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Entrevista con Luc Chessex. “He regresado fielmente”. III parte

¿Cómo se siente Luc después de tantos años, de tanta obra, de tanta experiencia, de varias idas y venidas, de amor y odio, de abrazos y despidos?

Descubre las respuestas del fotógrafo suizo Luc Chessex  en esta III (y última parte)  de la entrevista.

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Entrevista con Luc Chessex. “He regresado fielmente”. (III)

Por Grethel Morell

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Grethel Morell y Luc Chessex en un intercambio de sus libros: Damas, esfinges y mambisas… de Grethel, y los ensayos fotográficos de Luc Cherchez la femme y Chessex

“He regresado fielmente”

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GM: En una ocasión expresó en una entrevista que se “sentía más cubano que los propios cubanos”, a pesar que de vez en cuando nosotros los cubanos, le cito, “te sacaban el tema de tu extranjería y que eso a veces era molesto” ¿cómo se siente Luc después de tantos años, de tanta obra, de tanta experiencia, de varias idas y venidas, de amor y odio, de abrazos y despidos?

LCH: Es un poco un chiste… Pero claro, después de vivir 14 años aquí trabajando, sin cobrar nunca ni un dólar, así con el sueldo básico de un cubano, te vienen a sacar tu extranjería, por supuesto, no te hace mucha gracia. Pero me siento bien. He regresado fielmente.

Hubo esa época, que vamos a llamarle otra vez “el quinquenio gris”, donde hubo esa incomprensión, que como ya he dicho, no entendí por qué me habían dejado plantado, fuera de salario, que es como decir la muerte, porque en el año 75 sin salario aquí no se podía vivir. Entonces no lo entendí. Por eso escribí a Carlos Rafael Rodríguez, y recibí esa respuesta, un poco como decimos en francés, en “lengua de madera”, donde no se dice nada.

Pero como ocho o diez años después vino la invitación del actual Ministro de Cultura, Abel Prieto.

GM: ¿Quién es el primero que abre otra vez ese puente de Luc hacia La Habana?

LCH: Quizás es Enrique de la Uz hablando con la gente de la Fototeca. La cosa es que cuando llego estaba el Ministro aquí, la Embajada de Suiza había hecho un coctel, entonces oficialmente me abren la puerta.

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GM: Luego todo fue fluyendo, hasta el día de hoy que está otra vez en La Habana… Permítame una pregunta que ya le hice en una ocasión, pero me gustaría cerrar con ella la entrevista. Se ha hablado durante todos estos años qué ha significado Luc y su obra para la fotografía cubana, ya es algo indudable, “incosumible” una idea opuesta, como el cartel que vimos hace un rato. Ya se consume fotografía cubana con la influencia de Luc, multiplicada con los años. Pero a la inversa, confiéseme, ¿qué ha significado Cuba para Luc, además de sinsabores y amores?

LCH: Es un periodo de formación para mí, mas, cuando uno tiene 25 años. La realización de cosas que yo había estudiado, hablado en Suiza, sobre los movimientos de liberación, de la independencia, del Tercer Mundo. Aquí fue donde viví en carne propia la transformación que sufrió el mundo en esa época: la Revolución cubana, las independencias africanas, la liberación de Viet Nam, otro equilibro en el mundo, la importancia de la Tricontinental y el Tercer Mundo para la historia.

GM: Y en lo personal, no la Cuba de los grandes cambios y su poder simbólico, la Cuba del día a día, la de comer en la mesa de los cubanos y cubanas?

Sí, la de comer en plato de aluminio… pero fue consecuencia de los grandes cambios, esos países que hicieron su revolución. Yo tuve el privilegio de vivirlo, mientras la mayoría de mis amigos lo vivieron a través de lecturas, películas o de pantallas de televisión, sin haberse movido de su país. Es otra cosa vivirlo desde adentro, que observarla de afuera. Una cosa es mirarlo y otra vivirlo.

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GM: ¿Algún consejo para las nuevas generaciones y la fotografía actual? ¿Alguna fórmula?

LCH: No, no… no hay fórmulas ni recetas. El único consejo es que la gente sea feliz, que la vida pasa muy aprisa, así que hay que hacer lo que uno quiere hacer lo más afondo y lo más rápido posible. No dejar para luego. Uno no sabe, uno está vivo hoy y mañana no sabes lo que pueda pasar.

Sí, sí puedo dar un consejo: comer la vida completamente, con entusiasmo, sin reparos. Hacer lo que uno piensa hacer con su vida, de modo justo.

GM: ¿Se siente realizado?  

LCH: Nunca, hasta el último soplo. Espero hacer cosas todavía, tengo aún planes, pero el último soplo no sé cuándo llegará, puede ser esta tarde, dentro de uno o tres años, no sabes. Claro, mi vida está largamente detrás y no delante, porque veo cada vez que tengo más amigos que desaparecen o se enferman, así que estoy más consciente de lo frágil que resulta la vida de uno cuando pasas de los 80. Aconsejo no perder tiempo en hacer cosas que uno no quiere hacer.

GM: La fotografía lo ha hecho feliz… ¿No hubiera concebido su vida sin fotografiar?

LCH: Cuando empecé no tenía una vocación. Leo a veces sobre personas que dicen desde que nacen o desde que tienen cinco años ya tienen una vocación, que quieren ser aviadores o capitán de barco, por ejemplo. Mi oficio vino trabajando, sobre la marcha.

Ahora, si tuviera que empezar otra vez, no pudiera hacer la misma vida, no podría duplicar la vida que viví, pero como no se me va a dar otra oportunidad, no tengo que pensarlo demasiado. Estoy contento con lo que he hecho.

GM: Muchas gracias Luc.

 

Disfrutarás leyendo también la I y II parte de la entrevista a Luc Chessex. Léelas y compártela con el hasthag #entrevistaLuCLíquido

 

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Entrevista con Luc Chessex. “La crítica no significa menosprecio”. II parte

Aquí tienes la II parte de la entrevista con Luc Chessex realizada por Grehtel Morell en el transcurso del Seminario Inmersivo que hicimos sobre la obra de este fotógrafo suizo.

Luc nos cuenta sobre amigos cercanos y lugares claves que marcaron sus relaciones personales y profesionales en la Isla: Mayito, Edmundo Desnoes, Raúl Martínez, Enrique de la Uz; La revista Cuba, Prensa Latina, Casa de las Américas; del eco en el medio artístico local de Los cubanos, ensayo fotográfico que apuesta por una mirada diferente a la estética heroica que imperaba en los 60..

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Entrevista con Luc Chessex. “La crítica no significa menosprecio”. (II)

Por Grethel Morell

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Grethel Morell y Luc Chessex durante el networking, seminario Luc Chessex en Cuba… CL

GM: Vamos a hablar no de cómo llegó, o qué hizo, aspectos sobre los que ya se ha expresado y escrito en buena medida. Le diré algunos nombres y lugares que pudieron ser claves para usted acá en Cuba, y me gustaría que me confesara lo que le representa o recuerda, en su trabajo o en su vida personal. Lo primero que venga a su memoria.

El Hotel Presidente

LCH: Viví allí del 61 hasta el final del 68. Cada vez que regreso por La Habana me doy una vuelta para ver el Presidente. No ha cambiado tanto, en aspecto, porque adentro sí ha cambiado bastante. El barrio, Calzada, El Carmelo, el teatro Amadeo Roldán… Realmente la primera visión que tengo de La Habana fue una semana o diez días viviendo en el Hotel Vedado, en la calle O, y después fue el Hotel Presidente con su barrio. Yo paseaba por su alrededor. Descubrí Casa de las Américas, que queda a unos tres minutos caminando, y ahí conocí a Retamar, al guatemalteco Manuel Galich, a Humberto Peña que era el diseñador de la revista Casa, que era una excelente revista desde el punto de vista gráfico y de los artículos que publicaba.

GM: El Consejo Nacional de Cultura

LCH: Fue mi primer lugar de trabajo. Quedaba no muy lejos del Presidente, en la calle 2, cerca de la avenida Paseo y la Casa Potín que era un salón de té, de propietarios originales franceses. Como Alejo Carpentier fue quien me hizo entrar al Consejo, y a él le encantaba hablar francés, íbamos a merendar juntos a la terraza del Potín. Eso nunca lo voy a olvidar.

GM: El ICAIC

LCH: También fue mi primer encuentro con la cultura cubana y después la cinemateca y todo el  mundo intelectual que giraba alrededor del ICAIC: Mayito, Titón, Jorge Fraga. A Alfredo lo conocí más tarde y más de lejos. No fui íntimo con él. Muchos de mis amigos sí trabajaban allí. Recuerdo a Nicolasito Guillén, que era el sobrino de Nicolás Guillén, cineasta y documentalista.

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GM: Algunos nombres que le fueron más cercanos, Mayito

LCH: Él fue quien me presentó a Carpentier. Siempre tuvimos realmente muy buenas relaciones. Nunca hubo el más mínimo celo. Fíjate que entre fotógrafos, como entre médicos, arquitectos, puede haber sus peleas por intereses, pero con Mayito siempre fue una relación sin nubes ninguna.

GM: Raúl Martínez

LCH: Aprendí bastante con Raúl, que además de pintor era diseñador. Él trabajaba en el Instituto del Libro y me enseñó bastante de diseño, tal como Humberto Peña. Agudicé mi mirada viendo tanto el trabajo de Raúl como el de Humberto.

GM: Pueblo y Cultura

LCH: Era la revista del Consejo que creó Alejo. Cuando me contrató, él tenía en mente crear esa revista. Después se llamó Revolución y Cultura. Fue donde conocí a Reynaldo González y a Héctor Villaverde. En el primer equipo de Pueblo y Cultura en la calle 2, estaba Manolo Vidal como diseñador, hermano del pintor Antonio. Era un colectivo de trabajo pequeño, tres o cuatro personas. Reynaldo González entra un poco más tarde, después nos mudamos para la sede de Marianao, en el edificio del ayuntamiento; y luego para el Palacio del Segundo Cabo. Entra también Villaverde. Se cambia la edición que era sobre papel gaceta, así como la Gaceta de la UNEAC, y con el cambio de nombre viene la modificación de formato y una impresión mucho mejor.

GM: Edmundo Desnoes

LCH: Fue muy importante para mí. Era realmente el que más teorizaba acerca de las artes plásticas y que se interesó temprano por la fotografía. Cuando lo conocí estaba metido en el mundo de la pintura. Él me presentó a Wifredo Lam, era su amigo. Luego empezó a interesarse más por la fotografía, a escribir sobre ella, pasaba horas y horas hablando con Edmundo. Con La mirada fotográfica del subdesarrollo fue un precursor. Él escribió bastante antes que los norteamericanos, que Susan Sontang, por ejemplo.

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GM: La revista Cuba

LCH: Fue otra época, en el 70. Tenía la responsabilidad de un equipo. Yo era el responsable del Departamento Fotográfico. Antes había trabajado con diseñadores y redactores, aunque no con un equipo de fotógrafos. En la revista había un grupo importante de fotógrafos y de escritores. Fue una experiencia que me formó bastante.

GM: ¿Cómo era dirigir a otros fotógrafos, siendo fotógrafo?                

LCH: Bueno, espero haber sido un dirigente no muy dirigente, vamos a decir. Era hablar e intercambiar con los fotógrafos, no venía con una pauta así de hay que hacer esto o lo otro. Cada fotógrafo tenía su estilo, era más o menos escoger quién podía ser mejor para un tipo de reportaje. No era lo mismo hacer un reportaje en un asilo de ancianos que en un gimnasio de jóvenes boxeadores, o pasar dos semanas en la Sierra Maestra para hacer fotos de los médicos que estaban allí. Había que tener ese ojo para repartir el trabajo de la mejor manera, para que el resultado del fotorreportaje fuera con la mejor calidad.

GM: ¿Fue entonces un jefe justo?

LCH: ¡Espero!… No sé, habría que preguntarle a Ernesto Fernández, a Figueroa…

GM: Su amigo Enrique de la Uz

LCH: Es un amigo muy cercano. No pertenecía a staff de la revista, lo conocí antes cuando trabajaba en Cultura, y Enrique había llegado de la Unión Soviética donde se había formado como ingeniero. Al parecer no le interesaba la ingeniería, más bien la fotografía, y nos vimos por primera vez creo en casa de Raúl.

GM: Prensa Latina

LCH: Cogió el mando de la revista Cuba y fue una etapa bastante difícil para la revista. Antes había sido dirigida por Ernesto González Bermejo y el Comité Central. Pero Bermejo estaba más cerca, tenía allí su oficina. Era un intelectual uruguayo con una visión amplia y cuando Prensa Latina toma el mando, me mandan a mí con Bermejo a viajar por América Latina y ponen a otro director, quizás un cuadro más cuadrado, y creo que la revista sufrió por ese cambio. Yo no, porque a mí me mandan para el extranjero y era un trabajo muy interesante poder viajar como fotoperiodista a Uruguay, a Chile después de la toma de poder de Salvador Allende, a Bolivia… fue como ampliar mi horizonte. Al final fue una suerte, podría decir.

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GM: Hablemos de algunos de sus ensayos. Los cubanos, por ejemplo, del año 65, que no llevó a libro, pero expuso en Casa de las Américas, donde aún se conservan. ¿Ese ensayo fue bien apreciado en su momento?

LCH: Bueno, para algunos fue una visión un poco en tono bajo. Claro, no era la estética heroica que imperaba en ese momento. Decían que era una visión un poco triste, otoñal, un poco suiza… En verdad lo que me interesaba no era ver los macheteros, los cortadores de caña cortando, sino más bien los instantes de ocio, lo que sucedía entre los momentos heroicos.

GM: Cuando miró a los suizos, y años más tarde hizo el ensayo “swiss life” ¿también le dijeron lo mismo?

LCH: Sí, me dijeron que era también crítico. Bueno, siempre hay gente que entiende que la crítica no tiene que ser menosprecio y que sin crítica no se adelanta. 

GM: El libro Cherchez la femme 

LCH: Su título parte de una película francesa que estaba de moda por esos días, no era ni buena película, ni su director era famoso. La idea viene de conversaciones con Edmundo, con Mayito, con Enrique… Llevarlo a libro es más reciente, se debe a que el Musee de L´Elysee decidió exponer ese trabajo. Cuando ellos organizan una exposición buscan financiamiento para hacer un libro.

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GM: ¿Tuvo usted alguna relación con los movimientos feministas de los años 60-70 que le influenciaran en la idea de hacer este ensayo, este libro?

LCH: No. Veía eso desde lejos. Vi el embullo que provocó la venida de Ángela Davis, pero nunca tuve relación cercana ni con la Federación de Mujeres Cubanas, ni con ningún grupo de feministas.

 

Cuéntanos… ¿qué te parece esta II parte?

Descubre más sobre luc en la I y III parte de la entrevista

 

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Entrevista con Luc Chessex. Cuba a todo formato. I parte

Hoy te ofrecemos la I parte de la entrevista inmersiva con Luc Chessex, que te anunciamos en el post Chessex revisitado en 6 fotografías inmersivas con mirada de género.

Entre el 61 y el 69 el fotógrafo suizo revelaba en un baño de hotel. Sobre su proceso de trabajo, modos de imprimir las fotos; fotógrafos que siguieron su estilo; las polémicas en torno a fotografía y arte; el trabajo en la emblemática revista Cuba, son  temas que conocerás leyendo esta entrevista que le hizo Grethel.

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Entrevista con Luc Chessex. Cuba a todo formato (I)

Por Grethel Morell

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Grethel Morell y Luc Chessex visitando la Fototeca de Cuba

Después de cuatro intensas jornadas en el Seminario Inmersivo sobre la obra de Luc Chessex en Cuba, sus libros y sus miradas fotográficas a las cubanas de épocas precedentes (1961-75), nos fuimos a las calles de la vieja Habana rumbo a los archivos de la Fototeca de Cuba. Junto a ese suizo incansable arribé a sus bien conservadas colecciones. En un espacio aderezado por el calor y el pertinaz ruido de visitantes y sones de la Plaza, nos pusimos a revisar imágenes, a provocar la historia, a incitar la memoria.

Tras varias pasadas, con guantes blancos en mano, de aquellas pequeñas fotografías vintage e intercambio de preguntas, buscamos “refugio” finalmente en un recodo tranquilo de la edificación donde dejar fluir y grabar el diálogo. Más que una entrevista detallada en los cómo o los qué (de las que ya existen), me impulsaba conocer por voz de su protagonista el latir de un país, de una cultura, de sus procederes y sus actuantes. Me atraía la parte humana e intelectual, convergidas, en la manera de conformar, erigir la fotografía y su historia en aquellos complejos tiempos.

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Grethel Morell (GM): Verificando imágenes que fueron de su autoría y ante el extenso y preciso trabajo sobre las representaciones del líder político Fidel Castro en la gráfica y el contexto popular y cotidiano de los años 60 en Cuba (aunado en el libro Le visage de la Révolution), le pregunto: ¿Le tomó fotos a Fidel directamente? Sabe con exactitud cuáles eran?

Luc Chessex (LCH): Sí. Las fotos, porque sé bien en qué momento exacto las hice. Cuando estaba tomando vino, en situación más cercana. Después viajé con él a la Sierra Maestra.

El cuño que tienen por detrás significa que fueron ampliadas en Suiza y luego traídas a La Habana.

GM: ¿Y las fotos que no lo tienen así?

LCH: Era que las imprimía aquí, en mi cuarto de hotel. Por eso llegué en barco. Traía mi equipo fotográfico, no solo la cámara, también la ampliadora, las cubetas. Trabajaba de noche. Montaba el cuarto oscuro en el baño.

GM: Cuando empezó en el Consejo Nacional de Cultura, ¿ya tenía laboratorio?

LCH: No, yo seguía trabajando en el cuarto, en el baño del hotel. Empecé a trabajar en un laboratorio cuando me uno al equipo de la revista Cuba, en el año 70.

GM: Es decir, estuvo desde el 61 hasta el 69 revelando en un baño de hotel

LCH: Sí. Realmente lo importante era tener una buena ampliadora y podía trabajar de noche. Como no había prisa, no era fotografía para prensa diaria, era mensual, podía probar con calma, revelar, imprimir sin ningún problema. En el 70 cuando llego de responsable de fotografía a la revista Cuba trabajo en el cuarto oscuro. Estaba bien equipado. En la revista había como siete u ocho fotógrafos, con dos técnicos de laboratorio. Allí yo armé mi ampliadora, y también en el Hotel Habana Libre.

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GM: ¿Quién suministraba la… química y los rollos?

LCH: Era difícil. Siempre había dificultad, más bien con los rollos. Cuando venían fotógrafos extranjeros, como Ribuod, Burri o Cartier Bresson, me dejaban los rollos que le sobraban cuando se iban. Ellos venían con una reserva bastante grande, a veces les quedaban 20 o 30 rollos, y siempre me los regalaban. Si no, el gobierno compraba películas, polacas un tiempo, también checas, alemanas, después había que adaptarse al cambio de película, lo que no era muy agradable.

GM: Se trabajaba con lo que había, con lo que llegara…

LCH: Sí, había que adaptar.

GM: ¿La revista Cuba no les daba un stock de trabajo a los fotógrafos de su staff?

LCH: Sí, pero como yo luché porque los fotógrafos fueran dueños de sus fotografías, del derecho de autor, ellos generalmente preferían “meter” la película para así quedarse con los negativos, como los más jóvenes, Iván Cañas, Figueroa. Y otros fotógrafos más de la vieja escuela, con un género más tradicional, haciendo 4×5, como Nicolás Delgado, trabajaban con material suministrado por la revista, y quedaba en la revista.

GM: ¿Cómo prefería imprimir usted, a todo formato?

LCH: Sí, generalmente lo hacía a todo formato, a veces con el borde negro, otras no.

GM: ¿Era común que los fotógrafos y fotógrafas del momento lo hicieran?

LCH: Así se pensaba más o menos. Era conveniente no empezar a recortar el negativo, perdiendo calidad, pero de vez en cuando había que hacerlo. En la revista yo aconsejaba a todos no recortar, sin embargo, a veces los diseñadores lo recortaban antes de publicar cuando hacían las verticales de una foto horizontal.

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GM: Le preguntaba por si era un espíritu de época. Se dice que los fotógrafos cubanos aprendieron a ver las fotos hasta su límite, imprimir hasta el extremo, cuando comenzaron a ver los libros que traían Raúl Martínez y usted sobre los clásicos de la fotografía documental, a raíz de esa influencia.

LCH: Sí. Vino también con el pequeño formato. Antes con el formato grande se podía recortar sin problemas. Pero claro, con el negativo chiquito y de mala calidad, de rollos polacos o soviéticos, si empezabas a cortar perdías mucho. Así que lo aconsejable era realmente encuadrar bien, hacer la foto en el momento que uno estaba detrás de la cámara y no en el cuarto oscuro.

Y hoy día igual. Con esas cámaras digitales que cada año tienen más millones de píxeles, puedes después recortar algo, pero siempre pierdes calidad cuando se disminuye la superficie de la imagen.

GM: ¿Qué cubanos entonces siguieron ese estilo?

LCH: Mayito (Mario García Joya) era considerado un poco “loquito”, yo el tipo extraño que venía de afuera, Raúl Martínez no era fotógrafo y había sido expulsado de la universidad, no éramos los más recomendables…

GM: ….para hablar de estilo, documento, realidad, ficción, arte y fotografía, ¿todo eso junto?

LCH: Es que había poca crítica. Yo creo que el más agudo era Edmundo Desnoes y los otros eran… la mujer de Retamar, Adelaida [de Juan]. Era más bien una crítica descriptiva, una descripción de la obra.

GM: ¿No había en general crítica de arte aguda en ese momento?

LCH: Desnoes. Él publicó en la colección Cocuyo, del Instituto del Libro, un texto sobre la visión fotográfica del subdesarrollo, otro sobre ¿Foto-mentira! Era el único.

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GM: ¿No había talleres de crítica o debate entre los fotógrafos y fotógrafas?

LCH: No, en la época no era tanto el debate, más bien era la cosa de la unanimidad. Todo era por la misma cuerda.

GM: Pero después del 65 hay cambios. Empieza a bajar el tiempo de multitudes y plazas, y la fotografía ya no es desde una sola mirada. Está ¿Foto-mentira! en 1966, Graziella Pogolotti habla de fotografía como arte en el 64. Aparecen como pequeñas maneras diferentes de apreciar, islas en el contexto. Ella escribió sobre la primera exposición de Mayito, Dos momentos, que se hizo en Galería de La Habana en diciembre del 63. Creo que ahí se habla por primera vez de fotografía como arte. También en el 68 se hace el Congreso Cultural de La Habana…

LCH: Sí, pero la fotografía no era considerada realmente como que formaba parte de la cultura, era subcultura. La cultura era más bien la pintura; no solo en Cuba, en general en el mundo la aceptación de la fotografía como hecho cultural se hace en Estado Unidos, quizás entre los años 40-50, en Europa más tarde.

GM: ¿En Cuba no era considera aún como parte de la cultura artística entonces?

LCH: En la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) no había sección de fotografía, eso vino en los siguientes años. Enrique de la Uz estuvo en su presidencia.

GM: Será por ello que en el libro Polémicas culturales de los 60 de Graziella Pogolotti, que he leído buscando respuestas a la época…

LCH: ¿La película del hermano de Cabrera Infante? Porque la primera polémica cultural que hubo fue en el 61 con esa película, que era de cine “de verdad”, tomada en la Rampa, en el malecón, donde se veía la vida nocturna, para nada escandaloso. Algo menos lógico que las fotos que ahora mismo están montadas aquí abajo [una exposición homoerótica masculina en el hall de la Fototeca.

Los afiliados al Partido Comunista salieron en contra de esa película y ahí se formó realmente un gran conflicto.

GM: Sí, PM, que cámara en mano recorría un fragmento de la vida nocturna habanera. Pero le hablo del libro publicado hace pocos años donde se muestra parte de la polémica cultural, los cuestionamientos de la compleja década del 60. Una de las últimas veces que lo leí fui buscando la mirada a lo fotográfico, el lugar de la fotografía, y no se menciona, ni como arte, ni como recurso, ni como parte de ninguna polémica.  Sin embargo debates sobre el cine sí.

LCH: Porque realmente la fotografía no había entrado en el mundo del arte. El cine sí. Alfredo Guevara era defensor de un cine más experimental, incluso de una sexualidad diferente, y claro, la gente más “cuadrada” tenía al ICAIC (Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficas) y a Alfredo en su visor. Había una polémica clásica sobre el realismo socialista, sobre la libertad de creación, el nivel de abstracción. Un grupo en el cual Raúl y otros pintores eran los integrantes, con líneas del arte abstracto, eran vistos por los defensores de la línea soviética como una desviación pequeñoburguesa.

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Y a ti ¿qué te ha parecido esta I parte de la entrevista?

Aquí puedes leer la II y III parte de la entrevista con Luc

 

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Cubanas por un suizo. La representación femenina en la obra de Luc Chessex
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© Imágenes: Luc Chessex, Grethel Morell y Circuito Líquido

Cubanas por un suizo

En una ocasión Luc Chessex expresó que no era su intención erigir estereotipos, más bien deshacerlos. En su ensayo fotográfico Cherchez la femme (Busquen a la mujer), ¿los desmonta?, ¿crea otros?

¿Qué caminos propone sobre el retrato femenino que tuvo sus bases en la expo ¿Foto-mentira?

¿De qué manera coexiste en la obra de Chessex la  imagen de la mujer cubana en carteles y fotomontajes al estilo de los años 50 con los anuncios revolucionarios del 60-70?

¿Desde la fotografía, qué diálogos establece con la mujer cubana en los espacios urbanos, rurales; los maniquíes; la visualización de nuevos roles profesionales: mujeres policías, directivas, maestras; ¿qué lo diferencia de sus colegas?

Lee ahora el post inmersivo que ha preparado Grethel con + 18 imágenes, y no olvides dejarle tu comentario ;-)

 

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Proletarias y maniquíes en la obra de Luc Chessex

Por Grethel Morell

 

Es este un acercamiento a la representación femenina en la obra del fotógrafo suizo Luc Chessex (Lausanne, 1936), durante su estancia en la Cuba de los años 60 y primera mitad del 70. Mujeres como centro de atención y objetivo fotográfico colmado de simbolismos y cultura; trabajo que culmina en uno de sus más recientes libros y exhibición: Cherchez la femme (Busquen a la mujer), editado por Musée de l´Elysée, 2014). Titulación tomada de la cinematografía (obra homónima de Raoul André, película sin grandes pretensiones artísticas aunque popular en su momento) y en irónica alusión al incontrovertible machismo insular.

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La premisa de este libro parte de aunar la más amplia visión sobre la mujer cubana prevaleciente, contemplada con el asombro y la conjetura del visitante. La mujer convertida en predilección temática desde el mismo arribo del fotógrafo a la Isla (1961), asumida desde casi todos sus escenarios: en el contexto rural, en la ciudad o como parte del paisaje urbano, en la militancia socialista, en las profesiones y los oficios, en el jolgorio y el carnaval, en la vida nocturna, en la publicidad o en sus vestigios, en la imagen televisiva; en la moda, la calle y las vitrinas de los comercios, en el grafiti, en la gráfica –heredada o de nuevo tipo–, en las advocaciones religiosas, en eventos sociales y políticos. Desde la bracera en las labores agrícolas hasta la chica en la intimidad de una habitación, todo un registro de mundos paralelos y en ocasiones contrastantes.

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El contexto

La mirada hacia la mujer como objetivo fotográfico y ente a retratar en la fotografía cubana de los años 60 era mayormente unísona en sus proyecciones. No obstante, relativa aún era la visualidad deudora de la publicidad de los 50, con énfasis en el estilo agencia publicitaria norteamericana muy al uso en la gráfica cubana de finales de los años republicanos. Tras el cambio político y social avenido en 1959 por el triunfo del Ejército Rebelde, y la consecuente conversión de paradigmas, se subvierten las imágenes imperantes. La mujer, uno de los patrones de belleza (sobre todo blanca) asociada al consumo (consumismo, venta, mercadería) en tiempos precedentes, asumirá nuevos conexos y narraciones.

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Al ser un eje en las estrenadas políticas y transformaciones sociales (fundación de la Federación de Mujeres Cubanas, la apertura de posibilidades para las olvidadas, como las iletradas, las marginales, las más pobres, las rurales), la mujer ocupará otro lugar en la edificación de imaginarios. Ese célebre crecimiento de oportunidades, basado en un concepto de nueva sociedad igualitaria, debió encontrar reflejo, acentuado eco, en la iniciada gráfica, la documentalística y la fotografía.

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Una de las transiciones más conservadas por la memoria histórica es la transfiguración de la mujer elegante, aburguesada y bien vestida, en la miliciana también bella y maquillada, que afloraba con todos sus atuendos en marchas y concentraciones populares, como las capturadas por el lente de Alberto Díaz (Korda). Movido por una estética de la contemplación y del patrón de belleza típico, que lo caracterizó durante toda su carrera, este fotógrafo no solo retrataba, más bien captaba a las mujeres en eventos multitudinarios. Sus milicianas devinieron clásicas en nuestra historia, convirtiéndose en el nuevo rostro del sistema social naciente.

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Otro salto en la iconografía oficial de la época fue que comenzaron a aparecer mujeres mestizas y negras en primeros planos y con el respaldo de un discurso emancipador. Ellas dejaron de mostrarse como las relegadas, las subalternas, en labores menores o de bajo perfil. Ya no eran secundadas en imagen por la precariedad o la omisión, ahora figuraban en gráficas y portadas de revistas (según la Dra. Isabel Moya, la revista Mujeres fue la primera publicación en 1961 en incluir una mujer negra en su portada).

Aunque en general, en la producción fotográfica hegemónica, la preminencia continuaba en manos de alegorías a lo blanco (las blancas) y los ideales de belleza estaban pautados por ciertas redundancias. Fenómeno complejo a examinar con pausa porque, como he valorado en otros textos sobre la etapa, el arte y la fotografía en los 60 tuvieron varios momentos, de esplendores y también de ascetismos. Y no toda la creación fotográfica se comportó y se manejó por igual durante esa década. El fotodocumentalismo de los primeros años fue de un modo, el reportaje para la prensa fue de un matiz particular, el ensayo de autor y la fotografía como arte –que ya asomaba entonces con perfil de avanzada– coexistió de otro.

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Mujeres y feminidades en la obra de Luc

En una ocasión el fotógrafo expresó que no era su intención erigir estereotipos, más bien deshacerlos. Pero en Cherchezcreo rompió algunos, más que para anularlos, para proponer sobre ellos otros. Una construcción retórica, pero efectiva. Una maniobra con los mismos códigos de articulación de la imagen donde la mujer es centro/objetivo, sustituyendo el significante original y puesto a dialogar sobre sí mismo. Donde el metatexto viene a cobrar mayor peso (como en las fotos/ referencias a la publicidad) y el significado portable de la figuración femenina formula nuevos patrones. Axiomáticos o no, con ciertos matices sarcásticos, se diferenciaron de la circunstancia, de la narración visual dominante.

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Sin ingenuidades y tras la voluntad de desmontar el carácter categórico, concluyente, de la fotografía documental, este ensayo propuso en su momento dos caminos. Por un lado, la relectura modélica sobre la aprehensión de la realidad. Una asimilación crítica del valor unitario de la imagen apresada por el lente. Por otro, el doble juego con el concepto y el significado. Una contrarréplica de la fotografía con la fotografía misma, en este caso, con el retrato y el testimonio sobre el retrato femenino. Algo que tuvo sus bases en el suceso ¿Foto-mentira? (Galería de La Habana, 1966), exhibición vanguardista realizada junto al pintor y diseñador Raúl Martínez, y al fotógrafo Mario García Joya (Mayito).

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Las fotografías coloreadas a mano, también llamadas iluminadas, fueron muy populares en la fotografía consumida por cubanas y cubanos durante más de tres décadas. Durante los años 80 todavía los álbumes familiares, los archivos personales, los estudios fotográficos y fotógrafos comerciales presumían de estas imágenes. En parte deudoras de la historia del género, aquella iconografía clásica burguesa del retrato de estudio con precedente en el siglo XIX (ambrotios retocados, cartes de visite coloreadas), democratizada a inicios del XX (tarjetas pintadas). En parte propagadas en estos años ante la ausencia o la imposibilidad de acceso a la fotografía a color (El uso de los rollos a color en la Cuba de entonces era una rareza, luego las fotos resultantes se empalidecían o se les alteraban con prontitud las tonalidades).

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Las imágenes de Luc en los 60 sobre estos retratos pintados, algunos expuestos en ¿Foto-mentira?, se convirtieron no solo en el reflejo de un gusto y un modo en una época, sino también en elementos de reflexión sobre esquemas, fotográficos y sociales: la prevalencia de un gusto habitual, lo kicth, lo cheo, pasando por la caracterización de una cualidad, una forma de asumir, de construir imagen e imitar normas (al estilo revista Vanidades). Como esa imagen de la niña en primer plano casi de espaldas, en blanco y negro, parada frente a una vidriera, con sus manitas juntas, que vuelve su mirada a cámara; mientras en el segundo plano levitan fotos de torsos de mujeres coloreadas, resaltadas en su tintura y concepto de elegancia. O aquellas otras donde los rostros aparecen hipermaquillados (mucho rosa en el rubor, azul en los párpados), con peinados sofisticados y cierto “blanqueamiento”.

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Mujeres en la publicidad fue otra de las maneras atrevidas que encontró Luc de interactuar con los modelos absolutos. También proyectada (y proscrita) en la memorable exposición del 66, la relación entre el diseño de la propaganda, el texto, la figura femenina y el subtexto, se reinvertirá en sospecha cultural. Detuvo su lente en el lugar que de modo habitual, casi automático, le era dado a esa figuración asociada a ¨producto de consumo¨, como las fotos en vidrieras de escultóricas damas en trusas, anunciando… ¿artistas?, ¿estudios fotográficos para artistas?, ¿estrellas debutantes de la escena santiaguera? (la imagen fue tomada en una tienda de Santiago de Cuba); colocadas junto a fotos adyacentes de hombres en paisajes y  vestidos de etiqueta.

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Inquietante relación con la publicidad esbozó Luc a partir de la toma directa y privilegiada (a todo encuadre) de carteles reales y la creación de fotomontajes. Fotografió carteles de temporadas anteriores (años 50), que convivían en sereno estadío con los nuevos anuncios revolucionarios. Deteriorados o no, los textos y las figuras anunciantes advinieron cuales motivos y resortes: la Juice Fruit (barras de chicle), la Coca-Cola, la Pepsi-Cola, el lumínico del Savoy Bar Club; cercanos al anuncio de la mujer sonriente en la producción agrícola, el “trapiche de Olga Fernández” (venta de guarapo, jugo de caña), y la proclama de estilo socialrealista soviético del Sindicato de la Alimentación convocando a las compañeras a la prueba de escolaridad. Todos ellos portando en común una modelo blanca.

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El fotógrafo subvierte el anuncio al insertarle a través del fotomontaje otra modelo: también sonriente, delgada, hermosa y negra. Como actriz de los shows televisivos, con los brazos extendidos hacia arriba en forma de v, la nueva figurante posa frente a la Juice Fruit, a la vez que asoma de la ventilla de un auto que “flota” en plano superior, entre la pared y el cartel americano. O el objetivo fotográfico reinventado en la imagen de los cigarrillos: la misma chica negra en primer plano con espejuelos oscuros, cigarro en boca y hombro inclinado en actitud coqueta; detrás, igual imagen de portada en una revista para hombres (Esquvre, The magazine for men), sobre el cartel originario y desecho de una mujer blanca que fuma. En los trazos de la gráfica, conservado nítido y en línea con las posiciones de la modelo incorporada, se lee la frase “de verdad”. Explícito eufemismo sobre chica que aspira a estrella de revista… masculina.

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El tema racial ocupa un volumen estimable de la obra, y de modo desenfadado, sin contradicciones, se le reconoce la legendaria mirada del europeo ante la negritud y el mestizaje del “nuevo continente”. Creo no hay patrón más sostenido por los siglos y la realidad que este. Aunque a la Academia y los estudios culturales les parezca un triste cliché.

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La problemática racial se extiende hacia otros arquetipos: los maniquíes y el objeto de deseo. Los primeros, históricamente vistos como estándares de moda, representación idealizada del cuerpo femenino, son urdidos por Luc desde otro ángulo. Son puestos a dialogar desde una postura antropológica e historicista: maniquíes, todos blancos, siendo observados por mujeres negras y mestizas, en una etapa de consolidación de principios, entre el pasado capitalista y el quimérico futuro. Con fotografías alejadas de la pose, se registran y contrastan expresiones. Como las señoras que miran la modelo vestida de novia, en una noche habanera del 67, situadas entre un carro americano y una vitrina resplandeciente, con iluminación simbólica desde arriba. O aquella sorprendida en el caminar, de espaldas y advirtiendo al elegante maniquí, en un ademán fluido entre reto y asombro.

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Con los años fueron apareciendo maniquíes de colores (como los rojos en las tiendas deportivas, o la estandarización de los dorados), incluso los negros, aunque con facciones estilizadas. Al parecer en los 60 los dictámenes eran medidos por los blancos.

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Otras apreciaciones de la realidad encuentran cauce en los roles profesionales y los oficios, tanto en la mujer citadina como en la rural. Afloran las dirigentes, la mujer policía, las maestras, las cabareteras, las jovencísimas trabajadoras de la agricultura. Sin embargo, a diferencia de otros fotógrafos, el trato con las proletarias será múltiple. En esa franja de la obra de Luc no abunda el retrato de una entre muchas, o de una isla en un mar de concurrencias. Es la mujer cotidiana, que permanece en el espacio laboral como “ajena” al emplazamiento del lente. O aquella que desanda los espacios urbanos con una niña de la mano, muchas veces cabizbaja, pasando frente a vallas y carteles; tomada siempre en diálogo con el segundo plano y los signos escriturales contenidos en él. Una propuesta de lectura cruzada entre los planos, las figuraciones femeninas y los significantes muy propia de la fotografía documental legada por el suizo.

 

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Cuba a todo formato. I, II y III. Entrevista al fotográfo suizo Luc Chessex

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© Imágenes: Luc Chessex, Grethel Morell

Premios de fotografía en Cuba. Nueva entrega de Fotografia Líquida

Premios de fotografía en Cuba, a la sombra de las casuarinas

Por Grethel Morell

 

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Niurka Barroso, del ensayo Génesis, Premio Ensayo Fotográfico Casa de las Américas, 1998. Imagen. Cortesía Colección Casa de las Américas

A las nominadas… que no ha equivalido a premio.

Hay tradición de premios de fotografía en Cuba, lo mismo como parte de un evento mayor, que como lauro único en su tipo. Recuerdo y resalto el Premio de Fotografía Contemporánea Latinoamericana y del Caribe, luego devenido Premio de Ensayo Fotográfico instaurado y promovido por Casa de las Américas, lamentablemente desaparecido; el internacional Tina Modotti dentro de la Primera y Segunda Bienal de La Habana; el nacional José Tabío, máximo galardón del suceso Premio de Fotografía Cubana 1982 y en la Primera Bienal (1984), también extinto; el Salón Nacional de Fotografía (1999) de carácter competitivo; los certámenes de los fotorreporteros, auspiciados por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), donde reconocían al Premio Nacional de Fotoperiodismo, igualmente desdibujado con los años.

 

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Raúl Cañibano, de la serie Tierra guajira. Primer Premio, Salón Nacional de Fotografía, 1999

Práctica hoy palidecida, eclipsada. Y más que con ánimo de añoranza, resuelta en necesidad y expectativa. Coexisten fotógrafas y fotógrafos que buscan en el escenario visual cubano actual confrontar, reconocerse. Un amplio espectro de creaciones fotográficas, generaciones y maneras de pensar la imagen inquieren eco y lugar. Obras y hacedores permanecen al aguardo de un acto exclusivo, una acción que disipe sombras.

Un poco de historia

Frecuente ha sido desde los años 90 la incorporación de profesionales de la fotografía a encuentros oficiales de las artes visuales (aún llamadas por estos lares Artes Plásticas) y sus nominaciones. En 1994 se instituyen los Premios Nacionales, por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas y el Ministerio de Cultura, distinguiendo  en ocasión primera al pintor vanguardista, diseñador y también fotógrafo Raúl Martínez. Tras más de veinte años otorgándolo anualmente, solo dos fotógrafos netos (límpidos en estética y sentido de lo fotográfico) han alcanzado tan elevado lauro: Raúl Corrales en 1996 y Ernesto Fernández en 2011. En la más reciente entrega, el trasdisciplinar José Manuel Fors lo obtiene, entre otras razones, en homenaje a su más hábil transición y transgresión entre la fotografía y el instalacionismo.

 

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José Manuel Fors, Historias circulares, 2006 (detalle)

 

Es de anotar como en igual espacio de progresión y apertura de las artes visuales en sí mismas, tiempos de avance, reconciliación, encomio de lo multidisciplinar y genérico, no se hayan conferido más premios a firmas femeninas, y menos aún, a fotógrafas. En 22 años de competición nacional solo una mujer ha recibido el reconocimiento: la escultora Rita Longa en 1995, junto a Agustín Cárdenas. Justo es asentir que disímiles artistas han sido sostenidamente nominadas en varias ediciones (como la pintora y grabadora Lesbia Vent Dumois, la creadora Zaida del Río y la pintora Rocío García), aunque al final las gustadas estadísticas continúan creciendo bajo el predominio masculino.

 

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José Manuel Fors, Sin título, de la serie Atados de Memoria, 2008

Tal fenómeno no parece ser exclusivo de las artes visuales, las circunstancias o el regionalismo, pues en el universo intelectual y la escritura también acontece. Llama la atención como en los magnánimos Premios Nobel de Literatura, desde su primera edición en el año 1901 hasta la fecha, de 108 distinciones dadas, solo 14 han terminado en manos de mujeres.

Retomar los grandes premios

Ante tal panorama me pregunto: ¿no es ocasión ya que desde este paraje geográfico, de muy fructífera y equitativa producción intelectual se coronen más hacedoras; que los listados, los museos, las ediciones… del arte enarbolen más faldas? Y desde la creación fotográfica, ¿no sería un buen momento para asentar un Premio Nacional de Fotografía (España y otras regiones lo tienen, sin colisionarle con el resto de las artes) como sesión independiente, no dentro de bienales o salones de arte contemporáneo? Distritos estos donde se demuestra cada vez más el deslinde de las fronteras entre fotografía en su concepto puro y obra de arte híbrida; donde la (re)producción de la imagen se utiliza, supedita, mezcla, “contamina”, marida o enriquece con la pintura, la instalación, la videocreación; en episodios donde se llegue a contemplar más en su lenguaje de vanguardia, yuxtaposición o en el socorrido término de contemporaneidad.

 

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Rogelio López Marín (Gory), Viaje mágico y misterioso No.1, 1982. Tríptico. Premio Salón Paisaje

 

Hablo más bien de un Premio solo para ella, a efectuarse si se prefiere en el contexto de Noviembre Fotográfico (titulado antes Coloquio de Fotografía), henchido y renombrado evento que organiza desde el 2008 la institución insigne de la fotografía en el país. Creo amerita sitio y distinción la fotografía por sí misma, en su más vasta y sólida factura, contenido, aporte: tanto aquella que ha cruzado los años y las historias ya sea de perfil documental o la artística en todas sus variantes: la construida, la conceptual, experimental o manipulada; como el fotodocumentalismo, el ensayo de autor con tendencia al simbolismo y la subjetividad; o la imagen articulada en estudio, inclinada al discurso dual.

 

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Rogelio López Marín (Gory), Viaje mágico y misterioso No. 2, 1982

 

Refiero la gratificación a profesionales de las cámaras que se han movido con excelentes resultados en varios géneros a la vez; o quienes han sabido capturar, acaudalar, la historia social de Cuba a través del valor testimonial de la buena imagen, o la historia del arte nacional a través del valor de apreciación y enunciado de una obra trascendente: desde los iniciadores –los que aún viven, es recomendable apurarse– del buen reportaje cubano en blanco/negro, que legó la conjugación de documento, inmediatez, instante preciso, técnica y composición; hasta las piezas más elaboradas en la calma del esbozo y el taller (precisadas en el laboratorio o en la pantalla de la PC), que innovaron alegorías e imaginarios en el arte.

 

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Rogelio López Marín (Gory), Viaje mágico y misterioso No. 3, 1982

 

Ejemplos para nominar existen: fotógrafas y fotógrafos que han sostenido carreras de largo aliento, solo faltan los premios. Me disculpan los más jóvenes, los menores de 40, que también poseen méritos y cauces; pues ya cuentan con el impulso de la Beca de creación Raúl Corrales que lanza la Fototeca de Cuba cada año desde el 2009.

 

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Alfredo Sarabia (hijo), del ensayo La parábola del sembrador, 2007-2010. Premio Beca de creación Raúl Corrales, 2009

 

¿… y los pequeños también? 

En la Isla se vivió una etapa de un verdadero fervor fotográfico, desde una perspectiva historicista, sociológica, ideológica en los tempranos 60; desde el ensanchamiento de las lecturas, los motivos, la aceptación y búsqueda de sintonía del discursar internacional en los años 80. Sin detenernos en causas y diferencias, ante tal boom en ambas coyunturas la fotografía proliferó en exhibiciones, convocatorias, salones… y por ende, en el manejo público y apreciativo de la imagen.

Numerosas iniciativas laudatorias contaron durante el último período aludido, con acciones que propiciaron el interés sobre la producción fotográfica, sus categorizaciones (hiper especificadas, diría) y alcances. Diversificada también en sus procuradores, fueron estimables de premios desde los jovencísimos creadores de la entonces Brigada de Jóvenes Escritores y Artistas Hermanos Saíz, hasta los fotoperiodistas de plantilla de publicaciones muy específicas en su misión (Fototécnica, los extendidos salones de la UPEC).

 

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Adalberto Roque, de la serie Jodidos pero contentos. Premio Salón Playa 1981. Imagen. Cortesía Colección Fototeca de Cuba

 

La fotografía era recibida y ungida en concurrencias de diversos estilos: los salones de paisaje (distingue el Salón Paisaje 1982, donde se reconociera la renovadora obra de Rogelio López Marín (Gory), un tríptico de fotografías y fotomontaje iluminado con óleo, acompañado de un texto de ficción escrito por el artista), los salones juveniles (el creativo Salón Playa 1981, donde se premiara la avanzada serie iluminada con óleo Jodidos pero contentos, de Adalberto Roque), los concursos de gráfica 13 de Marzo, organizados por la Universidad de La Habana, a la par de competiciones afines como el Premio de Fotografía a color, promovido por la revista Revolución y Cultura, el Premio de fotografía deportiva (generado por el Círculo de Periodistas Deportivos)… abundantes resultan las ejemplificaciones.

 

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Adalberto Roque, de la serie Jodidos pero contentos. Premio Salón Playa 1981. Imagen. Cortesía Colección Fototeca de Cuba

Más no ha contado, excepto en puntuales intervenciones (proyectos y espacios autónomos) con un galardón exclusivo para las fotógrafas, temas contiguos a la feminidad, o en pos de acreditar posturas, certidumbres, diálogos desde lo femenino. Otro punto a tomar en la agenda… y a eximir de la sombra de lo habitual.

 

¿Y a ti qué tipos de premios de fotografía te gustaría se promovieran en Cuba?

 

 

Si te gusta la fotografía, no dejes de leer + contenidos líquidos de Grethel

Fotografía y mercado en Cuba
Apuntes sobre la enseñanza de la fotografía en Cuba

 

 

Texto escrito especialmente para Fotografía Líquida. Se prohíbe la reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imágenes: Cortesía de sus autoras y autores
© Sobre el texto: Grethel Morell
© Sobre la publicación: Circuito Líquido

 

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Lo que nos dicen por e-mail ;-)

 

Gracias por tu trabajo tan serio y riguroso!!
Estoy de acuerdo con todo lo que has escrito, besitos”.

Niurka Barroso, fotógrafa

Gretell, tu siempre con tus acertadas palabras, coincido contigo en tus reflexiones. Un abrazo y te quiero, chino arcos.”

Fotografía y mercado en Cuba, encauzar espacios

¿Existe un mercado para la fotografía cubana, en Cuba?
¿Qué tipo de imagen y firmas privilegia el mercado actual?
¿Por qué las mujeres fotógrafas siguen estando subrepresentadas en los circuitos comerciales?
¿Hay espacios en Cuba para lanzar y potenciar la producción fotográfica de más diverso tipo?

¿Quieres saber que opina al respecto Grethel Morell, experta en fotografía cubana?

¡Sí!

Lee Fotografía y mercado en Cuba… un texto escrito especialmente para Fotografía Líquida.

Fotografía y mercado en Cuba, encauzar espacios

Por Grethel Morell

 

Los guantes, de la serie La estafa. Irolán Maroselli. Fotografía y Mercado en Cuba. Circuito Líquido

Irolán Maroselli, Los guantes, de la serie La estafa, 2010-2014

A mis amigos de la Plaza…

¿Existe un mercado para la fotografía cubana, en Cuba? Y cuando hablo de fotografía me refiero a toda la extensión y uso del término: para la técnica, los accesorios, las imágenes, y si vamos a la tradicional (conocida como analógica, propia de un alto coleccionismo), el suministro de la química, los rollos o placas, el papel. Y cuando hablo de mercado, digo un mercado oficial, organizado, regentado, efectivo.

Emprendedores, anticuarios y artistas de Galería

Existen emprendedores y aventureros, que en mercado formal (y a veces tornadizo), proponen fotografía y enseres colaterales en ciertos circuitos como stands, tenderetes, estudios de artistas, galerías privadas o workshops para turistas de ocasión. Existen coleccionistas, pocos, que incluyen en sus nóminas artículos del universo fotográfico, álbumes e imágenes antiguas. Están las firmas más conocidas, los caminos más socorridos, los artistas de renombre, con un posicionamiento o por posicionar, que se exponen, promueven o representan por galerías comerciales del sistema institucional cubano. Esas que ponen precios, venden (o dirigen la venta) e intentan potenciar el sector o el estilo que consideran más certero. Incluso pueden llevar a subastas en terreno nacional. Pues en contexto internacional, cada vez se hace más fuerte la inserción de fotógrafos y obras representados por galerías foráneas. En el más reciente Photo Basel, René Peña, Juan Carlos Alom y Adrián Fernández Milanés fueron presentados por Fabian + Claude Walter Galerie (Zurich), como parte de la visión The Sound of Latin America y en específico dentro de la mirada al escenario fotográfico contemporáneo cubano.

 

Grisell en equilibrio. Serie Período Especial Alom. Fotografía y Mercado en Cuba. Circuito Líquido

Juan Carlos Alom, Grisell en equilibrio, de la serie Período Especial, 1989

 

Eventos que deberían ser de mejor acceso para nuestro arte fotográfico, desde la autogestión puntual, dada la creciente oleada de imágenes, creadoras y creadores buscando espacio. Obras con determinada calidad estética y discursiva que pugnan por colocarse, y que intentan aprovechar la circunstancia de “la moda Cuba”.

Un minuto de silencio

Antes de continuar la escritura reflexiva sobre el asunto en la Isla, me permito un paréntesis alrededor de lo que se vende; o mejor expresado, quienes portan la supremacía en la selección que va a venta. Es pensar en la fotografía cubana que se lleva de modo oficial a los espacios de comercio, sin que determine en este breve análisis la condición de quién o quiénes la mueven.

 

Sin título #9. Linet Sánchez. Fotografía y Mercado en Cuba. Circuito Líquido

Linet Sánchez, sin título #9, 2014

 

La fotografía documental sigue disfrutando de gran preferencia. Las de perfil historicista, el ensayo, el paisaje urbano, el retrato de personajes insignes o atractivos pasan por favoritas, marcadas muchas veces por setos temporales clásicos o en boga (como la de los años 30, imágenes de la post-guerra, o los nostálgicos 60).

Mas, en un elemental balance de creaciones, es un hecho conocido que la mayor cuantía de obras fotográficas que se comercializan en el mundo responde a firmas masculinas. Las fotógrafas han alcanzado un lugar indiscutible (ejemplos recientes, la inclusión de una pieza de Diane Arbus en Christie’s New York en esta primavera, la obra de Graciela Iturbide en la subasta Fotógrafos Documentales de Latinoamérica 1920-1990, de la madrileña Juan Naranjo Galería en octubre, o Julia Margaret Cameron en Christie’s Paris en el actual noviembre), pero aún insuficiente. En el caso de las fotografías nacionales seleccionadas para ser lanzadas al ruedo, las estadísticas marcan un severo e inquietante mutismo a favor de las féminas. ¿Es que acaso no hay creación o nombres suficientes? ¿La historia de la fotografía cubana no tiene ingentes modelos de buen hacer femenino? Argumentos realmente a valorar despacio en otro texto.

 

Macuto. Marta María. Fotografía y Mercado en Cuba. Circuito Líquido

Marta María Pérez Bravo. Macuto, 1992. Imagen tomada de imgprivate2.artprice.com

 

Mercado para la fotografía

Vuelvo a las realidades comerciales en Cuba. En esta ocasión no hablaré del tan últimamente debatido, “coloquiado”, “asambleado” y reiterado tema Mercado del Arte, así, en mayúscula; si no a la muy objetiva necesidad de crear o posibilitar espacios para el mercado de la fotografía artística, documental, de ensayo, fotografía de autor… sus catálogos e implementos, en y desde el país. O al menos, permitirle un adecuado tránsito en nuestra compleja red de compraventa de “artículos de arte”. Más en un ámbito y en una estructura jerárquica de la cultura que ha apostado indistintamente por el arte, la enseñanza artística, la instrucción suprema, la proliferación de entidades culturales, a pesar de llevar el estigma del tercer mundo, sus históricas carencias, las limitaciones de intercambios (materiales) y la falta de solidez en suministraciones.

 

Linet Sánchez. Fotografía y Mercado en Cuba. Circuito Líquido

Linet Sánchez, Post-it 3, Primer Premio, 2015. Galería Artist 718. Foto: Juan Carlos Romero

 

Todo ello sin detenernos en pensar que no hay, facultadamente, donde adquirir cámaras y demás utensilios técnicos, ni casas expertas en firmas (las clásicas Leica, las populares Canon, Nikon, o las exquisitas Rolleiflex… lamentable, cuando fuimos los primeros en Latinoamérica que tuvimos la sede de la Eastman Kodak en sus mismo orígenes), ni donde recibir asesorías, consignaciones, evaluaciones o tasaciones confidenciales de piezas fotográficas. No aparecen en nuestra cartografía oficial del arte espacios para las consultorías cuando de comenzar o certificar una colección se trata. Y potenciales coleccionistas de fotografía ya están a la vista, más desde la aprobación de la última ley de inversión de capital extranjero (2012), la puesta en práctica y el gradual incremento del cuentapropismo (trabajo del sector privado, a partir de 2013) en la esfera de servicios de alta gama (restaurantes gourmet, alquiler de sitios residenciales, hospederías, hostales).

Sin contar que los pequeños centros que ofrecen servicios fotográficos (de imprimir a partir de tecnología digital, básicamente), están la mayoría desactualizados y desprovistos en mercancías. Aunque este último punto es algo que en los consorcios privados han encontrado fructíferos senderos.

Tiendas y galerías, afán por la diversidad

No existen en La Habana galerías o tiendas especializadas, enfocadas meramente, en el producto fotografía. Ni elitistas, ni decorativas. Ni de corte exclusivo, ni de supermarket. Y dado el carácter tan democrático que ha alcanzado la manifestación en el mundo contemporáneo, el veloz desarrollo de la tecnología para captar imágenes (¡los iphones o Samsung Galaxy son cámaras!), la selectividad del conocimiento y la riqueza de sus espectros temáticos y creativos, se abren cada vez más espacios en el mundo para su comercio. Desde la fotografía de paisajes hasta la subjetiva de fuerte aliento simbólico, desde la fotografía costumbrista hasta la fotonaturaleza, el retrato, la arquitectónica, la fashion, los viajes, el deporte, lo urbano, la imagen digital alterada… ¡el ambrotipo!, hallan sitio en el escenario financiero del arte. En Cuba se requieren lugares para esto, de diversos tipos.

 

Sin título #11, de la exposición Crimen perfecto. Linet Sánchez. Fotografía y Mercado en Cuba. Circuito Líquido

Linet Sánchez, sin título #11, 2016, de la exposición Crimen perfecto. Galería Artist 718

 

Miremos el modelo de la marca francesa YellowKorner. Una galería de arte especializada en fotografía, con atisbos de tienda de decoración, implantada en 12 países de los cinco continentes. Dedicada a la venta de piezas fotográficas exclusivas y de alta calidad, Yellow… propone ejemplares de fotografías originales, numeradas, formatos a elección del cliente, con sus correspondientes certificados de autenticidad y series enumeradas. Sitio que se promueve para la más amplia escala de público, al alcance de todos los precios.

 

Post-it 2, 2014. Fotografía y Mercado en Cuba.  Circuito Líquido

Post-it 2, 2014. Galerías Galiano y Collage Habana. Foto: Juan Carlos Romero (detalle)

 

Profesionales de la gestión talentosos hay, personas jóvenes actualizadas en las intríngulis del mercadeo, que conocen y son conscientes del “producto fotografía”, pero sobre todo, profesan respeto por el buen arte, el trabajo especializado y la conservación del patrimonio visual de un país. Entonces, faltan los espacios.

Por cierto, ¿dónde está la galería comercial de la Fototeca de Cuba? Era buen sitio para encauzar, legitimar y vender fotografía cubana.

 

Si estás interesada/o en leer + textos de Grethel te recomiendo:

Apuntes sobre la enseñanza de la fotografía en Cuba
Entrevista al fotógrafo Iván Cañas, uno de los máximos exponentes del fotodocumentalismo cubano
El desnudo y la fotografía cubana actual. De caminos y carencias (Entrevista a Grethel Morell por Yenny Hernández)
Mujeres en Jagüey

 

Texto escrito especialmente para Fotografía Líquida. Se prohíbe la reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imágenes: Cortesía de sus autoras y autores
© Sobre el texto: Grethel Morell
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Apuntes sobre la enseñanza de la fotografía en Cuba

Erick Coll. Concierto, 2013

Erick Coll. Concierto, 2013

¿Qué relatos privilegia la enseñanza de la fotografía en Cuba desde los espacios académicos institucionales?

¿Cuáles son sus actuales desafíos?

¿Cómo es posible que la fotografía cubana, caribeña o latinoamericana se encuentre relegada en los programas de estudios universitarios?

¿Por qué nichos como el fotoperiodismo, la fotografía publicitaria y aquella asociada al diseño gráfico, quedan rezagados en las mallas curriculares, siendo los dos últimos dominados prácticamente por espacios educativos privados?

Encontrarás las respuestas en este relato personal de la experta en fotografía cubana Grethel Morell, quien durante cinco años ejerció la docencia fotográfica, en diversos centros académicos del país.

¡Léelo ahora!

Grethel-MorellApuntes sobre la enseñanza de la fotografía en Cuba. Lasitudes, funcionalidad y reforma

Por Grethel Morell

 

Erick Coll. De la serie Tatuajes, 2014-2015. Profesor Principal de la  Cátedra de Fotografía del ISDI

Erick Coll. De la serie Tatuajes, 2014-2015. Profesor Principal de la Cátedra de Fotografía del ISDI

Cinco años de trabajo continuo y tenaz en la docencia fotográfica, en la consultoría y tutoría de estudiantes, en la preparación de programas, renovación de asignaturas (al menos intentarlo, lo de renovar), sé que no son portadores de homenajes y monumentos (aunque algún diploma o carta aval guarde por ello). Pero los amé intensamente, como todo amor, di a manos llenas, recibiendo algo único a cambio: experiencia. Desde ella, narraré.

Como profesora adjunta de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, docente en estudios de grado, postgrados, cursos de maestrías, como profesora del Centro de Superación para la Cultura adscrito al Ministerio de Cultura, intenté abrir, variar, defender una de las manifestaciones más jóvenes y promisorias del arte. Desde el sacrosanto estrado, y con el fardel de la estricta formación académica sobre mis hombros, procuré trazar nuevos horizontes sobre la apreciación fotográfica e incorporar la historia y validación de la fotografía de esta Isla. ¿Éxitos?, habría que preguntarle a graduados y colegas. Hoy hablaré de lo que creo no debe ausentarse de las aulas universitarias – o no – si de fotografía vamos a predicar.

Narrar la historia

La historia de la fotografía contada desde nuestras academias, paradójicamente, no privilegia la fotografía cubana, caribeña o latinoamericana. El modelo metodológico reinante se ocupa de historiar la técnica, el desarrollo de la invención, las tendencias dominantes cruzadas con nombres favorecidos por la historiografía occidental.

 

Erick Coll, On-off, de la serie Conceptuales, 2013-2015

Erick Coll, On-off, de la serie Conceptuales, 2013-2015

Efectivo, valedero y altamente aplicable de por sí en cualquier centro de altos estudios es relatar, hacer ver la historia, a partir de los hechos y los nombres emanados de los grandes circuitos de poder. Núcleos hegemónicos, que construyen e hilvanan la historia de la creación artística, dígase Europa y algo de Estados Unidos. No lo juzgo, lo utilizo. Sin embargo, quebrantable, desestimable resulta no incluir en la narración pedagógica algo de nuestra historia. Más que algo: nuestra Historia. En sintonía, contrapuesta, engarzada o simplemente visualizada, frente a las grandes historias.

 

Ossain Raggi, de la serie Restauración. El anillo y el estanque, 2006-2012. Fundador y profesor del Departamento de Fotografía del ISA

Así, entre otros efectos, los futuros críticos, gestores, curadores o comisarios, sabrán mejor de lo que hablan, escriben, seleccionan o promueven. Tomando en cuenta además, que sabrán postular o aquilatar las producciones y las firmas de su nación o región geográfica, de tan altos bienes como otras de etiquetas eurocéntricas o newyorkinas.

Libros

Para enseñar la historia se necesitan libros. La bibliografía mínima sigue siendo difícil de conseguir: libros actualizados, de ediciones aumentadas y corregidas (Beaumont Newhall, Helmut Gernshein, Naomi Rosenblum, por citar los esenciales). Aunque es de anotar que los textos sueltos son de más fácil accesibilidad por estas últimas generaciones, gracias al uso y abuso (limitado) de la internet. Red que ha favorecido también el acercamiento a los ensayos clásicos (Walter Benjamin, Giséle Freund), desaparecidos muchas veces de nuestras grandes bibliotecas físicas.

Pero aún falta. No existe un libro que aglutine textos, guíe, oriente, organice el conocimiento al que debe enfrentarse el estudiante. Por ejemplo, Fotografía como asignatura autónoma en la carrera de Historia del Arte no goza de algo tan elemental como una Selección de Lecturas. Se precisa con urgencia una recopilación de escritos (bilingüe, dado que la mayoría de los ensayistas no son hispanohablantes), sobre todo de apreciación, estética fotográfica, incluso de los poquísimos textos y teóricos cubanos que tenemos. Por cierto, cabría preguntarse ¿dónde está el volumen dedicado a la historia de la fotografía cubana? Y por falta de hacedores de libros, no es.

Innegable es que este asunto de la ausencia de los materiales de consulta, también es propiedad de otra hacienda: las editoriales. Con pesar se reconoce que las políticas editoriales del país, en grandísima medida, no tienen contemplada la entrega de libros especializados en arte o sencillamente de (o sobre) fotografía.

Contenidos

 

Ossain Raggi, de la serie Restauración. El anillo y el estanque, 2006-2012

En los planes de estudio del nivel superior de la enseñanza se le debe ofrecer mayor espacio a temáticas o directrices de interpretación de la imagen, con bases en la teoría y la semiótica, aplicadas a la fotografía. Una tendencia en boga hace más de veinte años, propia de las artes plásticas o artes visuales, que en nuestro terreno aún se maneja con espinado decreto y precaución, o a veces, con fatua superioridad ininteligible.

 

Erick Coll, Orden jónico, de la serie Conceptuales, 2013-2015

Erick Coll, Orden jónico, de la serie Conceptuales, 2013-2015

La semiótica de la imagen, asociada a la fotografía, asoma en los estudios de maestría en Historia del Arte. Sin embargo, la teoría de la imagen (encomio del concepto y simbolismo), o más conocida como Estética Fotográfica (¡consolidada en teoría y teóricos desde los años 70!), no es invitada al baile. Es como si estuviese desactualizada o al desuso en nuestros predios. Preferencia de análisis que cada vez gana más adeptos, escribientes y teóricos en el mundo. Desde los clásicos, Roland Barthes (¡su Cámara Lúcida es un texto que tiene más de 30 años!) o Susan Sontag, hasta los más contemporáneos como el muy activo y magistral Joan Fontcuberta con sus doctrinas de “fotografía y verdad” y creación multidisciplinar, deberían mencionarse cuando de educar fotográficamente se trate.

Fotografía, gráfica y noticia

Más allá de la anécdota y la relación detallada de nombramientos y circunstancias, existen zonas específicas de la fotografía como expresión y estado, que no deben quedar rezagadas de los manuales de enseñanza. Pienso en sectores como el fotoperiodismo, la fotografía publicitaria o aquella asociada al diseño gráfico.

En el primero, aún persiste alto grado de empirismo. A pesar de las voluntades por el avance profesional que ha sostenido la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), aún se respira un tope estrecho. De aquella suma experiencia del curso 1987-1988 que incluyó fotografía en nivel superior, en coordinación con la entonces Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, y bajo la especialización de periodismo gráfico, han pasado tiempo y requerimientos. Nuevas exigencias demanda la formación del fotoperiodista hoy, en un universo tan veloz en cuanto a imagen, información visual y noticia.

 

Erick Coll, Cotidiano, de la serie Conceptuales, 2013-2015

Erick Coll, Cotidiano, de la serie Conceptuales, 2013-2015

No solo a los próximos fotorreporteros les favorecía nuevos espesores. ¿Los comunicadores sociales tienen sentido del valor y selectividad de la imagen fotográfica que ha de acompañar a sus textos? ¿O disponen de elementos para hacer, para crear? En el presente se ha vuelto común, aunque no cuestionable si el resultado es bueno, el hecho de que un redactor, reportero o periodista realice sus propias fotos para ilustrar su crónica. Razón de más para que adquiera nociones del alcance y discurso de la imagen.

No obstante, ese asunto pasa por otro feudo que trasciende el de la enseñanza. La categoría -que antaño existió- de Editor de Imagen o Director de Fotografía de un diario, hoy acá es lamentablemente irreal. Este es un rol que se apremia de veras en las publicaciones periódicas nacionales (impresas o digitales), donde al final va a imperar una imagen débil y meramente “ilustrativa”, sin que haya medido un criterio especializado.

Por su parte, la fotografía publicitaria y la fotografía coligada al diseño gráfico, ha pasado a ser dominio de las academias privadas y de una institución rectora como el Instituto Superior de Diseño (ISDI), respectivamente. Las asociaciones o entidades particulares, devenidas academias de arte y fotografía, con similar intencionalidad a los principios de los clubes y colegios republicanos (años 40-50), emprende la manifestación por sectores y demandas. El ISDI por su parte, la tiene incorporada como asignatura básica (en estudios de diseño gráfico) y ha hecho habitual que el docente provenga del ejercicio fotográfico.

Para ser justos…

 

Erick Coll, Sin título, de la serie Conceptuales, 2013-2015

Con mirada retrospectiva, se ha avanzado. En los años 80 se logró incluir la Fotografía en los programas básicos de la enseñanza académica del arte, el periodismo y el diseño. Se impulsó el aprendizaje técnico y panorámico a través de cursos y talleres, albergados por la UPEC, el Instituto Internacional de Periodismo José Martí o la sección de Fotografía de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Con mirada temporal, se ha logrado mantener e irradiar tenuemente. Con mirada contemporánea, se ha empozado.

 

Ossain Raggi, de la serie Restauración. El anillo y el estanque, 2006-2012

Ossain Raggi, de la serie Restauración. El anillo y el estanque, 2006-2012

Se continúa instruyendo sobre la fotografía en algunos centros de educación superior, los asociados a especialidades de la cultura artística en general (Universidad de las Artes, Facultad de Artes y Letras, ISDI), en la nueva modalidad de las academias privadas, en talleres puntuales promovidos por instituciones de variados perfiles (UNEAC, Centro de Estudios Ché Guevara, Oficina del Historiador de la Ciudad capital), alguna ONG y creadores independientes. Pero, en general, se adolece de una enseñanza rectorada desde la constancia, la funcionalidad y la reforma.

 

Ossain Raggi, de la serie Restauración. El anillo y el estanque, 2006-2012

Ossain Raggi, de la serie Restauración. El anillo y el estanque, 2006-2012

Se necesita hoy sembrar el conocimiento estrechamente abrazado a la práctica, la actualización de los programas y los enfoques, acentuar la noción de fotografía cubana y saberla colegiar en contexto internacional. Se requiere la apertura hacia la interdisciplinariedad muy propia del arte y los estudios culturales contemporáneos; acercarse, al menos, a la identificación de valor y magnitud de la fotografía en el mercado del arte actual, pero sobre todo, declinar, evadir, las educaciones meramente ilustrativas e irreflexivas, que tanto nos persiguen, con el riesgo de llegar a convertirse en distinción.

¿Fotógrafos de escuela?

Es demostrable por la historia que para ser un fotógrafo de rango, o verdadero artista del lente como se suele escribir y repetir mucho en nuestras críticas, no se hace rigurosamente necesario emerger de un centro superior de la enseñanza. Muchos autodidactas han sido colosales (Robert Capa para el mundo, Korda desde aquí). Pero dado el progreso de la comunicación, el despliegue de una cultura visual inmensa, la existencia y permeabilidad de los centros de magisterio, se posibilita el camino de quien decida ser fotógrafo… de academia. Más en un país que ha pautado como prioridad el paso de mayorías por sitiales universitarios (con sus vaivenes por etapas, determinadas por debates de exigencias entre técnicos y profesionales, pero en definitiva, siempre vuelve la espiral a lo superior).

 

Ossain Raggi, de la serie Restauración. El anillo y el estanque, 2006-2012

Ossain Raggi, de la serie Restauración. El anillo y el estanque, 2006-2012

Creo que una buena escuela, sea cual fuere, puede ayudar a formar mejores artistas, creadores o fotógrafos, como gústese llamarles. El ojo entrenado, educado, siempre será efectivo, selectivo, exitoso. Para el individuo, para la academia que lo acogió, para el arte de un país, para su historia y cultura, para la memoria iconográfica de una nación.

Texto escrito especialmente para Fotografía Líquida. Se prohíbe la reproducción en cualquier medio o formato sin la autorización expresa de la autora y Circuito Líquido.
© Imágenes: Cortesía de sus autoras y autores
© Sobre el texto: Grethel Morell
© Sobre la publicación: Circuito Líquido

 

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Siluetas_personas

Lo que nos dicen a través del email:

Gracias por la información, oportuno diría yo, tu artículo, necesario.”

William Castellanos, curador

Brava Grethel!! Gracias por todo el extraordinario trabajo que haces, un abrazo”

Niurka Barroso, fotógrafa

Productoras y espacios autogestionados en 9na edición Haciendo Cine

Esto es lo que opina Leanny Pintado sobre la presencia en la Sección Haciendo Cine (Muestra Joven), de los espacios autogestionados cubanos que bajo el formato de productoras y plataformas educativas, con modelos de financiación no convencionales, apoyan el cine nacional.

¡Lee la entrevista que le hizo Elizabeth Valdés!

Haciendo + Cine. Conversación con Leanny Pintado

Por Elizabeth Valdés

En este año 2016 la Muestra Joven del ICAIC estuvo celebrando su 15ª. edición. Como parte del evento, se desarrolló la 9na entrega de Haciendo Cine, espacio que se ha erigido como alternativa ante la ausencia de un fondo de fomento en el país. Acerca de las experiencias más recientes de dicha sección, Leanny Pintado nos comenta.

Elizabeth Valdés (EV): Cómo y cuándo llegas a Haciendo Cine? ¿En qué ha consistido tu trabajo como coordinadora?

Leanny Pintado (LP): Llegué a Haciendo Cine hace tres años. Marisol Rodríguez directora de la Muestra Joven, se acercó a mí porque necesitaba una persona que la ayudara a coordinar la sección, que en aquel momento yo no conocía. Mi trabajo en ese primer año estuvo guiado, como también lo ha estado el resto del tiempo, por Marisol, fundadora y amante del proyecto. Inicialmente comencé a incursionar en algo que nunca antes había hecho, la coordinación de eventos. Eso genera capacidades en el orden de la organización, la producción, la mediación y la gestión. Fue realmente un entrenamiento muy útil.

La sección consiste en la fase de convocatoria, revisión de las bases, es decir, estar al tanto de todo. En el mes de diciembre comienza la recepción de los proyectos, que da inicio a la labor de agruparlos, inscribirlos con sus planillas, e introducir toda la información generada en una base de datos. Posteriormente, son transferidos al comité de selección que en enero empieza a sesionar. La decisión se hace pública paralelamente al anuncio de los resultados de aquellas obras que quedan en la sección oficial de la Muestra.

(EV): Haciendo Cine se ha establecido como una plataforma donde confluyen entidades institucionales e independientes. ¿Cómo ha sido este diálogo y cómo se desarrolló durante este año en particular?

LOGO-HACIENDO-CINE

(LP): Digamos que es un diálogo bien espontáneo, donde todos tienen protagonismo y no hay escisión entre una entidad estatal y una no estatal. Los representantes de ambas se sientan a la mesa a negociar, y sobre ellos recae el peso de las decisiones y compromisos que allí se establecen. El talento y entrega de estas personas es inobjetable, del mismo modo que su contribución en la sección.

(EV): Recientemente se ha evidenciado una mayor participación de productoras independientes en Haciendo Cine. ¿Cuáles consideras sean las causas o motivos de este incremento?

(LP): Creo que tiene que ver con la realidad que hoy vivimos y la necesidad de una apertura a nuevos mecanismos para la gestión y la producción audiovisual en Cuba. Cada vez hay más jóvenes realizadores interesados en materializar sus proyectos, en filmar sus pequeñas, medianas o largas historias. Estas necesidades e inquietudes creativas y comunicativas han hallado un escenario de materialización muy oportuno con la emergencia de las productoras independientes, cuyas dinámicas de trabajo operan interesantes estrategias para gestionar la producción audiovisual hoy.

(EV): ¿Cómo valora la participación de las productoras independientes en el espacio?

Pitch 9ª edición de Haciendo Cine

(LP): El Haciendo Cine no ofrece un marco legal; funciona más bien en el orden de los compromisos morales y personales que allí se contraen. Por eso dicha participación está signada, en primera instancia, por la voluntad de estas entidades de contribuir de una u otra manera con los proyectos, y luego, por el interés que para ellos (como productores) representa formar parte de una película que luego pueda ser vista y disfrutada por los espectadores. Sus apoyos son diversos; facilitan permisos, otorgan avales, ofrecen servicios, o colaboran financieramente. Todo ello sin recibir, en ese instante, nada a cambio. Eso sí, es una oportunidad para entrar en contacto con otros productores, para conocer un poco sus competencias profesionales y para ganar visibilidad.

(EV): ¿Qué ofrecen plataformas autogestionadas como Circuito Líquido a Haciendo Cine? ¿Cómo valoras su apoyo?

(LP): Le ofrecen lo que tienen y lo que pueden. Circuito Líquido es una de las entidades que se ha incorporado recientemente al Haciendo Cine y quiero agradecer públicamente el apoyo de Ada Azor, cuya activa participación y entrega al espacio ha sido realmente admirable. Circuito Líquido se enfoca en un apoyo dirigido, sobre todo, a proyectos que están en una fase inicial de desarrollo. Por lo general brinda asesorías de guion y asesorías legales que han hecho crecer mucho los proyectos, y colocarlos en un estado superior en cuanto a la solidez de las historias, la escritura de los guiones y las cuestiones en términos de derechos y contratos de la producción audiovisual. De ahí el valor de este tipo de apoyos.

(EV): ¿Se ha propuesto algún cambio en la organización de la sección para el próximo año o se mantendrá como hasta el momento?

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Laboratorio de Proyectos. Escribir es reescribir, con Yolanda Barrasa (España). 9na. Edición Haciendo Cine.

(LP): Los cambios son muy necesarios y cada año uno tiene que pensar cómo reinventarse y cómo, según la experiencia del año anterior, enfocarse en las cosas que no salieron bien. La idea de realizar talleres fuera del evento la vamos a mantener, porque fue un ejercicio de prueba que hicimos y funcionó. Asimismo, creo que habrá cambios en las dinámicas de la negociación. Nos percatamos de que antes de la negociación, las entidades productoras y los realizadores de los proyectos necesitan tener un one to one, en función de lo que uno puede ofrecer y de lo que el otro está dispuesto a hacer. La idea es llegar a la negociación con un estado de las cosas más real, práctico, en función de esa conversación previa entre la productora interesada y el realizador. Quizás por este camino irían algunos cambios, siempre sobre la base de hacer una mejor sección cada año.

 

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Mujeres en Jagüey + Movimiento de Fotógrafas

El Evento Mujeres “sorprende a los invitados del resto del país por la favorable recepción, efecto y multiplicación espontánea de actitudes proactivas en sus implicados y destinatarios, principalmente los hombres y los jóvenes.”

Sobre su plataforma artística: El Salón de Artes Visuales, los Premios y del Movimiento de Fotógrafas nos cuenta la destacada historiadora de la fotografía cubana Grethel Morell.

Descubre cada detalle :)

Grethel-MorellFotografía e identidad: Mujeres en Jagüey

Por Grethel Morell

El pasado 19 de marzo fue inaugurada la IV Edición del Evento Mujeres, en la occidental región de Jagüey Grande, Matanzas. Un suceso anual, de notable arraigo local y gran perspectiva universal, que mueve la conciencia de los pobladores hacia el respeto, la no violencia y la equidad de las féminas, tanto en la vida social como privada. Un evento que sorprende a los invitados del resto del país por la favorable recepción, efecto y multiplicación espontánea de actitudes proactivas en sus implicados y destinatarios, principalmente los hombres y los jóvenes.

Foto. Grethel Morell

Foto. Grethel Morell

Foto. Grethel Morell

Foto. Grethel Morell

Maneras y procederes que deberían irradiar para otros territorios de la Isla poco favorecidos por las escasas opciones y dinámicas socioculturales, y por la presencia del sempiterno machismo latino de poder vertical y exclusión. A partir de diversos proyectos y acciones objetivas, Mujeres se convierte en un espacio plural que sostiene y se expresa por los derechos de todas. Desde la cultura y el trabajo comunitario, Jagüey viene a demostrar con este evento que se puede hacer más, hasta llegar a ser grande, Grande como su nombre.

Foto. Grethel Morell

Foto. Grethel Morell

El Evento

Es organizado por el Grupo de Investigación Sociocultural Municipal desde hace cuatro años, bajo el liderazgo de Lilia Lorenzo, quien además ejerce como directora de la Galería de Arte de Jagüey. Mujeres fue ideado por la Oficina Oscar Arnulfo Romero (OAR), ONG cubana con sede en La Habana, que desde el año 2008 emprende y promueve la campaña Eres Más a favor de la No Violencia de género. Campaña que se realiza en coordinación con la FMC y que ha convocado en los últimos años a creadores gráficos y comunicadores. Hoy, y hasta el 2017, la campaña sostiene su imagen a partir de los premiados en Convocatoria a estudiantes del ISDI, de la FAMCA, de la Universidad de las Artes, y la FCOM.

De izquierda a derecha: Mailyn Medina (fotógrafa), Laritza González (OAR), Lilia Lorenzo (Dir. Galería y organizadora Evento Mujeres.), Mareelen Díaz (OAR) y Grethel Morell

De izquierda a derecha: Mailyn Medina (fotógrafa), Laritza González (OAR), Lilia Lorenzo (Dir. Galería y organizadora Evento Mujeres.), Mareelen Díaz (OAR) y Grethel Morell

En esta cuarta edición, el evento es apoyado por OAR, el Centro de Intercambio y Referencia de Iniciativas Comunitarias (CIERIC), de carácter asociativo a la UNEAC, el Centro Memorial Martin Luther King, la Oficina del Programa Martiano, el Consejo de Iglesias de Cuba, el Partido Municipal, Cultura Provincial y entidades que profesan el avance sociocultural de Jagüey Grande.

Una intensa zona dentro del Evento es ganada por la cultura artística: el Salón de Artes Visuales y el Movimiento de Fotógrafas Locales e invitadas. Ambos apuestan por la apreciación y validación de las creadoras, la socialización de las obras, la intención educativa hacia el receptor, y sobre todo, la posibilidad de espacio y legitimación de las mujeres hacedoras.

El Salón, también en su IV edición y abierto hasta el 30 de abril, es de carácter nacional, competitivo, de amplio espectro (tanto para profesionales como aficionados), e incluye disímiles tendencias y manifestaciones. Pintura, escultura, collage, fotografía, instalación, cuentan entre las elegidas. En esta ocasión, se estrena colateral al evento provincial Roberto Diago, emprendido por el Consejo de las Artes Plásticas de Matanzas. El Movimiento de Fotógrafas, emergido en el 2015, merece por sí mismo un punto y aparte.

Las Fotógrafas

Dada la experiencia en el campo de la investigación sociocultural, Lilia Lorenzo hace notar la carencia de oportunidades para el desarrollo y expresión de las mujeres en su localidad. Al mismo tiempo, toma en cuenta ciertos patrones de hegemonía persuasiva masculina en la vida y la visión de las mujeres de Jagüey. Estándares que imaginó desmontables desde la incipiente educación, con base en los estudios de género, y el ofrecimiento de una posibilidad de oficio o profesión que les permitiera a la vez dialogar, sostenerse (desde lo material y lo simbólico) y saltar del apretado círculo del macho dominante. Simplemente, ser ellas.

El pasado año erigió la primera pieza. Desde la Galería de Arte lanzó la convocatoria de un Curso de Fotografía para amas de casa, con el objetivo de capacitar y convertirse al mismo tiempo en medidor. Se incorporaron 15 mujeres y se realizaron tres cursos.

Asistidas por OAR y la Escuela de Fotografía Creativa de La Habana, trabajaron dos talleres de manejo de cámaras, lenguaje fotográfico, y uno de edición de imágenes. Sumaron ejercicios prácticos e instituyeron un salón donde exhibir sus resultados. Actualmente son nueve fotógrafas y la Galería remoza su sede para incorporar en la planta superior un estudio y un sitio de encuentro para ellas.

Estas hacedoras, comprometidas con su terruño como buenas jagüeyenses, son instadas a interpretar desde lo vívido y personal, temas y enfoques de género. Las imágenes por su parte, más allá de las estrechas condicionantes técnicas, portan un insoslayable valor identitario. La acertada autorepresentación y el registro documental de la realidad (circunstancias o acciones precisas, cercanas e irrepetibles), son eficacias del discurso fotográfico en sí. La imagen hecha en estudio, la fotografía construida, el fotodocumentalismo, el retrato y la imagen alterada, son caminos que han encontrado para hablar de identidades, condición femenina y vida contemporánea.

De las nueve mujeres, en estos momentos dos son profesionales activas (graduadas de Estudios Socioculturales en la sede universitaria de la región), dos egresadas del nivel superior (doctoras) sin ejercerlo, una aficionada a la videocreación, tres amas de casa y una jovencísima amateur de las artes plásticas. En la exhibición del Evento de este año participaron como Movimiento de Fotógrafas seis autoras: Bárbara Abreu, Mailyn Medina, Flabia Cabezas, Yanely Suárez, Dairilys Hernández y Dalgis Espinosa. Así como dos fotógrafas invitadas. Se le otorgó mención compartida a la obra En primer plano de Bárbara Abreu y el conjunto fotográfico de Dairilys Hernández. Obtuvo mención como invitada la obra Sobre mojado de la bióloga habanera Tatiana Homar.

Barbara Abreu. En primer plano. Impresión digital, 2016

Barbara Abreu. En primer plano. Impresión digital, 2016

 

Dairilys Hernández Corcho. Lejos de lo Mediocre. Impresión digital, 2016

Dairilys Hernández Corcho. Lejos de lo Mediocre. Impresión digital, 2016

Dairilys Hernández Corcho. Soledad. Impresión digital, 2016

Dairilys Hernández Corcho. Soledad. Impresión digital, 2016

Tatiana Homar. Sobre mojado. Impresión digital, 2016

Tatiana Homar. Sobre mojado. Impresión digital, 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Marketing para artistas

marketing-digitalEl dinero no cae del cielo. Si quieres lograr una venta efectiva de tus obras: visuales, audiovisuales… tienes que pensar antes de actuar, en otras palabras, aprender a venderte desde el marketing. ¿cómo? En este post Cristina te ofrece algunas ideas de cómo hacerlo. Empieza a utilizarlas ya!

cristina-amayaVendernos desde el Marketing

Por Cristina Amaya

La gran batalla de todos los artistas, independientemente de las crisis creativas que muchos sufren, y de la necesidad de buscar una forma de expresión propia que satisfaga sus expectativas y que sea reconocida y aceptada por los públicos, es poder vender lo que hacen.

El termino venta, es aceptado y asumido en el lenguaje común, como una acción de transacción en la que media el dinero como valor de intercambio, sin embargo para el marketing, en su noción más contemporánea, la acción de vender un producto empieza mucho antes de que esta transacción tenga lugar.

Este es un asunto muy importante que los artistas tienen que entender, pues muchas veces hay una resistencia pasiva a desarrollar acciones que conduzcan a una venta efectiva en términos monetarios. Es como si todo el mundo quisiera que el  dinero cayera del cielo sin hacer ningún esfuerzo previo.

marketing

Lo primero que tenemos que hacer con cualquier producto es lograr que el público lo conozca, lo reconozca y lo prefiera en su mente. Es venderle una diferencia, una ilusión, un significado, una promesa, una experiencia, un viaje imaginario a un mundo mágico, un sueño, en fin algo que lo lleve a querer compartir y “comprar” lo que hacemos y a compartir con nosotros nuestra vivencia.

Esto requiere un esfuerzo de comunicación inteligente y de un conjunto de  acciones coordinadas que demandan además de recursos, sobre todo pensamiento, y muchas veces el artista no quiere pensar sino que quiere resultados rápidos.

Esto lo he constatado en múltiples ejercicios con artistas, donde por no pensar con rigor, se venden como lo que no son, hacen promociones ineficaces, botan recursos y se agotan rápidamente por no lograr los resultados que esperan. Si es que alguno los tiene claros, lo que en la mayoría de los casos no se da.

Nunca olvidare un curso que impartí a realizadores de documentales, cuando entré al aula, un alumno dijo: nos salvamos, llegó la que nos va a enseñar a vendernos y yo le contesté: no, estás equivocado, llegó la que los va a enseñar a pensarse, para que después se puedan vender.

Haz un esfuerzo, arma un equipo y piensa antes de actuar. El éxito salvo excepciones, no cae del cielo.

 

De Cristina
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