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Notas al dorso del espejo (II)

Notas al dorso del espejo (II)
La vejez como tema u objeto (inconciliable) de la representación

Por Grethel Morell

Retomando las anulaciones, en el escenario visual de estos tiempos irrumpen imágenes abundantes de ancianos(as) carentes. No caeré yo en el fugaz análisis sociológico que implica asomarse a la presencia, creciente, de lo menesteroso. Lo cedo a otros analistas. Cierto es que existe un aumento de sus interpretaciones. Los llamados buzos, homeless, los infortunados, los desmemoriados, las personas con discapacidades propias de la edad avanzada, la falta de cuidado y la extrema precariedad de las condiciones de vida, han vuelto a la recurrencia iconográfica que sobre el testimonio humano hoy se erige. No es algo limitado al contexto fotográfico local, solo es una muestra que se filtra silenciosa a los dominios de los estereotipos y el lugar común.

Desde cierto ángulo es comprensible. Vivimos en una sociedad envejecida y en balance progresivo, según los reportes estadísticos y la confrontación con la realidad. Hay cada vez más ancianos(as) en Cuba, en las calles, en los núcleos familiares y en soledad. “El envejecimiento demográfico es un fenómeno en sí mismo, pero a la vez es la resultante de otros procesos sociales; viene a ser la respuesta que la población da, desde el punto de vista demográfico, a sus condiciones objetivas y subjetivas de vida, y a sus expectativas futuras.”[1]

Para este país cuenta como una situación preocupante, de atención inmediata. En la actualidad, el envejecimiento poblacional de Cuba está entre los más elevados, ¨acelerados¨, de su historia.  Según datos oficiales, en 1953 los adultos mayores  representaban el 6,9 % de la población total. Se presume que para el 2025 uno de cada cuatro cubanos tendrá más de 60 años.[2] Con el porcentaje de esperanza de vida femenina superior a la masculina, pero con menor calidad de vida. Al parecer, es un asunto que se desliza también al terreno de los estudios de género, pues son (somos) ellas (nosotras) las que sostenemos el mayor peso del paso de los años.

El sometimiento a los estándares de belleza no es la única presión tácita que enfrentamos en la visualización femenina. Patrones altamente calculados por la cultura del empaque. Cargamos con otros, también enraizados, que se incorporan e incrementan con la vejez. Las responsabilidades excesivas, el ser cuidadoras eternas (primero de hijos, luego de padres, en ocasiones de esposos), los padecimientos psíquico- físicos comunes (y de mayor incidencia) al género (desgaste óseo, demencia senil, por ejemplo) son algunas de estas “naturales” imposiciones. Una pieza como Glorias de un futuro olvidado (videoinstalación, 12.40 minutos, 2016) de Adrian Melis logra de excelente modo exponer las condicionantes concretas de las ancianas solas y en quebranto de la memoria, en una sociedad que proclama  asistirlas.

Desde otro punto apreciativo, la mirada sobre el cuerpo desnudo o semidesnudo forma parte del asunto. Aparece de dos maneras básicas: la exaltación de lo asumido como habitual, bajo flexibles (alentadores) parámetros estéticos y la apología a lo decadente, con la pretensión de establecer discursos de lo absoluto. En el primero se busca destacar lo hermoso posible, ya sea por el cuidado en la composición, el apoyo formal en las capacidades técnicas de la manifestación (luces y sombras, juegos de color, principalmente) o por el enunciado conseguido/ enaltecido en el conjunto factura/concepto. En la segunda, se dinamita todo aquello que lleve al pensamiento inmediato de lo asumido como hermoso, cómodamente aceptable en la concepción social del objeto/ sujeto a fotografiar. Como si subrayara la idea del cuerpo de la vejez como territorio de conflictos más que íntimos o personales, cual campo de deliberaciones culturales, históricas, sociales. Con el cuerpo anciano de mujer en vertical desventaja.

Consuelo Castañeda, Una historia en 70 páginas, 1988. Imagen cortesía de Grethel Morell

En cualquier de los caminos escogidos para discursar, es válido creer en la intención de homenaje, con cierta promesa de reivindicación. La obra de Consuelo Castañeda Una historia en 70 páginas (1988) retrata a su mamá fragmentada en su desnudes a los 70 años y la expone en 70 impresiones. Es este un acto de ofrecimiento, de respeto al argumento, un giro a la visualidad ortodoxa manejada con exceso en la tradición artística occidental. Con un poco de mayor énfasis en la escena de la fotografía cubana hasta entonces.

Hay artistas que no lo han trabajo como serie o ensayo fotográfico, cual arista de un obrar monotemático sostenido. La presencia de la vejez ha estado implícita, asomada más bien como nota de ocasión o en obras puntuales abrigadas por otros proyectos. La fotógrafa Leysis Quesada en su ensayo Devoción (2009-2011) acoge imágenes de ancianas(os) en diferentes asilos de la ciudad, que son atendidos por monjas, algunas de las cuales también son personas de edad avanzada. Igual en su trabajo sobre el pueblo natal y en las escenas de vida urbana posee amplia retratística de la ancianidad.

Lidzie Alvisa, Juego, 2004-2006. Impresión digital, alfileres, cartón y acrílico.

Entre las piezas memorables de tono autorreferencial de la creadora Lidzie Alviza está el díptico Juego (2004), donde aparece la mano de su mamá llena de alfileres como recipiente de un accionar simbólico que comienza desde la infancia. Una mano joven, con rezagos de estos mismos alfileres, parece ofrecerle antes todo “el peso de la vida”.

En ciertas fotografías que Yanahara Mauri dedica a su abuela, se hurga en la belleza y el respeto por la vanidad propia de las damas mayores. Por un lado expone el conflicto de la pérdida de naturalezas asociadas a la feminidad y los desajustes físicos inculpados a una medicación específica para la anciana (la caída del cabello y la salida de éste en otras zonas como la barbilla), que le imponen un pesar andrógino. Por otro, parece elevar lo bello y florido, como en las imágenes Evocaciones (2012) y Señora de espalda (2014).

En general y siguiendo la franqueza (rareza) de impulsar crecimiento, las fotógrafas(os), creadoras(es) de imaginarios actuales que detienen su lente en los cuerpos envejecidos podrían expandirse a otras apreciaciones. Perecen detenerse más en lo retrocedido que en la ventura de lo que sobrevive, matizado por una ligereza de compromiso que alerta. Sugiero saltar el cerco del dolor y la nostalgia, arriesgar más en los niveles del enunciando. Jerarquizar desde la utilidad que postula lo visual. Como en aquella imagen de Jeff Wall (The giant, 1992), donde una colosal mujer de avanzada edad desnuda parece aleccionar, ante la inmensidad del saber, a los lectores indiferentes desde el descanso principal de una escalera de biblioteca.

Jeff Wall, The giant, 1992

 

[1] Chávez Negrín, Ernesto. “El envejecimiento demográfico en Cuba. Su significación estratégica”¨. TEMAS, no.89-90, enero-junio de 2017, p.108.

[2] Datos oficiales referidos por el investigador Ernesto Chávez, extraídos de la Oficina Nacional de Estadísticas, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información y el Centro de Estudios de Población y Desarrollo. Ídem,pp.104-105, 2017.

 

Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para la sección Fotografía Líquida. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
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Notas al dorso del espejo (I)

+ textos de Grethel

Notas al dorso del espejo (I)

Notas al dorso del espejo (I)
La vejez como tema u objeto (inconciliable) de la representación

Por Grethel Morell

 

Para cada individuo la vejez comporta una degradación que él teme.

Simone de Beauvoir

Leysis Quesada, Sor Sara, 2009.

Para modelar el curso de la ancianidad en la creación fotográfica cubana contemporánea es de fecundo carácter transitar a giros el imaginario. Recorrido para marcar en lo favorable de un asunto muchas veces dejado al margen, aislado detrás de la página.

Es este un acercamiento que no se limita al repaso del retrato o el testimonio del envejecimiento. La mera existencia de rostros de ancianos(as) en la esfera representacional de un(a) artista, no lo convierte necesariamente en zona temática de su trabajo. Profuso documentalismo persiste donde afloran estos modelos de retratos, lo cual no transforma de inmediato el supuesto autoral en camino autónomo de la expresión. Algo que va más allá de ser asumido como línea principal o “apunte” ocasional de una serie o discurso artístico.

Cuando el observador de la imagen, construida o espontánea, simulada o atrapada en la fidelidad a lo real, se centra en la vejez, en el deterioro análogo a la senectud, el apocamiento físico de las personas, con el basamento de un concepto clarificado en sus estrategias, entonces es que la obra forma parte de este círculo de representación temática.

Varios lenguajes emergen cuando se trata de ofrecer órdenes al tema: el retrato absoluto, bajo permisibilidad o no del sujeto, con mirada directa o gesto espontáneo ante la cámara; el desnudo (femenino y controversial); el fotodocumentalismo o la imagen capturada en la calle, entre acciones y circunstancias cotidianas. Dentro de ellos, predominan enfoques a un sector de lateralidad social, donde se encuentran ancianos(as) que viven al límite, personas de vida errante, de completa carestía; miradas agudas al declive físico, mental, moral y a la soledad, tópico reinante.

Se ausenta discreta de la escena fotográfica general, entre maniobras de lenguaje y concepto, la elegancia de lo sugerido, cierta dosis de hidalguía, briznas de lirismo, en gran parte de las propuestas. Retratos de sutil tono y fuerza enunciativa, como aquella serie Veteranos (1969, también conocida como Centenarios) de Iván Cañas sobre los últimos ancianos sobrevivientes de la gesta anticolonialista finisecular, fotografiados en sosegada pose ante el palacete que les brindaba asilo.

Raul Cañibano, de la serie Ocaso, 2012.

Arien Chang, Candelaria 100 años, de la serie Longevidad, 2009 – en progreso.

Entre las series más completas e implicadas en la fotografía contemporánea, se anotan Ocaso (comenzada en el 2012, aún en proceso) de Raúl Cañibano y Longevidad (2009 – en proceso) de Arien Chang. En la primera, este creador ya legendario registra con hondura ambientes determinados por protagonistas absortos en su condición, inmersos en sus estados: ancianidad y proximidad a la muerte. Una mirada que procura centrarse en lo positivo, según advierte el propio autor, a pesar de ingentes limitantes sociodemográficas.

Raul Cañibano, de la serie Ocaso, 2012.

Con la exquisitez acostumbrada de la composición, donde el trato consentido del objetivo con los diferentes planos de lecturas es un sello autoral, este fotógrafo atraviesa la vejez como una derivación de fundados argumentos. Un país envejecido y su falta de eficaces estructuras para sumirlo, actúa como impulso para esta serie, que articula su historia desde la experiencia personal hasta la observación implicada del visitante. Retratos a la vida cotidiana de su madre, quien sufre los desgastes propios de la pérdida de memoria y la salud, la interacción con los asilos (hogares de ancianos, aún insuficientes) e imágenes tomadas a familias y personas de paso en contextos rurales y urbanos a través de gran parte de Cuba, integran el corpus estético de Ocaso.

Raul Cañibano, de la serie Ocaso, 2012 – en progreso.

Raul Cañibano, de la serie Ocaso, 2012 – en progreso.

Por su parte, la propuesta de Chang se centra en la fotografía directa de ancianas(os) que han logrado sobrepasar los 100 años de vida. Personas que el autor ha buscado retratar en sus espacios íntimos, en ambientes de introspectiva afinidad, en lugares privados y en exteriores. Al avanzar la serie, la narrativa se ha movido hacia lo subjetivo, capturando pertenencias u objetos alegóricos a los centenarios.

Longevidad parte del premio de la Beca de Creación otorgada por la Fototeca de Cuba en su primera edición (2009), con la propuesta en película blanco y negro de 35 mm, que más tarde se ensancha con la imagen digital a color, por exigencias técnicas en primera instancia y luego por necesidades de estilo (imperiosas lecturas del color en las escenas). La idea inicial era longevos encontrados en toda la Isla, al crecer implica a personajes del mundo. Un proceso enriquecido por el trabajo de campo:

Cuando empecé a investigar no tenía idea clara de lo que encontraría, me llamó la atención la cantidad de personas mayores de 100 años en Cuba, cerca de 1500, algo paradójico en un país del tercer mundo. Con mayor cantidad en las zonas rurales y sobre todo mujeres.

Arien Chang. Conversación con el autor

Al mismo tiempo, en la mordaz serie Divas (2014 – en proceso) Chang otorga suficiente atención a mujeres de edad avanzada, que desde la divergencia de la “belleza”¨, el revertimiento de aquellos patrones estéticos esperados, dialogan con el entorno muchas veces cáustico, determinante, opresivo en la manera de solucionar vestuarios, maquillajes, proyección exterior, peregrinaje sombrío y colorido a la vez. Algo que va más allá de cómo verse a sí mismas en las calles de la ciudad o en el recogimiento de los espacios habitacionales. Mujeres desprovistas de artificios (y de clásicos atributos de divinas) surcando una realidad social que parece no incomodarse con las figuras “extrañas” que alberga.

 

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Texto escrito especialmente para la sección Fotografía Líquida. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
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En la segunda parte de este texto podrás conocer las fotógrafas cubanas que han trabajado el tema del envejecimiento.

#CoachingsEmprendimientos2019. Fotos & Proyectos

William Cruz, S/T. de la serie Vacaciones de verano, 2015. Cortesía del artista

Proyectos de artistxs que participan en el programa colateral de la XII Bienal de La Habana, institucionales y de emprendizaje cultural marcaron la ruta de la3ª. edición de los coaching para emprendimientos artísticos (febrero) que nuevamente tuvo por sede la Casa Víctor Hugo, OHC.

El interés estuvo centrado mayoritariamente en la movilización de fondos, recursos y la identificación de redes potenciales como dispositivo para reforzar los proyectos y/o líneas de trabajo.

 

Ilsy Gil

Colectivo artístico Balada Tropical: Amanda Alonso, Nelson Barrera, Jorge Pablo Lima y Victor Piverno

 

 

 

 

 

 

 

 

La gestora Ilsy GiI de la Academia de Ciencias (ACC), se propone como parte de su proyecto de Maestría en Conservación del Patrimonio (ISA) dotar de nuevas miradas a un segmento del fondo documental de su institución: óleos, instrumental médico, entre ellos algunos pertenecientes a Carlos J Finlay, para luego materializarlo en un proyecto puntal que posibilite el acercamiento de los diversos públicos hacia el patrimonio científico y promueva la reflexión crítica sobre el rol de las mujeres cubanas en la ciencia.

Por su parte el colectivo artístico Balada Tropical quiere “prolongar la experiencia del Cocktail BaladaTropical (2017) durante la XIII Bienal de La Habana (12 abril). Concebida como “una experiencia intelectual contenida en un acto de degustación”, tendrá por sede tres espacios artísticos en conexión con diversos bares de la ciudad. ¡No faltes!

 

William Cruz

Yuray Tolentino y Katia Fuentes

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo mío es vender y Contrastes Altos (s.a) I y II son dos proyectos fotográficos que también integran el programa colateral de XIII Bienal. William Cruz (Cuba) documenta disímiles “estrategias comerciales” y “niveles de competencia” empleadas por el sector privado y estatal en la capital. El proyecto curatorial de YurayTorentino convoca a Arley Perera (Cuba) y Lianna Story (EUA), nacidos en pueblos de igual nombre San Antonio (de los Baños/Texas), quienes se “adentran en la experimentación de crear negativos de gran formato”, que el público solo podrá apreciar “-realmente- positivando la imagen y haciendo uso de las actuales técnicas digitales”. La muestra podrá ser vista en el cine La Rampa y la EICTV. ¡Mantente informada/o a través del programa de expos colaterales que publica el CDAV!

Yuricel Moreno

Yuricel Moreno, directora del Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín, está organizando la Jornada Buscando a Electa, con el propósito de homenajear, en el cincuentenario de su fallecimiento, a Electa Arenal, escultora, pintora y grabadora mexicana residente en Holguín durante los primeros años de la Revolución. La Jornada estará conformada por tres exposiciones, conversatorios, recorridos por obras de la artista emplazadas en diversos espacios de la provincia y contará con la colaboración de organizaciones culturales de Holguín y Ciudad de La Habana.

Amanda Soto y Annelis Latuff

Rachel Gutiérrez

Las gestoras Annelis Latuff y Amanda Soto quieren crear un espacio cultural en la Habana Vieja bajo la dirección artística de Annia Liz de Armas, “donde confluyan diferentes manifestaciones artísticas como la música, artes plásticas, fotografia, audiovisuales, teatro, danza, literatura”, protagonizadas fundamentalmente por “artistas emergentes que muestren en sus obras la identidad cubana”,

Latitud es una muestra colectiva de arte contemporáneo cubano curada por María Carla Olivera que forma parte del programa de exposiciones colaterales de la XIII Bienal de La Habana. Está integrada por un  grupo diverso de  “artistas, diseñadores, curadores, arquitectos y promotores culturales”, entre ellxs la fotográfa Rachel Gutiérrez. Este proyecto curatorial busca “filtrar, entre líneas, la experiencia vivencial de la patria a partir de las individuales búsquedas de autodefinición, de esclarecimiento de la propia identidad, las percepciones del contexto, en los encuentros y desencuentros de los creadores involucrados, en un movimiento de dentro hacia fuera”. ¡Infórmate a través del CDAV!

Hasta aquí el recorrido por los siete proyectos seleccionados en esta 3ª. edición de los coaching para emprendimientos artísticos que hacemos en Circuito una vez al año.

Nos vemos en la 4ª. edición 😉

 

¿Te preguntas que proyectos participaron en la 1 y 2 edición de los coaching?

 

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Fotorreporteras cubanas. Aves en el puerto + recorrido fotográfico

¿Qué posición ocupaban las fotorreporteras en la prensa cubana del siglo XIX e inicios del XX?

Testimonios como el de la editora cubana Minerva Salado y Joana Biarnés, primera fotoperiodista española, evidencian el sexismo en un nicho históricamente masculinizado.

¿Te gustaría conocer todos los detalles y disfrutar de un recorrido fotográfico?

Lee ahora el texto de Grethel

Fotorreporteras cubanas. Aves en el puerto

Por Grethel Morell

 

 

Niurka Barroso, Post Huracán

No gusto de afirmar posturas solo a partir de categorizaciones con principios absolutos, como lo son las estadísticas, más cuando se habla de mujeres, su lugar social y trabajo. Suele esto convertirse en dulce trampa o recurso socorrido para afianzar discursos oportunos. Prefiero los análisis transversales, contrastados, respaldados más que por frías (y a veces, duras) cifras, por historias de vida y el hondo examen de las causas. Aunque en este caso, el valor cuantitativo se impone: las mujeres que ejercen o han ejercido la profesión de fotorreporteras, reporteras gráficas, fotoperiodistas o fotógrafas para agencias de noticias, son minoría. Legendaria minoría.

Jessie Tarbox Beals con su cámara. Tomada del sitio www.clasesdeperiodismo.com

La inglesa Christina Broom entre las primeras fotógrafas de prensa. Documentó el sufragio femenino entre 1908-1914

Múltiples emergen las razones para tal desventaja. No me detendré en revisionismos, solo en mencionar las más extendidas: la falta de oportunidades, la ausencia de visión de quien contrata el trabajo profesional en agencias o editoriales, movidas ambas por la histórica razón del predominio masculino en un oficio señoreado por ellos desde su invención. En los inicios -y bien avanzado el siglo XIX- también contaba la desigualdad social de las mujeres, sobre todo al emprender labores no domésticas. Las particularidades de los primeros cuartos oscuros y técnicas ambulantes, que obligaban al fotógrafo de exteriores a marchar con sus placas para ser reveladas al momento (hasta la feliz aparición de las placas secas), inclinaron también la práctica hacia manos masculinas.

La inglesa Christina Broom entre las primeras fotógrafas de prensa. Documentó el sufragio femenino en Londres entre 1908-1914. Tomada del sitio www.mujeresviajeras.com

Los prejuicios, la maternidad, el conservadurismo (incluso de muchas mujeres), han sido motivos de retraso para el desempeño pleno del oficio. Durante las primeras etapas del siglo XX, hasta los sucesos de la Segunda Guerra Mundial, las fotorreporteras no sobrepasaban de contados ejemplos. La fotografía ya punteaba en su función documental, las escenas de calle y el registro de eventos se convertían en ejercicio cotidiano impulsado por la prensa y la clase dominante. Los aparatos se perfilaron, aligeraron (Kodak, Pentax y Leica, fueron determinantes) y la mujer avanzaba en la instauración de sus derechos civiles. Sin embargo, las escaladas femeninas con las cámaras y la captura de la realidad inmediata, priorizando al sujeto en su constructo colectivo y cultural, fueron más lentas.

Margaret Bourke-White. Tomada del sitio www.nevillescu.wordpress.com

Faldas a la prensa

El fotorreportaje o la imagen con perfil noticioso, viene de las postrimerías del XIX cuando el fotograbado desplaza el privilegio de la ilustración en las publicaciones seriadas. Aunque no es hasta bien entrado el XX que las mujeres, de modo paulatino, conquistan el terreno. Del Viejo Continente se reconoce a la inglesa Christina Broom entre las primeras fotógrafas de prensa. Documentó el sufragio femenino entre 1908-1914. También a la alemana Ilse Bing, fotoperiodista que declina ser parte del staff de la revista Life en los años 30.

Joana Biarnés entre colegas. Tomada del sitio www.rtve.es

Por España se estima a Joana Biarnés como la primera fotoperiodista, durante los años 50-60, quien comenzó con el reportaje de deportes y a enfrentar reparos por la condición de género:

“(…) el público me echó una bronca tremenda la primera vez que me vio en un campo de fútbol haciendo fotos. (…) Iba muy femenina. Con mi falda. Fue sentarme con mi cámara tras una portería con los fotógrafos y la gente empezó a gritarme: «¡Vete a casa a fregar platos!». «¡Guarra! ¡Puta!». «¡Te vamos a arreglar el cuerpo a la salida!». Cosas así… Atronadoramente. Era muy fuerte. 40.000 personas al unísono insultándome. Yo ya estaba por levantarme y marcharme. Pero aguanté. El árbitro se me acercó: «¿Qué hace usted aquí?». Le enseñé mi acreditación. Me dijo que allí no podía estar, que eso era para hombres. Le dije que se tenían que ir acostumbrando porque detrás de mí vendrían otras muchas. Al final, tuvo que salir el delegado del campo, quien me dio la razón. Me quedé. Hice mis fotos.”[1]

Margaret Bourke-White. Tomada del sitio www.geamapipa.blogspot.com

Despunta en América del Norte la canadiense, radicada en Nueva York, Jessie Tarbox Beals, nombrada la primera fotógrafa de prensa, entre 1902-1904; la “maestra del reportaje gráfico” Margaret Bourke-White, neoyorkina que trabaja para Life desde 1935; la fotoperiodista y activista también neoyorkina MarjoryCollins durante los años 60-80, fundadora de la publicación feminista independiente Prime Time.

Por Latinoamérica, aunque desde 1871 se incorporan de modo oficial las mujeres fotógrafas en México, es a partir de 1910 que se aprecia un aumento del oficio con preferencia a la imagen testimonial: las tomas de los hechos revolucionarios y las escenas de vida urbana. Por el sur se asienta Claudia Andujar, fotoperiodista proveniente de Suiza, radicada en Sao Pablo, Brasil, desde 1955. Además de realizar fotografía etnográfica, colabora como free lance en 1964 para revistas de alta demanda como Time, Life, Look y Esquire.

…como el puerto de La Habana

En Cuba, las primeras mujeres distinguidas por llevar imágenes a la prensa y ser publicadas con sus créditos, fueron la Sra. de Castro, viuda del también fotógrafo Gregorio Casañas y la Viuda de Rom. Ambas desarrollaron su labor en Sagua la Grande, provincia de Villa Clara, y colaboraron con el afamado semanario El Fígaro (fundado en 1885, con sede en La Habana). Entre 1904-1909 es posible encontrar fotografías suyas referidas en dichas páginas, básicamente retratos, paisajes, reportajes de edificaciones, de sucesos naturales y crónicas sociales. Desde 1900 la Viuda de Rom se anunciaba en el directorio comercial de la Isla de Cuba y la Sra. de Castro firmaba hacia 1908 como Viuda de Casañas.

Rafael Santa Coloma, ilustre reportero, “haciendo la información gráfica de un ras de mar para El Fígaro”

 

Aunque llevan créditos las imágenes que las fotógrafas realizaban para El Fígaro, no se publican fotos de ellas ejerciendo el oficio. En 1909, en un artículo dedicado a “Los soldados de la instantánea” en la prensa cubana, ni se mencionan las reporteras gráficas, ni se muestran con sus cámaras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante los años de la República -periodo aún por investigar a profundidad y no solo desde la fotografía entendida como expresión estética del control de los encuadres, las luces y las sombras- ejemplos pudiéramos hallar en el sinnúmero de publicaciones periódicas que circulaban. Pero también se adolece del asunto. La revista Bohemia (fundada en 1908), que recorre todo el siglo, no concedió espacio de preferencia a las mujeres en su nómina de fotógrafos oficiales o colaboradores en su etapa neocolonial. Deuda saldada desde finales del XX e inicios del XXI (amén de los cambios de estructura, diseño y legitimación), incluso con imágenes de portada, como las de Martha Vecino y el trabajo sostenido de Anaray Lorenzo.

Con el año 1959 se expandieron nuevos usos para la imagen, aún más orientada al valor propagandístico y de información inmediata. No obstante, no se suman fotógrafas a la consabida lista y expresión de la “épica revolucionaria”. ¿No había mujeres en las calles documentando la explosión popular, las marchas conmemorativas, los líderes, los actos políticos? ¿No había fotógrafas en Playa Girón?

Tampoco estuvieron visibles en la insigne revista Cuba (INRA en 1959, Cuba Internacional a partir de 1971), publicación vanguardista en gráfica y periodismo… pero sin fotorreporteras en su staff. Al parecer, para los decisores las chicas no estaban tras el visor. Simplemente no se pensaba en ellas para encargarles cierto testimonio de la realidad. La editora Minerva Salado (presente en la revista entre 1971-1982) explica en entrevista sobre la presencia de las mujeres en el rotativo:

“(…) en mi época, la década del setenta, la única reportera [redactora] fue Olga Fernández (…) Después de 1975 llegó María Elena Llana, escritora, traída por Jacques Brouté como subdirectora, ya como parte de la intervención solapada de Prensa Latina, pero una mujer inteligente y creativa. Fotógrafas, ninguna, ni como colaboradoras que yo recuerde. No creo que tampoco en la década anterior desde su fundación hasta el 70.

Puede que Rosa Ileana Boudet haya colaborado con frecuencia en esa época, era la esposa entonces de Rine Leal y al menos publicó algunos trabajos. Fuera del staff creativo sí tuvimos presencia de un par de mujeres que nos apoyaban en todo: Antonia (Tota) Sánchez y Caritina Chacón principalmente, pero también después Nora Maciá, que hasta publicó un libro de cuentos producto de la atmósfera creativa que había allí. Pero la revista Cuba fue un ámbito masculino (casi como el puerto de La Habana), de un machismo noble (si es que cabe el término)…”[2]

Anaray Lorenzo fotografiando estragos de Tornado en La Habana. Imagen cortesía de la fotógrafa

En entrevista personal, Ernesto Fernández y Luc Chessex, activos fotógrafos y con responsabilidades directivas en algunas etapas de Cuba, también corroboran la carencia de fotorreporteras en la época. Fernández, quien fuera Jefe de Información entre 1975-1981, menciona el trabajo de Sonia Pérez como laboratorista y el de Sonia Zalacaín como colaboradora. Esta última fotógrafa del momento, se considera “realizó el primer anuncio a color, para la revista Cubatabaco, a finales de los 70” [3]

Está la inmensa obra de María Eugenia Haya, Marucha, desde los 70, las fotógrafas que trabajaron para el universo editorial  cubano en los 80, como Mayra A. Martínez en la revista Revolución y Cultura, las fotorreporteras de las agencias de noticias, como Yamila Lomba en Prensa Latina en los 90, el trabajo como free lance de Lissette Solórzano a finales de esa década y la estancia de Niurka Barroso en la corresponsalía habanera de France Press.

En la actualidad, sin dudas hay mayor representación femenina, más ejemplos de trabajos fotográficos sostenidos por mujeres, en la prensa digital (Ladyrene Pérez, en Cubadebate), en las editoriales (Maité Fernández, Artecubano Ediciones y el paso de Amaya Espinosa por la Editorial de la Mujer), en las agencias de noticias (Omara García, Agencia Cubana de Noticias ACN), en la prensa deportiva (Mónica Ramírez, Jit, del INDER) y en los diarios oficiales (Laura Borges, Juventud Rebelde). Aunque todavía insuficiente.

Maité Fernández. Imagen cortesía de la fotógrafa.

Quiero creer en la anulación de los pretextos en los días que corren. No debe existir razón para segmentaciones de género. Las fotógrafas, en general, deben imponer su condición por calidad del trabajo y talento. Constancia y resultados.Si aún están en minoría, queda una ingente labor por delante.

[1] Simón, Pedro. Joana Biarnés, la primera fotoperiodista española: “Por ser mujer fotógrafa me llamaban puta”. La entrevista final. El País. Digital, consultado el 4 de diciembre de 2017.

[2] Minerva Salado. Entrevista por correo electrónico. 20-24 de julio de 2017.

[3] Ernesto Fernández. Entrevista personal.18 de enero de 2018. La Habana.

 

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