Entradas de la categoría 'Entrevistas y artículos'

Duetos en la historia y la escritura. Gertrudis y Emilia

Duetos en la historia y la escritura: Gertrudis y Emilia

Por Zaida Capote Cruz

 

Escritoras las dos, una fue romántica; la otra, realista. Suele comparárseles porque intentaron, ambas infructuosamente, entrar en la Real Academia de la Lengua Española. Gertrudis Gómez de Avellaneda en 1853, Emilia Pardo Bazán casi cuatro décadas más tarde. Una había nacido en Puerto Príncipe, Cuba. La otra en tierra gallega. Ninguna se aferró a su país natal. Fueron mujeres cosmopolitas y viajaron en la realidad y la imaginación. Hicieron de la escritura un oficio, alimentando una vocación pública no siempre entendida rectamente.

Debieron enfrentar, y lo hicieron con elegancia, juicios misóginos, incapaces de reconocer y aplaudir el alcance de sus capacidades creativas. Sin embargo, ambas gozaron de respeto y admiración, impresionaron a lectores y colegas. Lograron realizar obras expresivas, potentes, cuya contundencia nos lega un ejemplo de consagración a la escritura y a la defensa de la dignidad de la mujer que bien merece imitarse. A ambas se les reprochó emular a los hombres, desoír los mandatos de la tradición y desobedecer lo que dictaba la costumbre.

Ejercieron el periodismo, fundaron revistas, compitieron con sus contemporáneos al producir obras de una altura magnífica, y cada una a su tiempo defendió con denuedo el derecho de las mujeres a ocupar espacios hasta entonces reservados solo a sus semejantes del sexo masculino.

Gertrudis Gómez de Avellaneda, en su Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello (1860), se dedicó a forjar una “Galería de mujeres célebres”, el panteón amable de imágenes admirables donde sus coetáneas pudieran reconocerse y forjar un ideal. Una especie de linaje del genio femenino que reunía a Safo o Victoria Colonna con Santa Teresa. De igual modo, su ensayo “La mujer” expone su capacidad de sentimiento, carácter, acción política y para la creación artística y literaria.

Emilia Pardo Bazán, quien reconocía en la cubana a una de sus más insignes predecesoras, fundó en 1892 La Biblioteca de la Mujer y no paró mientes en denunciar los obstáculos a la educación de la mujer, aquellas “pobres y ciegas víctimas” que la cubana había equiparado al esclavo en Sab (1841), su novela más conocida.

A menudo, sin embargo, se las opone. Como si no bastara la similitud de su genio, su ejecutoria pública, su ambición intelectual, se niega a Avellaneda la calidad de autora feminista porque —se dice— aún no era término corriente en el español de su época, y a menudo se justifica tal aseveración trayendo a colación el feminismo indiscutible de Pardo Bazán, para negarle a aquella lo que se concede a esta.

Pero, a no dudar, ambas fueron mujeres ejemplares no solo como profesionales de la pluma, sino como interventoras lúcidas en la reflexión pública sobre el lugar de la mujer en la sociedad. Un lugar que cada una a su modo reformó y contribuyó a ampliar, incluso con su ejemplo.

Baste citar, a propósito de la Academia, la opinión de la cubana acerca de cómo era preciso tener barbas para hacerse un sitio en esa corporación. Para integrarla se reconocía a sí misma con plenos derechos, los cuales ejercitó intentándolo con su enorme capacidad de atraerse aliados y defender una posición que sabía ganada ya por su intelecto. Lo mismo Emilia, quien se reconocía defensora del derecho legal de las mujeres a ocupar uno de esos sillones “mientras haya Academias en el mundo”. Puede que fueran altaneras, pues se burlaban de la pretensiosa idea de conceder al hombre, solo por el hecho de serlo, esa mayor potencia intelectual, que “con poca modestia”, al decir de Avellaneda, se habían adjudicado ellos mismos.

Pardo Bazán dedicó un ensayo a analizar la situación de La mujer española (1890) e introdujo en España las reflexiones de John Stuart Mill acerca de la sujeción femenina.

A propósito de su fallido intento de entrar en la Academia, se acusa a Avellaneda de intrigar, cuando no hizo más que ejercer prácticas de relación más que comunes en su tiempo. Su insistencia en conseguir aliados y valedores para aquella gestión demostró un excelente conocimiento del campo cultural en el cual debió ejercer su profesión. Su imponente seguridad en sí misma y afán de independencia intelectual no la mostraba precisamente como un dechado de feminidad (de una feminidad adocenada que nunca fue la suya) y por eso la acusaron de todo, es cierto, pero también la admiraron y la declararon su igual notables autores con los que compartía tertulias y honores, casi siempre franca e impetuosa.

En 1889, habiendo sido propuesta Pardo Bazán para ocupar una vacante, se publicaron a manera de advertencia y recordatorio ejemplarizante las cartas relativas a la solicitud de Avellaneda. Un comentario titulado “Las mujeres en la Academia” equiparaba a las autoras, rememoraba el fracaso de Tula y preveía el de Emilia; entonces reaccionó esta con entereza. No contaban sus detractores con que eligiera, para defenderse, honrar a quien había corrido antes su misma suerte, estableciendo un curso histórico que las hace a ambas parte de una tradición si no del todo oculta, sí menospreciada. Le escribió una carta abierta a Tula para compartir sus impresiones sobre tan clara injusticia.

Frente a quienes las acusan de ambiciosas, otorga a Avellaneda, más bien, el título de modesta, por confiar en la opinión de los demás académicos que la apoyaron, y aprovecha para sumar a Santa Teresa, a quien, de haberse visto en semejante situación, le hubieran también cerrado el acceso. Al declararse “aspirante perpetuo”, Pardo Bazán da fe de su convicción de cuánto tiempo habría de pasar antes de que una mujer fuera aceptada como académica, identificando así la crítica misógina como simple prejuicio, sin asidero real en la calidad de la obra de las autoras desairadas.

Detalle del retrato que Joaquín Sorolla hizo a la escritora en 1913 para la Hispanic Society. Imagen El Cultural.

Insistió en refrendar un derecho que les era usurpado, y ella misma fue propuesta en varias ocasiones. También propuso a su admirada coterránea Concepción Arenal —postulante de la figura deseada en La mujer del porvenir (1868)— aunque sin éxito, claro está. Activa en la vida pública, devota de Émile Zola, Pardo Bazán dedicó un ensayo a analizar la situación de La mujer española (1890) e introdujo en España las reflexiones de John Stuart Mill acerca de la sujeción femenina.

Avellaneda nació en 1814 y murió en 1873, y Pardo Bazán vivió entre 1851 y 1921. Las dos se refugiaron en la religión al final de su vida, no muy larga pero sumamente provechosa. La dedicación de ambas a la literatura resulta ejemplar, sobre todo porque nunca cejaron frente sus detractores; se impusieron, a pesar de todo, a fuerza de talento. Hubo quien las llamó hombres, pero no lo eran; fueron mujeres geniales, dedicadas, ambiciosas, insistentes, invencibles, aun en sus derrotas. La prueba es la supervivencia de sus escritos y el reconocimiento del lugar que ocupan en nuestro propio panteón de mujeres ilustres, ejemplares.

 

Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para Textos del Circuito. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imagénes: www.cervantesvirtual.com

 

+ de Zaida: Duetos en la historia y la escritura. María Teresa y Ofelia

Con la colaboración:

Duetos en la historia y la escritura. María Teresa y Ofelia

Duetos en la historia y la escritura: María Teresa y Ofelia

Por Zaida Capote Cruz

 

Dos novelistas levantaron su voz contra la guerra, pelearon incansables y relataron luego sus experiencias en la batalla. María Teresa León y Ofelia Rodríguez Acosta coinciden en atender, cada una a su modo, las urgencias de su tiempo.

En La Habana, a fines de la década del 20, los estudiantes asumieron la defensa de la dignidad popular. En sus protestas contra el gobierno de Gerardo Machado, tomaron las calles y pusieron sus mártires. El asesinato de Rafael Trejo en 1930 detonó amplias protestas y encauzó la resistencia. Ofelia Rodríguez Acosta, detenida en alguna ocasión por conspirar contra el gobierno, relató los avatares de la lucha antimachadista en Sonata interrumpida, una novela publicada en México en 1943. Las movilizaciones, las reuniones clandestinas, los desmanes de la porra machadista que intentaba aterrorizar a los revolucionarios, todo se cuenta en esa novela. Allí aparecen algunas mujeres violentadas por los partidarios de la dictadura: un policía deja ciega a Olga de un mazazo que le rompe los espejuelos; una porrista le rasga la cara a Luisa dejándole una cicatriz que a partir de entonces la joven revolucionaria llamará “mi condecoración”.

Otra obra de Rodríguez Acosta desnuda la insensatez de la guerra, y entiende el vínculo sanguíneo entre los oprimidos de cualquier parte. En la noche del mundo, publicada por Manuel Altolaguirre y Concha Méndez en La Verónica en 1940, es un texto expresionista casi, centrado en la denuncia de la guerra como razón del capital. Era el símbolo de los tiempos, cuando se disputaba el destino de la humanidad en cada corazón comprometido. Escrita en los duros años del ascenso del fascismo y la derrota de la España republicana, la prosa descoyuntada de esta novela trasmite la desazón frente al revés sufrido por los mejores ideales humanos.

Pero volvamos a la lucha antimachadista. Una crónica de Pablo de la Torriente Brau no muy conocida (yo debo su lectura a Ricardo Hernández Otero), relata los preámbulos organizativos, primero, y luego la peregrinación de un grupo de mujeres al cuartel militar más importante de La Habana para pedir el cese de la represión. Pablo había estado en la manifestación que resultó en la muerte de Rafael Trejo;también llegó herido al hospital donde los médicos intentaron salvarle la vida al estudiante mártir. Las primeras en ofrecer una guardia de honor al cadáver de Trejo fueron las mujeres, ellas entraron al cementerio llevando en andas el ataúd. El cronista identifica a Ofelia Domínguez Navarro, Flora Díaz Parrado y Ofelia Rodríguez Acosta. La muerte de Trejo quedó grabada en la piel de cada combatiente, y varias mujeres, reunidas luego en casa de Loló de la Torriente, decidieron, en público de desagravio, organizar un homenaje.

Cuando María Teresa León llegó a La Habana con su esposo, Rafael Alberti, era abril de 1935 y aun duraba la resaca de la revolución antimachadista; el golpe contra el Gobierno de los Cien Días había extremado el enfrentamiento revolucionario y en mayo de ese año caerían Antonio Guiteras y Carlos Aponte en el Morrillo. Quizás no intuyera ella cuánto de aquella situación podría marcar su experiencia posterior, durante los años de la Guerra Civil española.

Organizadora del Congreso de Valencia en 1937, fundadora de las Guerrillas del Teatro para difundir las ideas antifascistas a través de un arte de agitación urgente, salvadora de los tesoros del Museo del Prado, María Teresa León llevó a la letra de su novela Contra viento y marea, de 1941, las vivencias arrasadoras de aquellos años al servicio de la causa republicana.

También en 1937 Ofelia había ofrecido en París el testimonio de su paso por la España de preguerra en la que mencionó el profundo vínculo entre luchadores de ambos países, cuando “muchos de los nuestros vierten la siembra de sus vidas sobre el terreno del combate, grano a grano, gota a gota, con los hijos del suelo español”. Pablo, comisario político del Quinto Regimiento caído en Majadahonda, fue uno de ellos. También fue el modelo del “hombre oscuro”, proveniente de una “pequeña patria rodeada de azul”, cuyo destino Contra viento y marea sigue por un buen tramo.

Su escritura da fe de cuánto se emplearon en la defensa de sus convicciones y en el trabajo de un arte militante, comprometido, que las llevó a coincidir en la distancia.

Durante toda la primera parte, sin embargo, la acción transcurre de este lado del Atlántico. La novela relata la experiencia cubana, también rememorada en sus Memorias de la melancolía (1970). Guajiros empobrecidos, negros discriminados, intelectuales presos —Juan Marinello y Regino Pedroso, entre los redactores de la revista Masas, condenados por “propaganda sediciosa”— y una voluntad de lucha que encuentra en cada esquina el oído atento de esa cronista solidaria venida de ultramar. Y la Cárcel de Guanabacoa, donde iban a dar las presas políticas, y su labor allí, en aquel sitio al que llegaron a visitarlas María Teresa y Rafael en 1935.

Aunque pretende evitar hablar de política, dice, Contra viento y marea es una novela política de cabo a rabo. Hasta al hablar de las relaciones íntimas entre hombres y mujeres asume la visión de unos tiempos nuevos, cuando también en lo privado deben cambiar las cosas, como bien saben Ana María, enfundada en su mono azul, o las cubanas presas en Guanabacoa. De Cuba lo pone todo: la situación política, los abusos cotidianos, la dependencia económica de los Estados Unidos, el entierro de Mella, la marcha de las maestras, y el colofón de siempre, la prisión. Su esfuerzo literario gana el lenguaje y hay tánganas y ñeque para celebrar el contagio de ese otro mundo. Por ahí se emparienta con la novela de Rodríguez Acosta.

Ellas lucharon sus propias batallas y sintieron como propias las batallas ajenas, las relataron o reseñaron. La defensa de su idea de justicia nunca fue una cuestión individual, se sintieron ciudadanas del mundo y parte de una humanidad comprometida con alcanzar el promisorio futuro donde el fascismo y las dictaduras no fueran más que un mal recuerdo. Militaron del lado de los más, por la paz y la vida. Su escritura da fe de cuánto se emplearon en la defensa de sus convicciones y en el trabajo de un arte militante, comprometido, que las llevó a coincidir en la distancia.

 

Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para Textos del Circuito. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imagénes: www.cervantesvirtual.com

 

+ de Zaida: Duetos en la historia y la escritura. Gertrudis y Emilia

Con la colaboración:

Trolls y haters. El derecho a la libre expresión y no discriminación

 

 

Por Yoanka Rodney

 

Por problemas de seguridad, ya que he sido agredida en las redes sociales, no atenderé más Facebook” … “un hombre se obsesionó conmigo…cuando lo bloqueé,hackeó mi perfil personal y una página llamada Historia de la Vida, donde compartía historias reales, solo cambiando los nombres. Lo denuncié, me hice cuentas nuevas y la restringí…pero tiene muchos perfiles y aún intenta comunicarse conmigo”

Kira Romero (Tomado de IPS, 2 de octubre 2019)

A inicios de octubre del pasado año, la agencia de noticias IPS relataba bajo el título La violencia en internet alcanza ya a las mujeres cubanas, un artículo que envía un mensaje claro:la necesidad de estudiar con urgencia y empoderar a las mujeres cubanas contra la violencia machista. El escrito hace referencia a la decisión de la emprendedora Kira Romero de abandonar Facebook por ser víctima de continuas agresiones, después de hacer público su proyecto Firdaus, primer bazar para musulmanas en Cuba.

El testimonio anterior es el drama de muchas mujeres con nombres y rostros que deciden ser emprendedoras y abrirse espacios en las redes sociales. Al defender sus sueños molestan a quienes abrazan el patriarcado y como resultado son víctimas de diversos tipos de violencias que se propaga mediante las redes sociales.

Sin duda alguna, las redes sociales contribuyen a difundir hechos y datos, articulan relaciones que complementan y ocasionalmente reemplazan al trato presencial. Estos sitios ofrecen a grupos e instituciones de toda índole la posibilidad de promover sus intereses. El acceso abierto, el empleo del anonimato, la ausencia de filtros para los mensajes que circulan en ellas son virtudes que afianzan la libertad de expresión en las redes sociodigitales. Pero esos atributos, al mismo tiempo, favorecen la propagación de banalidades, mensajes de odio e intolerancia[1]

En la misma medida en que la comunicación en línea posibilita la reflexión, el debate e incluso la polémica, también propaga prácticas que en reiteradas ocasiones ponen de relieve el complejo encuentro de los procesos de discriminación con el derecho a la libre expresión. La tecnología digital conecta todo tipo de comportamientos, entre ellos, los que manifiestan constantemente conductas hostiles, calificadas en muchos casos como trolling (propagación en línea de insultos y amenazas de usuarios que suben contenidos polémicos derivados en comentarios afectivos) o hating (contenidos cargados de una animadversión explícita, generalmente dirigida contra una persona o sector social con la finalidad de intimidar)[2]

Los trolls y haters atacan a periodistas, políticos, deportistas, personas famosas y otras no tanto. Por ello también son blanco de sus improperios mujeres investigadoras, blogueras feministas, mujeres del arte, periodistas, en fin, mujeres que se dedican a temas de género, sexualidad, violencia de género, en sus muros de Facebook o Twitter. Trolls y haters suelen ser provocadores anónimos o con identidades falsas. Aunque vale reconocer que no todos los que ejercen el trolling o el hating lo hacen desde el anonimato y el engaño, y, en ocasiones, cualquier persona puede indistintamente en un momento determinado comportarse como uno u otro.

Un troll es una persona que, mediante comentarios, insultos, fotos que expresan odio, prejuicio o cualquier mensaje desagradable, simplemente producto de una reacción emocional desmedida, quizás para llamar la atención o hacerse notar, puede causar enfrentamientos personales o grupales rápidamente, así como destruir la reputación de alguien en cuestión de minutos con sus acciones y actitudes[3]. Su función es reclamar la atención o la de imponer un tema y su modo de pesar. No les importa lo que dicen, ni las reacciones que puedan provocar en la víctima, sólo quiere “brillar” por un momento resaltando cosas negativas. Mientras más personas les hacen caso, más felicidad para ellos. Por su parte, un hater considera que lo que expone es verídico y utiliza diferentes formas para demostrarlo, aunque esté equivocado. Sus injurias y difamaciones pueden ser bien lesivos e hirientes.

Otro ejemplo de este tipo de agravio lo encontramos en el artículo Misoginia y sexismo en el ataque a las ciencias sociales. En el mismo, Elizalde[4] hace referencia a los ataques misóginos, sexistas y violentos en términos de género, de los comentarios lanzados por los trolls a distintas mujeres investigadoras que se dedican a temas de género y sexualidad desde disciplinas sociales. Al respecto, comparte lo planteado por “Muticia Ayelén Huenchupan”, en el muro de una compañera que investigó las dinámicas de apropiación de la música romántica y, antes, de la cumbia, por parte de sus fans femeninas –quien escribió– “Por qué las mujeres son tan Tontas?(sic) Atrasan la ciencia con algo que no impacta ni modifica en nada, creen que esto es ciencia? Esto parece lo que yo hacía a mis 7 años jugando a ser investigadora de hojas de árboles”.

Para Elizalde la preocupación, pues, por dar cuenta de las condiciones no sólo históricas sino actualizadas de funcionamiento del sexismo y de la misoginia (entendida como desprecio u odio hacia las mujeres, lo femenino y/o lo culturalmente feminizado) encuentra renovadas razones ante las afrentas acometidas contra las investigadoras mujeres y, con especial saña, contra quienes trabajan temas asociados a los géneros y las sexualidades. Señala además que estas actividades “se inscribe en el tipo de acciones que responden a una específica política de ataque y/o persecución con fines político-ideológicos bien concretos (…) estas agresiones buscan aleccionar al respecto de la “futilidad”, la “irrelevancia” y la “ilegitimidad” de producir evidencia empírica y reflexión teórica sobre ciertas prácticas culturales.

En la situación aquí analizada, las aseveraciones peyorativas y sexistas contra investigadoras del campo de los estudios de género y sexualidades funcionan habilitando y reforzando el control, la estigmatización y la sanción pública sobre ellas, en tanto medidas “aleccionadoras” ante sus “desvíos” o atrevimientos investigativos.

_

[1] Trejo Delarbre, R. “En el prejuicio y la palabra: los derechos a la libre expresión y a la no discriminación en contraste”. En: Jesús Rodríguez Zepeda y Teresa González Luna Corvera. 2018. Consejo nacional para prevenir la discriminación.

[2] Donath, 1999; Dhalberg, 2001; Hardacker, 2010; Rafferty, 2011; MacKinnon y Zuckerman, 2012; Markey, 2013; Bishop, 2013; Reagle, 2015; Barredo I., D. et. al 2018; Trejo D, R. 2018

[3] Barredo Ibáñez, D.; Cunha, M. R. & Hidalgo Toledo, J. (Eds.) (2019)

[4] Elizalde, S. (2016) en su artículo Misoginia y sexismo en el ataque a las ciencias sociales

 

Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para la sección Bullying & Arte. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imágenes: ameco press;  sus autorxs

 

Conoce + sobre las violencias de género en líneas

Feminista… a mi manera

¿Por qué llamarse feminista es como una letra escarlata para algunas directoras de cine, guionistas; gestoras, productoras, artistas mujeres…?

¿Por qué temerle al feminismo y a declararse como tal públicamente?

Lee la  #Microhistoria de Thais.

Imagen: AmecoPress

Feminista… a mi manera

Por Thais Gaes

Cada vez que escucho a una mujer reconocida en su campo profesional negar enfáticamente que es feminista, me pregunto si tendrá noción de qué es el feminismo. Pongamos, por ejemplo una realizadora audiovisual, fotógrafa o una gestora.

Resulta grato escuchar sus historias de vida, sobre todo cuando señalan que se sienten plenas como mujeres en sus respectivas carreras. Celebro con orgullo sus éxitos en terrenos dominados exclusivamente por hombres, como lo es el cine, la fotografía y la gestión artística. Sin embargo, esa alegría pronto empieza a desvanecerse cuando acto seguido las mentadas aclaran, para que no quepa margen a dudas, que ellas no son feministas ni tienen nada en contra de los hombres.

Las feministas no somos enemigas de los hombres -aclaro que hay hombres feministas-. No nos creemos superiores ni inferiores. Tampoco somos iguales por obvias razones biológicas, además de culturales, sociales, entre otras.

El feminismo aboga por la igualdad entre los géneros, empero esto no significa que todxs tenemos que ser iguales, sino que podamos disfrutar de los mismos derechos indistintamente de nuestro sexo, género, identidad de género, orientación sexual.

Tampoco ser feminista te convierte en buena o mala persona. Los valores y principios de cada quien responden a otras causas, determinadas en primera instancia por la educación –crianza, instrucción, formación, familia, escuela, amigxs, trabajo, barrio, etc.

Me pregunto de dónde proviene tanto resquemor ¿Por qué temerle al feminismo y a declararse como tal públicamente?

El asunto se vuelve aún más candente en las propias paradojas de estas mujeres mencionadas al inicio, todavía más si son emprendedoras. He escuchado a varias narrar en detalle -incluso he sido testigo- cuánto sacrificio y esfuerzo les ha costado granjearse apoyos y gestionar recursos para sus proyectos. No obstante, son incapaces de reconocer que si están ahí es porque han tenido que luchar también contra incontables obstáculos debido al hecho de ser y asumirse como mujeres.

Algunas administran y/o lideran sus emprendimientos a cuenta y riesgo de sus bolsillos, abriéndose paso a duras penas entre trabas puestas expresamente a ellas. Todo eso sin dejar a un lado muchas la doble jornada laboral: profesional y doméstica. Otras intentan reducir inequidades en sus equipos de trabajo propiciando la paridad entre hombres y mujeres. Tratan de que exista la mayor equidad posible en cuanto al acceso de oportunidades educativas y profesionales para sus colegas.

Magineras en la Casa de las Américas. Asociación de Mujeres Comunicadoras, Magín Cuba. Imagen: IPS

Danae Diéguez, fundadora del proyecto Mirar desde la sospecha. Panel ¿Las mujeres filman diferente a los hombres?, Uneac, 2011. Imagen: IPS

La cineasta y feminista Marilyn Solaya dialoga sobre su filme Vestido de Novia. Seminario Luc Chessex en Cuba: miradas de género, organizado por C. Líquido

En público comparten su admiración hacia otras mujeres que les precedieron e inspiraron en sus vidas. Fueron sus profesoras, tutoras, sus paradigmas. En consonancia y continuidad con ese legado, ellas mismas son un ejemplo para sus sucesorxs.

Aun así llamarse feminista es como una letra escarlata* de la que rehúyen a toda costa, como si con ello cargaran con un peso de vergüenza sobre sus hombros. Ignoran que si hoy tienen derecho al voto, es porque un grupo de sufragistas mujeres lucharon en el pasado para poder elegir a quienes las representarían en el gobierno y en el parlamento. Ningún hombre tomó esa iniciativa.

Hasta donde la Historia nos recuerda: el divorcio, el aborto, la patria potestad de los hijos, la custodia, la titularidad de una propiedad, de una cuenta en el banco, ocupar cargos ejecutivos, etc… fueron batallas campales de años y siglos hasta que se convirtieron en derechos amparados y regulados jurídicamente. Nadie los regaló, tuvieron que lucharlos las mujeres.

Cada logro fue una contienda en sí mismo. Costaron vidas, humillaciones, cárcel, vejaciones, pérdidas, desalojos, juicios, violaciones.  El precio fue tan alto y el costo tan sangrante que lo menos que se puede hacer es defender esos derechos y protegerlos.

Lamentablemente se tiende a olvidar a esas mujeres que lucharon por lo que tenemos hoy. Se omite lo que hicieron en el pasado y el lugar que les corresponde como referentes en el presente. Es el legado trunco que hemos heredado y recibirán a su vez las generaciones futuras como sigamos negándonos a nosotras mismas, un relato cargado de prejuicios y rezagos misóginos.

La Historia de la Humanidad -que no la del hombre, como predomina en la bibliografía universal- es masculina porque ha sido contada mayormente por esta representación poblacional. Hay más héroes que heroínas porque a ellos les interesa legitimar a sus congéneres, ponerlos de valientes guerreros mientras que a las mujeres las colocan de sirvientas o enfermeras, de esposas o hijas, de amantes, putas o brujas, o son objetos de inspiración de las obras.

Hasta la religión los privilegia. A ellas por el contrario su sino les depara pecados y desgracias como a Lilith, Eva, Dalila, Maria Magdalena, Carmen, Juana de Arco, etc…

 

Imagen: AmecoPress

No olvidar que en este minuto en varios países de América Latina se penaliza a las mujeres por interrumpir el embarazo. Se les condena a años de cárcel incluso si el aborto es involuntario. En esos casos el código penal es implacable. Sin embargo, al momento de solicitar la licencia de cuidado postnatal las leyes son laxas para dirimir el tiempo que le correspondería a cada progenitor equitativamente, en aras de que ambos puedan disfrutar de su maternidad y paternidad por igual.

El acceso a oportunidades profesionales dista a más kilómetros de nosotras que de ellos. Nos restriegan las cifras de directivas, pero seguimos estrellándonos contra el techo de cristal. Nadie dice que buena parte de esas mujeres implantan estilos de dirección masculinizados porque temen que no se les respete. Se construyen por consiguiente un personaje basado en el arquetipo falocéntrico de macho varón.

Portada ebook. Editado por Cubaposible

Intervención de la Dra. Norma Vasallo, Presidenta Cádetra de la Mujer UH en el Panel Mujeres en el cine organizado por la Casa del Festival de Cine de La Habana como antesala al Laboratorio Escritura audiovisual para mujeres guionistas organizado por C. Líquido

 

 

 

 

 

 

 

 

Me consta en carne propia que es difícil romper con siglos de enseñanza heteronormativa. Que nos lo digan a nosotrxs que lo sufrimos a diario batiéndonos con oponentes, aunque cabría decir opositorxs, de todo laya, y a veces entre nosotrxs mismxs.

 

Anna Serner. Imagen: Marie-ThérèseKarlberg, Instituto del Cine de Suecia, El diario.es

Hace unos meses asistí al panel Mujeres en el cine en la Casa del Festival, en La Habana. La mesa estuvo conformada por mujeres de varios perfiles: dirección, dirección de arte, guion, actuación, producción. Cuando se abordó el tema de las inequidades, una de ellas ilustró la situación positiva de las cineastas en Suecia dada las facilidades que tienen para la producción de sus metrajes, concluyendo que: “las suecas tienen suerte de poder hacer sus películas”.

Como bien dice una sabia amiga: las suecas no tienen suerte, tienen políticas audiovisuales. No debemos confundir suerte con derechos ni con legislaciones.

¿Por qué tienen que sentirse privilegiadas por dedicarse a una carrera en la que a sus pares masculinos no les ponen trabas por ser hombres? Encima de todos los obstáculos con los que tienen que lidiar: financieros, jurídicos, logísticos, políticos, existenciales…también tienen que enfrentar el sexismo.

Conozco a varias realizadoras que a pesar de afirmar rotundamente no ser feministas, – una sola de las participantes en el panel lo era, por cierto- curiosamente sus historias fílmicas tratan más de mujeres subversivas que tradicionales.

Nadie les quita razón porque detesten “las etiquetas, tampoco les gusta que le pongan calificativos de género a su obra. Pero por favor, limítense a hablar de feminismo como si fuera un crimen, una palabra sacrílega, tanto más si ignoran su significado.

El feminismo ha ganado derechos que por siglos fueron restringidos. Ha ofrecido -continúa haciéndolo- alternativas, caminos, sueños y esperanzas que antaño fueron vedados para una parte importante de la población mundial. En este instante, mientras escribo, se investigan las causas de un presunto feminicidio de Leydi Laura García Lugo, de 21 años en Villa Clara. Mientras estamos a la espera de una ley que tipifique la violencia de género en el país, continuamos soportando el acoso callejero. Aprendí de feministas que no tengo que responder ningún piropo, no tengo que darle gracias a ningún acosador que se cree que me está elogiando.

Meme feminista

Defiendo el feminismo porque es mi elección de vida. Lo hago a mi manera como todos los que creen y luchan por sus convicciones. No se me ocurriría presionar a nadie para que sea algo porque entiendo que esa decisión debe partir de la propia persona.

Pero ya va siendo hora de empezar a reeducarnos, desaprender y aprender. Que es un proceso de crecimiento e interiorización no exento de turbulencias, lo es, más necesario para lograr un pensamiento pluridiverso e inclusivo que igualmente es feminista.

 

Activa tu red y comparte esta #MicrohistoriaMujeres  #CircuitoLíquido

 

Magela-Romero-Almodovar

 

Recursos Prácticos para violencias cotidianas

Con la colaboración de Magela Romero

  • No etiquetes sobre la base del desconocimiento. Estudia sobre Feminismo, de modo que puedas comprender la importancia histórica de este movimiento político e ideología en el establecimiento de sociedades más justas.
  • Consulta datos relativos a la participación de las mujeres en la industria cinematográfica y descubre a través de estos, la poca participación y protagonismo que aún tienen las mujeres en campos como el guion, la dirección, la producción o juntas directivas, a pesar de la feminización de los estudios relacionados con el audiovisual.

 

*La letra escarlata, novela del escritor estadounidense Nathaniel Hawthorne. Su protagonista, una joven madre soltera, fue condenada a vivir en la periferia de la localidad donde residía; además de ser castigada a llevar de por vida una letra A escarlata en su pecho como símbolo y recuerdo de su pecado, por el cual sufrió escarnio.
Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para la sección #MicrohistoriaMujeres. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imagénes sus autorxs

 

 

“Ser feminista no es solo cosa de mujeres”. Descarga PDF y disfruta la lectura de Todos deberíamos ser feministas, de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi; un texto con el que conectarás desde la primera línea

 

 

+ #MicrohistoriasMujeres  

 

Me planto. El cerco sobre el aborto

 

Mujer al timón

 

 

Mis años felices

 

Mobbing en el mundo del arte + Testimonios y Test

¿Cómo viven situaciones de mobbing quienes se desempeñan en el mundo del arte?

¿Qué hacer y dónde acudir?

Lee detenidamente el post de Yoanka + Testimonios, y hazte el Test para saber si estás o puedes estar siendo acosada/o  en tu espacio laboral. También puedes compartir tu testimonio de manera anónima si lo deseas.

yoanka-rodneyEl mobbing: La cara de una moneda

Por Yoanka Rodney

 

 

Como gestorx, curadorx, productxr… ¿Alguna vez has sentido que te quitan responsabilidades para cumplir trabajo de rutina; te asignan proyectos inalcanzables con reiterada frecuencia para demostrar tu “incapacidad” de realizar una exposición, o te retienen información significativa para desarrollar un proyecto? ¿Sientes que se burlan de tu vida privada; te maldicen o calumnian; se cuestionan constantemente tus decisiones, tus creaciones artísticas, audiovisuales; o te persiguen sexualmente hasta el cansancio? ¿Cuántas veces al día, en la semana, al mes, en el año, has sentido que ocurren estos hechos?

Si las preguntas anteriores o algunas de ellas tienen respuestas afirmativas, te recomiendo entonces no pasar por alto que estás o puedes estar siendo acosada/o  en el espacio laboral.

¿Qué es el mobbing?

En la literatura especializada se conoce como mobbing al acoso que ocurre en los espacios laborales. La palabra se deriva del verbo inglés “Tomob”, que se traduce como ser atropellado o atacado por la multitud. El término mob fue introducido por Konrad Lorenz para referirse al comportamiento agresivo de ciertos grupos de animales con el objetivo de echar a un intruso del territorio. Según Heinz Leymann en su texto Mobbing. La persecución en el trabajo. 1996: “En las sociedades de nuestro mundo occidental altamente industrializado, el lugar de trabajo constituye el último campo de batalla en el que una persona puede matar a otra sin ningún riesgo de llegar a ser procesada ante un tribuna. Para Cárdenas B, M.T y Trujillo V, N. (2007) en su texto Mobbing y Burnout: Un problema personal y laboral, el mobbing es un tipo de violencia que se expresa de diversas maneras. Tiene una alta incidencia en las mujeres, sobre todo en las que pertenecen a minorías raciales, a lo largo de su carrera laboral y en puestos relacionados con los servicios.

El psicólogo, escritor, investigador y profesor español de la universidad de Alcalá, Iñaqui Piñuel y Zabala, señala que el mobbing es una problemática longeva, que viola los derechos humanos de las víctimas, les impide asistir a los centros laborales y estar libre de la violencia psicológica de sus colegas. Es un continuo y deliberado maltrato verbal o modal que recibe un trabajador por parte de otro u otros, que se comportan cruelmente con él en vista de someterlo, reducirlo, apocarlo, amilanarlo y destruirlo psicológicamente. A la vez, puntualiza que estas actitudes de hostigamiento son recurrentes, frecuentes y sistemáticos.

Estudiosos del tema como Medina-Gómez, O. S. señala que “la OIT estima que el mobbing está presente en el 7% del ámbito laboral mundial, mientras que en algunos países de Latinoamérica se ha reportado una prevalencia entre 3.5% al 25.37% siendo el sector salud y de educación los más vulnerables” (2016).

El mobbing (acoso laboral) se puede manifestar de manera vertical u horizontal, o sea, entre pares de la misma o distinta área laboral, provocando disímiles afectaciones psicológicas que conducen en muchas ocasiones al abandono del centro laboral. Cualquier persona independientemente de su sexo,raza, identidad de género, discapacidad, lugar de residencia, puede ser víctima de mobbing, aunque existe consenso entre los investigadores al señalar que son las mujeres la población más vulnerable. Pero, independientemente de estas características demográficas otras variables como el tipo de trabajo de la víctima, del agresor y del acto de violencia en sí son importante tenerlas en consideración para poder atender y prevenir esta problemática.

¿Qué pasa en Cuba? ¿Cuáles son los desafíos y brechas existentes?

Aunque el Código de Trabajo cubano establece la obligación que tienen empleadores de velar por la integridad física, moral y psicológica de sus trabajadores “se hace necesario perfeccionar el proceso legal y los medios de prueba”, según la jurista e investigadora cubana Imbert Milán (2015). El acoso laboral es “difícil de probar debido a que no está tipificado como delito en Cuba. Se considera como “un delito de soledad, porque a veces el acosador se dirige a la víctima en privado. Pero generalmente hay un tercero que ve o evalúa y no le pone coto a esta situación”, expresa la  investigadora en entrevista ofrecida al periódico Trabajadores [1] (2018).

 

Visibilizar el tema desde las artes visuales y el audiovisual permite desnaturalizar las diversas conductas de acoso que se producen en estos espacios; y posibilita sensibilizar, compartir y denunciar el dolor de las víctimas, que queda siempre sepultado por un sentimiento que pocas veces se tiene en cuenta: la vergüenza.

A continuación comparto tres testimonios de personas vinculadas al ámbito de las artes visuales que han sufrido conductas de acoso en su espacio laboral:

 

Tengo a mi cargo diversos proyectos curatoriales durante el año. Entre mis funciones está no solo asumir el diseño del proyecto, sino la selección de artistas y redacción del texto curatorial. La dirección de la institución, desde su posición de poder, y sin justificación alguna comenzó una serie de ataques reiterados asignándole la responsabilidad de los textos curatoriales de cada uno de mis proyectos a otra persona, privándome de redactar el texto que aportaría mayor visibilidad a mi labor. Me sentí vulnerable, desmotivadx, comencé a hacerle rechazo al trabajo. Muchísimas veces he pensado en cambiar de centro laboral.”

Testimonio anónimo. Curadxr, institución artística cubana

“Cada vez que expresaba mi opinión en las reuniones sistemáticas del grupo de trabajo, conformado por gestores, productores, investigadores, curadores, directivos, para analizar la programación de expos, evaluar la nómina final, las actividades de perfil pedagógico, o establecer los calendarios, una persona integrante del grupo (siempre la misma) emitía argumentos carentes de rigor profesional con la intención de opacarme, cuestionando mis decisiones, mostrando desinterés durante mis intervenciones, hablando en voz baja con otros integrantes del grupo, con el propósito de desconcentrarme. Este tipo de acoso, motivado por competencias, celos profesionales y envidia, se ha prolongado por años.”

Testimonio anónimo. Gestxr-curadxr, institución artística cubana

«Inepta». «Eres una burra». «Te voy a pegar tres tiros». «Sólo sabes hacer manualidades». «Tú cállate. Tú cállate». Esto no es una performance de la Escuela de Arte de León. Es mobbing. Acoso psicológico en el trabajo. La víctima: una maestra vidriera. El acosador: el jefe del Departamento Didáctico de Proyectos del Ciclo de Pintura sobre Vidrio”

 

 

Marta Balmaseda,profesora Escuela de Arte de León, España

El testimonio anterior constituye una vivencia imborrable de Marta Balmaseda, una maestra jubilada de la Escuela de Arte de León por enfermedad profesional. Ella fue indemnizada después de sufrir durante nueve años «daños morales, físicos y psíquicos» por parte del jefe de su departamento.

Películas y documentales cubanos como la multipremiada Fresa y Chocolate, Estoy viva… y lo voy a contar, o el telefilme español Mobbing, son muestra de ello:

Fresa y Chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, aborda entre las subtramas la situación de Diego (Jorge Perugorría), un artista que decide abandonar el país y no buscar otro empleo debido al descrédito de su capacidad profesional, la cual experimenta en su centro de trabajo y se recoge en su expediente laboral por su orientación sexual, su forma de pensar y su obra artística. Si bien la película no aborda tácitamente el mobbing, en la obra se hace alusión a la problemática en cuestión.

La realizadora Lisset Vila nos presenta a Teresa en el documental Estoy viva…y lo voy a contar. Su testimonio devela la violencia contra las mujeres al contar la vivencia angustiosa que sufrió por manifestarse en contra de una indicación de su director que ella consideró inadecuada. Esto provocó “un estado de rumor que termina en la propuesta de una sanción bastante fuerte porque era la separación definitiva de mi cargo… es algo que recibí de igual modo que se recibe una bofetada, afectó mi salud, mi estado psicológico. No se puede trabajar cuando uno está presionado emocionalmente…”

En el telefilme español Mobbing, dirigido por Sonia Sánchez, Esther, la protagonista, tiene una nueva jefa tras el fallecimiento de su antiguo director. Reyes, mujer atractiva y ambiciosa, está dispuesta a todo con tal de conseguir sus objetivos, pero tiene algo que ocultar: una estafa que su jefe descubrió antes de morir y de la que existen documentos inculpatorios. Incapaz de localizar la documentación y creyendo que Esther la tiene en su poder, Reyes tratará de eliminarla sometiéndola a una cruel represión.

Luego de acercarnos un poco al fenómeno del mobbing desde algunas opiniones de diferentes investigadores se hace necesario ahondar en los roles y perfiles que caracterizan a las personas implicadas en estas situacionesy las acciones que se pueden tomar ante una situación de acoso laboral con el fin de transformar dicha realidad.

Perfiles de las víctimas

  • Envidiables: consideradas como peligrosas o competitivas. Alta capacitación profesional. Popular entre sus compañerxs y alto sentido cooperativo para el trabajo en equipo
  • Vulnerables: necesitadas de afecto y aprobación. Consideradas como inofensivas o indefensas
  • Amenazantes: activas, eficaces, reaccionan contra el autoritarismo de un superior y no se dejan avasallar, alterando el equilibrio del grupo. Autónomas, independientes y con iniciativa. Honradas, rectas y con alto sentido de la justicia

 Perfil de las personas acosadoras

  • Ausencia del sentimiento de culpabilidad
  • Profesional mediocre, con complejo de inferioridad
  • Necesita del secreto, la vergüenza de la víctima y los testigos mudos, ciegos y sordos

¿Qué hacer si sufres mobbing?

Para la jurista Imbert Milán la mejor opción ante un acto de violencia incluyendo el acoso laboral, es la denuncia, para lo cual recomienda:

  • Comunicar al superior jerárquico la situación de acoso o acudir al órgano de justicia laboral, tenga las pruebas o no, aunque siempre es mejor contar con ellas
  • Constituyen pruebas: los testigos, correos electrónicos, actas de reuniones donde haya quedado registrado algún planteamiento o queja sobre el tema, certificado médico por estrés emitido por un facultativo médico o cualquier otro aspecto que sirvan para respaldar la denuncia
  • O dirigirse a los servicios de orientación jurídica (miércoles y viernes, 8:30 am.-12:00 m.) del Cenesex, ubicado en Calle 10 No.460 esq.21, Vedado

Socializar experiencias de mobbing en el mundo del arte, de la cual somos testigos o protagonistas, y diferenciarlas de lo que es establecer la disciplina en el ámbito laboral, contribuye a identificar la violencia en estos espacios. Sin embargo, se hace necesario advertir que denunciarlas es la mejor manera de defender nuestra libertad individual.

 

[1] Hernandez M, L. (2018) Acoso laboral: fenómeno ya no tan silencioso.  Publicado el 1 abril, 2018.
Este post expresa el punto de vista de su autora.
Texto escrito especialmente para la sección Bullying & Arte. Se prohíbe su reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imagénes sus autorxs

 

Para saber si sufres de mobbing (acoso laboral) hazte el Test. También puedes compartir tu testimonio (puede ser anónimo).

 

Quiero saber +
Bullying y ciberbullying: mito o realidad + testimonios, caricaturas e infografías

Nos sigue apoyando 😉

consejeria-cultural

Entradas más antiguas «