Este laboratorio encierra algunas especialidades que son exclusivamente suyas, siendo entre otras lo inmejorable del gusto, lo alegre del local y una luz suave y luminosa que en nada ofende a la vista. Además hay brevedad en los trabajos, equidad en los precios y exactitud en los compromisos.

Pero la última especialidad, la sorprendente, la que es enteramente nueva entre nosotros es la siguiente: Desde hoy el bello sexo habanero podrá ir con toda confianza al referido laboratorio con la firme convicción de ver reproducida su imagen por la habilidad de una persona de su sexo que consagrada por mucho tiempo a la fotografía, ha llegado a obtener tan buenos resultados como el mejor retratista. Esperamos que este anuncio sea suficiente publicidad para que los señores no dejen de aprovechar esta feliz oportunidad, que acaso será por poco tiempo.

En esta nota se evidencia la práctica publicitaria del fotógrafo y dueño. No solo se hace ver lo exclusivo del evento, también se enfatiza la diferencia y patrón de calidad del trabajo femenino (con tan buenos resultados como el mejor retratista), la oferta de credibilidad y confianza para atrapar a la clientela femenina, damas de una sociedad aún muy cerrada, pero dirigida a los caballeros que desembolsarán las monedas para costear los retratos.

Retrato de pareja. Daguerrotipo montado

Recuérdese que las mujeres conocían de barreras y labores limitadas fuera del hogar, el bordado y las tertulias. Aún no accedían a la enseñanza pública y las principales “ocupaciones” a desempeñar por las blancas y las “libres de color” en una sociedad esclavista eran oficios como lavanderas, “jaboneras”, costureras, zurcidoras, modistas, parteras, tejedoras de sombreros, “crianderas”, dulceras, contadas maestras a domicilio… Profesión y arte quedaron a la espera. Reto y persistencia costó que se incorporaran a fondo las manos femeninas a la fuerza de trabajo no doméstico, como el de las torcedoras de tabaco en la década del 60 o el paulatino asenso de las profesoras, al abrirse el segundo nivel de enseñanza privado en los años 80.

Tabaqueras

Tras el terreno ganado y la muerte del Sr. Arias, se reorganiza el trabajo entre Irástegui y su hijo Vicente. El 25 de septiembre de 1855 se notifica en el Diario de la Marina la continuidad del servicio:

DAGUERROTIPO DE ARIAS,

La viuda del retratista al daguerrotipo D. Pedro Arias, cuyas obras ha celebrado tanto el público de La Habana, ha abierto un nuevo establecimiento a cuyo frente a puesto a don Vicente Arias, discípulo aventajado de su difunto esposo, y que cuenta con la práctica y conocimientos adquiridos a su lado por espacio de algunos años. Las obras que tiene hechas y que están de manifiesto, y la seguridad que se brinda al que vaya a retratarse, de que si no está a su gusto no pagará nada, esta mejor garantía que se ofrece.

Daguerrotipo. Colección Fototeca OHCH

El 14 de noviembre en el mismo diario, aparece la daguerrotipista como LA VIUDA DE ARIAS, siendo quizás también la primera en significarse con la condición de viuda de fotógrafo. Categoría que prevalecerá por el resto de los ochocientos.

Trabajaron bien de cerca la fotógrafa y el retratista, sin cambiar de morada. Mantuvieron la venta de efectos fotográficos y ampliaron las tipologías del género: retratos a domicilio, fotografías a cadáveres, rostros en medallones….

En 1859 ya aflora su imagen y nombre completo. En la edición primera del Anuario General del Comercio, de la Industria y la Administración de La Habana, en la sección “Lista por Profesiones, Oficios, Industrias &” se inscribe como Retratista al Daguerrotipo en una relación de quince.

Anuario General del Comercio, de la Industria y la Administración de La Habana, 1859

Aunque se refiere en material bibliográfico la persistencia del trabajo de Encarnación Irásteguihasta 1865, desde el mes de enero de 1855 se anunciaba en el mismo sitio el Retratista al Daguerrotipo Molina y en el año 1857,la Galería Nacional y Extranjera de José Lorenzo Cabrera. Al parecer compartieron igual segmento de tiempo y parcela varios comercios fotográficos a la vez, algo común en la época. Lo cierto es que era la única mujer aludida en ese contexto, capitulado por un oficio de confianza pero llevado de pantalones.

Fuentes bibliográficas: Anuarios, Nomencladores y Directorios Generales de Comercio e Industria de La Habana e Isla de Cuba (1841, 1859, 1860, 1870); Diario de la Marina, Periódico oficial del Apostadero de La Habana (1847-1857) y el texto: La primera mujer fotógrafa de Cuba, del periodista y fotógrafo Jorge Oller.

 

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Coaching emprendimientos artísticos liderados por mujeres

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Leila Montero, productora audiovisual de Espacio S/T, 1ra. edición Emprendimientos artísticos liderados por mujeres

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Modesto-Díaz,-Claudia-Pérez-e-Ibis-Hernández

Modesto Díaz, Claudia Pérez e Ibis, 3ra edición

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Cari Correa, directora del espacio Ona Art, 4ta. edición

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Nivel 2: Tutoría gestión de espacios de exhibición para el arte contemporáneo (creados o en vía de creación)

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Maeva Peraza e Ibis, 3ª edición.

Ibis-Gretel--y-Carolina

Ibis, Gretel Castillo y Carolina Sánchez, 2ª. edición

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ibis Hernández Abascal y Yanet Martínez. Tutoría Proyecto curatorial Otra vez primavera

Ibis y Yanet Martínez, 1ra. edición

Si quieres conocer en detalle los proyectos/espacios que han participado en las 4 ediciones de las Tutorías curaduría con Ibis Hernández y Ada Azor puedes clicar aquí: , , , 4ta.

Premio de Fotografía Feminista: gestión y artes visuales

Desde las artes visuales y la gestión cultural, Ibis Hernández (investigadora curadora/co-curadora de la Bienal de La Habana) analiza la 2ª. edición del Premio de Fotografía Feminista.

Te mostramos un avance del texto a través de estas preguntas detonadoras.

¿Existen diferencias notables entre la 2da. y la 1ª. edición?

¿Por qué resulta para el jurado harto difícil conceder Premio a una fotografía única?

¿Para qué integrar al formato del Premio espacios de sensibilización?

¿Qué figura, como ninguna otra, inspira el Premio de Fotografía Feminista?

Premio de Fotografía Feminista: gestión y artes visuales

Por Ibis Hernández Abascal

 

Paola Fiterre, S/T

Las dos últimas décadas han sido testigos del incremento de espacios y proyectos gestionados por artistas u otros agentes ligados de manera autónoma a la producción cultural. Bajo disímiles configuraciones, lógicas operativas y propósitos, estos espacios han contribuido a dinamizar la escena del arte en no pocas ciudades de América Latina y otras regiones, activando lugares temporales de posibilidad en múltiples direcciones. Con formato flexible y móvil, la plataforma  Circuito Líquido ha implementado a lo largo de poco más de cinco años diversas acciones, dirigidas a ofrecer las herramientas necesarias para potenciar procesos de emprendimiento, gestión y mediación cultural. Al mismo tiempo, se ha trazado una ruta estratégica para complementar y fortalecer procesos formativos en el campo de las artes visuales (con énfasis en el quehacer fotográfico), e implementar nuevos espacios de diálogo y debate al respecto. Pero si algo singulariza la labor desplegada por Circuito en su etapa más reciente, es la voluntad de proyectar los diferentes aspectos de su accionar en concordancia con los aportes del pensamiento feminista en su devenir; de ahí que en su página web se autodefina precisamente como “un espacio de gestión artística feminista”. Tal influjo alcanza también al Premio que Circuito convoca. En su más reciente edición, este certamen volvió a incentivar la reflexión en torno a disímiles problemáticas abordadas en el extenso y polémico corpus de las teorías feministas, incitó a indagar acerca de sus reflejos y ecos en nuestro contexto, y estimuló  la construcción de sus posibles correlatos en el campo de producción fotográfica local.

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Diseño y eslogan (Premiamos la visión feminista) Fabian García

La segunda entrega del Premio de Fotografía Feminista denota una efectiva capacidad de gestión, y en consecuencia, inspira mayor confianza respecto a la garantía de su sostenibilidad en el tiempo, algo indispensable para sedimentar el conocimiento que el propio certamen genera.  De acuerdo con lo anterior, vale añadir que el Premio funciona además como una suerte de diagnóstico (aunque de carácter parcial), capaz de revelar un conjunto de datos que podrían tributar al desarrollo de futuras investigaciones sobre la fotografía en Cuba, enfocadas desde otros posibles paradigmas interpretativos tendientes a favorecer la construcción de nuevas narrativas acerca su historia. Un modelo hermenéutico anclado en el espacio donde confluyen los aportes de las teorías feministas, la práctica artística y la historia del arte, cobraría bajo esa intención su propia pertinencia.

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Lídice González, Estado mental antes del aborto (fragmento díptico), del ensayo Vida

No voy a detenerme en defender la importancia de la instauración de un premio institucional dedicado en exclusivo al obrar fotográfico en Cuba, como tampoco a demandar el otorgamiento de un galardón especial para las mujeres fotógrafas. Recomiendo en su lugar la (re)lectura del texto Premio de Fotografía en Cuba, a la sombra de las casuarinas, redactado por la investigadora y crítica Grethel Morell a tenor de la primera edición del concurso. Además de emprender un recorrido por los certámenes que han tenido a bien distinguir con algún tipo de reconocimiento la labor de fotógrafa/os cubana/os, el texto ofrece, con el rigor que caracteriza el trabajo de su autora, otras consideraciones que comparto y suscribo. Creo imprescindible celebrar, sin embargo, la salida a la luz de la convocatoria al Premio Mujeres e Integración Social lanzada por la Fototeca de Cuba en marzo pasado, y a propósito de ello, llamar la atención acerca de cómo la comedida pero sistemática labor que Circuito despliega a través de su programa educativo, viene incidiendo en el tejido artístico local. Por otro lado, si bien el Premio de Fotografía Feminista mantiene una estructura competitiva y confiere un estímulo material a quienes distingue, este concurso resulta apenas un pretexto bajo el cual Circuito potencia un conjunto de acciones, orientadas a propiciar el examen y la valoración crítica de la obra de arte a la luz de tópicos de discusión que han regido las relaciones entre el pensamiento feminista, la historia del arte y la práctica artística de los últimos decenios en no pocos territorios.

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Yuri Obregón, S/T

Aspectos que continúan siendo objeto de interés y polémica reaparecen directa o indirectamente en esos encuentros de corte  pedagógico y orientador. Desde enfoques renovados, en ellos se debate acerca de la existencia de una imaginería femenina propugnada deliberadamente como ademán político por algunas creadoras; de los estereotipos de género dominantes en el ámbito de la representación; del rol del arte en la producción de la subjetividad de género -con todo lo que ello implica- y del peso que adquieren determinados prejuicios en la recepción crítica de la obra; de la interrelación entre las distintas categorías de identificación social en los análisis relativos a la cuestión de la diferencia -género, raza, clase, orientación sexual, filiación religiosa, grupo etario, etc.; de los diversos tipos de violencia y en fin, de la conexión de estos y otros temas con el contexto artístico y el medio cotidiano donde se desenvuelve el día a día de lo/as creadore/as visuales en la Isla. La iniciativa de integrar al formato del Premio espacios de sensibilización, tales como el encuentro con expertas en la primera edición y el mentoring en esta segunda, responde al objetivo de efectuar ejercicios de análisis y desmontaje con vista a identificar los convencionalismos ideológicos y culturales dentro de los cuales se ha venido configurando la noción de género a través de la imagen, sin desestimar el valor de la experiencia individual de los participantes como base material-corporal que sustenta un conocimiento vivenciado desde la naturaleza (cuerpo) o desde la biografía (vida)[1].

 

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Mentoring con Magela Romero, Palacio del Segundo Cabo

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Para el jurado resulta harto difícil conceder premio a una fotografía única -premisa contemplada en los fundamentos del concurso- sin manejar  documentación alguna sobre la/os autora/es, sus respectivas trayectorias y sus poéticas. A esta información solo se accede al culminar el proceso de análisis, conciliación y arribo a conclusiones, lo cual eleva los niveles de complejidad que entraña de por sí poner en juego juicios de valor para una finalidad competitiva. Tal procedimiento, que entorpece la posibilidad de realizar una lectura de la imagen en articulación con el proceso de trabajo del artista y como parte de un entorno discursivo más amplio, se justifica, no obstante, si se comprende la intención de ponderar el género como una categoría que atraviesa transversalmente todas las fases del certamen, incluida la premiación. Se juzga, en efecto, bajo cierto grado de opacidad, en virtud de eludir el sesgo de género y alcanzar mayor equidad en cuanto a oportunidades profesionales entre creadores y creadoras.

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Yanahara Mauri, El joven del turbante (II)

Caracterizar de forma general este segundo certamen, conlleva reconocer un discreto incremento en cuanto al número de autores y obras enviadas. La cifra de mujeres fotógrafas creció en alguna medida y nuevamente resultó mayoritaria con relación a la de sus homólogos masculinos. De igual modo, preponderó la  presencia de creadora/es emergentes cuyo proceso de formación describe en muchos casos un recorrido asistemático, marcado por su inserción en talleres liderados por artistas, academias de fotografía y cursos impartidos eventualmente en instituciones y otros espacios culturales. Algunos cuentan en su haber con premios y distinciones obtenidos en certámenes de mayor y menor relevancia, y ostentan niveles desiguales de visibilidad en diferentes zonas de nuestra fragmentada escena artística. Trabajos suyos alcanzan también distintos grados de circulación en las redes sociales.

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Antonio Hernández, S/T, del ensayo Piel adentro

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Rachel Gutiérrez, Hotel Modelo

Dado que se trata de un concurso acotado dentro del ideario feminista, es comprensible la reiteración de un grupo de temas ya presentes en la pasada edición, algunos de ellos enfocados ahora desde nuevas aristas. Otros, de similar interés y actualidad, se mantienen ausentes. Figuran entre las preocupaciones censadas en las obras la violencia (física, psicológica y sexual) contra las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos (con énfasis en el matrimonio igualitario y el autoplacer femenino), los roles tradicionales de género (destacando sobre todo la maternidad y el trabajo doméstico no remunerado), los estereotipos de belleza, y problemáticas que atañen a las mujeres adultas mayores y a la maternidad en la adolescencia.[2] Es oportuno añadir que en su abordaje discursivo, la voluntad de cuestionar, denunciar, deconstruir, provocar, subvertir o formular contramodelos latente en la tradición artística feminista, tiende al declive en muchas de estas propuestas, aunque no ha sido la merma del potencial crítico el único factor que resta interés a buena parte de los trabajos, sino, las fallas constatables en la construcción de la imagen como discurso visual. De forma general podría argüir que no en todos los casos han sido eficazmente manejados los recursos expresivos convencionales del código fotográfico de representación, como tampoco exploradas, en apreciable medida, las posibilidades abiertas por el incremento de esos recursos en la era de los medios electrónicos y digitales. Para indagar en posibles causas y evitar falsas generalizaciones, sería imprescindible trascender los estrechos límites del concurso, expandir el marco de análisis más allá de los predios de la creatividad o del ingenio creador, e implicar en la pesquisa aspectos concernientes a la formación artística, al funcionamiento de los espacios legitimadores y a la capacidad de autogestionar información, entre otros tópicos que ameritarían un examen puntual.

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Lisandra López, Nupcias

Al comparar ambas ediciones, no se detectan diferencias notables entre una y otra. Los trabajos recibidos en esta ocasión aún no dan cuenta de esa fotografía feminista consistente, cuestionadora y propositiva que Circuito Líquido pretende promover y socializar. Pero no es la premura lo que predomina en este espacio de gestión; a fin de cuentas, ha sido corto el lapsus de tiempo entre un certamen y otro para alcanzar tal objetivo. Por otra parte, como advertía días atrás en el comentario introductorio a la mención otorgada por el jurado, no contamos en nuestro contexto con una amplia y arraigada tradición de proposiciones artísticas que hayan sido formuladas desde un compromiso expresamente feminista, susceptible de ser revisitada y actualizada en correspondencia con los aportes teóricos del Movimiento en el siglo XXI y del pensamiento generado en el ámbito nacional por estudiosos del tema en varias disciplinas.

No quisiera cerrar este comentario sin llamar la atención sobre el código QR que aparece en los carteles diseñados para ambas entregas del Premio: detalle no siempre percibido, que refiere la propensión de Circuito hacia el uso creativo de las tecnologías móviles. Intentando sortear las limitaciones tecnológicas que obstaculizan el desenvolvimiento de una gestión cultural 3.0 en nuestro contexto, Circuito explora, dentro de los dominios del paradigma digital, otras formas de posicionar contenidos y de mantener activa la comunicación con su audiencia. Así, la cita oculta tras el código inscrito en esos carteles apunta  hacia la figura que inspira, quizá como ninguna otra, una de las vertientes más significativas de la labor desempeñada por este espacio de gestión artística feminista.

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[1] Nelly Richard, “Feminismo, experiencia y representación”, en Campos cruzados. Crítica cultural, latinoamericanismo y saberes al borde, La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, Cuadernos Casa No. 44, p. 157.

[2] Algunos de esos temas fueron abordados indistintamente por fotógrafas y fotógrafos, tales como el ejercicio de la violencia en sus distintas formas y los estereotipos de belleza. De modo general pareciera que al enfocar este último, lo que para las mujeres significa una exigencia vana o un requerimiento pesado, aparece exaltado por algunos hombres como importante “cualidad femenina”. Acerca del trabajo doméstico no remunerado y los derechos sexuales y reproductivos mostraron mayor interés las fotógrafas, mientras que los fotógrafos se inclinaron más hacia asuntos emparentados con el proceso de envejecimiento en la mujer, la maternidad y el desnudo.

 

Haz clic aquí para enterarte que dice Magela Romero experta en temáticas de género sobre la 2ª. edición del Premio de Fotografía Feminista

Mira aquí las #3fotosvisiónfeminista premiadas + imágenes de autoras/or, y del mentoring con Magela en la 2ª. edición.

Ver #fotovisiónfeminista premiada + finalistas 1 edición

 

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© Imágenes: Cortesía de sus autoras y autores, Circuito Líquido

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